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20.4.25

Salmo 51(50),3-4.12-13.18-19

 ¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado!

 

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,

y renueva la firmeza de mi espíritu.

No me arrojes lejos de tu presencia

ni retires de mí tu santo espíritu.

 

Los sacrificios no te satisfacen;

si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:

mi sacrificio es un espíritu contrito,

tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

26.1.25

Segunda Carta de San Pablo a los Corintios 12,10

Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

1.11.24

Las grandes Catequesis, 82; Autor: San Teodoro el Estudita (759-826) monje en Constantinopla

 Traten de entrar por la puerta estrecha" (Lc 13,24)

Atravesando día tras día el tiempo de la vida presente, salven sus vidas (cf. Lc 21,19) con la virtud, anticipen el Reino de los Cielos y reúnan los inconcebibles bienes que nos reservan las promesas.

Recto y estrecho es el camino de Dios (cf. Mt 7,14), pero grandes y espaciosos los lugares de reposo que se ofrecerán a todos. Las tentaciones del demonio se suceden e incendian la morada espiritual en ustedes, pero el rocío del Espíritu Santo apaga esos incendios y mantiene lista el Agua que surge en Vida eterna (cf. Jn 4,14). (…) Vamos, hijos míos, desde ahora soportemos valientemente este pequeño número de días. Esos días nos son dados para luchar, tenemos que ceñirnos con la corona de justicia (cf. 2Tm 4,8).

Les pido que a las aflicciones presentes opongamos un corazón ligero (cf. 2 Cor 4,17). Ellas nada son, y como un sueño o una sombra, pasan pronto. Que ninguna nos haga temblar ni claudicar, sino que con ardor renovado pongamos a la obra los mandamientos del Señor. No se dejen entristecer por un ultraje, desviar por una injuria, perder por un reproche, abatir por una irritación, apesadumbrar por un desprecio. Bajemos los ojos, elevemos nuestra alma, seamos buenos unos con otros, indulgentes, perseverantes, pacientes. (…)

Ustedes, enseñados por Dios, aprendieron todo eso. ¡Hagan lo que agrada a Dios (cf. Jn 8,29) y soporten con coraje los días presentes, hijos míos!

10.10.22

Homilía n° 5 sobre la sencillez, 137-139; Autor: Filomeno de Mabboug (¿-c. 523) obispo de Siria

 Nuestro Señor no ha sido comparado con un león cuando fue conducido a la muerte... Como un cordero, una oveja, guardaba silencio cuando fue llevado a su Pasión y a la muerte: "Callaba como una oveja delante del esquilador. No abrió la boca" en su humillación (Is 53,7)...

De pie delante del juez e interrogado, él, el Maestro y doctor de toda sabiduría, no responde..., con el fin de cumplir esta palabra: "Fue llevado al matadero como un cordero" (Is 53,7). Lo llevan maltratado de un lugar a otro, se lo llevan de un lugar a otro, de un juez a otro como si fuera mudo. Delante de Anás, se calla (Jn 18,13);

Aunque se le ruega, no habla. Interrogado por Pilatos, guarda silencio; y hasta que le preguntaron: "¿Eres el rey de Judíos?" (Jn 18,33) no responde. Lo condujeron entonces a Herodes que le interrogó para ver y escuchar de su boca cosas extraordinarias y para tentarlo (Lc 23, 8s): allí todavía, guardó silencio, no habló, no respondió a su interrogador. Le vimos como un loco que no sabe nada, como un insensato que no tiene respuesta. Sus enemigos pensaron lo que quisieron, pero él no abandonó la inocencia del cordero.

25.3.16

Libro de Isaías 50,4-9a.


El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. 
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. 

Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. 

Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado. 

Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí! 

Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar?