Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los
otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los
amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo
servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi
Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a
ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero.
Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les
mando es que se amen los unos a los otros.
6.1.25
Evangelio según San Juan 15,12-17
27.10.24
Hablar con Dios, Tomo V, Nº 54, Autor: Francisco Fernández Carvajal
Cada persona tiene una vocación particular, y toda vida que no responde a ese designio divino se pierde. El Señor espera correspondencia a tantos desvelos, a tantas gracias concedidas, aunque nunca podrá haber semejanza entre lo que damos y lo que recibimos, «pues el hombre nunca puede amar a Dios tanto como Él debe ser amado» Santo Tomás, Suma Teológica, 1-2, q. 6, a. 4. ; sin embargo, con la gracia sí que podemos ofrecerle cada día muchos frutos de amor: de caridad, de apostolado, de trabajo bien hecho... Cada noche, en el examen de conciencia, hemos de saber encontrar esos frutos pequeños en sí mismos, pero que han hecho grandes el amor y el deseo de corresponder a tanta solicitud divina. Y cuando salgamos de este mundo «tenemos que haber dejado impreso nuestro paso, dejando a la tierra un poco más bella y al mundo un poco mejor» G. Chevrot, El Evangelio al aire libre, Herder, Barcelona 1961, p. 169, una familia con más paz, un trabajo que ha significado un progreso para la sociedad, unos amigos fortalecidos con nuestra amistad...
Examinemos en nuestra oración: si tuviéramos que
presentarnos ahora delante del Señor, ¿nos encontraríamos alegres, con las
manos llenas de frutos para ofrecer a nuestro Padre Dios? Pensemos en el día de
ayer..., en la última semana..., y veamos si estamos colmados de obras hechas por
amor al Señor, o si, por el contrario, una cierta dureza de corazón o el
egoísmo de pensar excesivamente en nosotros mismos está impidiendo que demos al
Señor todo lo que espera de cada uno. Bien sabemos que, cuando no se da toda la
gloria a Dios, se convierte la existencia en un vivir estéril. Todo lo que no
se hace de cara a Dios, perecerá. Aprovechemos hoy para hacer propósitos
firmes. «Dios nos concede quizá un año más para servirle. No pienses en cinco,
ni en dos. Fíjate solo en este. San
Josemaría Escrivá, Amigos de Dios,47
15.12.23
Mensaje para la Jornada Mundial de oración por las vocaciones, 07/05/2006; Autor: S. S. Benedicto XVI
“Rogad al dueño de la mies”
Padre,
haz que surjan entre los cristianos
numerosas y santas vocaciones al sacerdocio,
que mantengan viva la fe
y conserven la grata memoria de tu Hijo Jesús
mediante la predicación de su palabra
y la administración de los Sacramentos
con los que renuevas continuamente a tus fieles.
Danos santos ministros del altar,
que sean solícitos y fervorosos custodios de la Eucaristía,
sacramento del don supremo de Cristo
para la redención del mundo.
Llama a ministros de tu misericordia
que, mediante el sacramento de la Reconciliación,
derramen el gozo de tu perdón.
Padre,
haz que la Iglesia acoja con alegría
las numerosas inspiraciones del Espíritu de tu Hijo
y, dócil a sus enseñanzas,
fomente vocaciones al ministerio sacerdotal
y a la vida consagrada.
Fortalece a los obispos, sacerdotes, diáconos,
a los consagrados y a todos los bautizados en Cristo
para que cumplan fielmente su misión
al servicio del Evangelio.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.
31.1.23
EXHORTACIÓN APOSTÓLICA "EVANGELII NUNTIANDI" DE SU SANTIDAD PABLO VI
Los laicos a quienes su vocación específica coloca en medio del mundo y al frente de las tareas materiales más variadas, deben ejercer, en virtud de esta vocación, una forma singular de evangelización. Su tarea primera e inmediata no es la institución y el desarrollo de la comunidad eclesial, —esto es el papel específico de los pastores--, sino la puesta en marcha de todas las posibilidades cristianas y evangélicas escondidas, pero ya presentes y activas en las cosas del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora es el vasto mundo complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y del arte, de las relaciones internacionales, de los medios de comunicación, así como ciertas realidades abiertas a la evangelización como el amor, la familia, la educación de los niños y adolescentes, el trabajo profesional, el sufrimiento.
Cuanto más laicos estén impregnados del espíritu
evangélico, responsables de estas realidades y comprometidos claramente en
ellos, competentes para promoverlos y conscientes que hace falta desarrollar su
plena capacidad cristiana a menudo sofocada y arrinconada, tanto más estas
realidades serán caminos al servicio de la edificación del reino de Dios y, por
lo tanto, de la salvación en Jesucristo, sin perder o sacrificar nada de su
potencial humano sino manifestando la dimensión trascendente a menudo
desconocida.
11.8.19
Simón Pedro, Capítulo 1; Autor: George Chevrot
28.5.18
La Conversión al Cristianismo Durante los Primeros Siglos, Autor: Gustave Bardy
29.6.17
Hablar con Dios, Tomo VI Nº 57, Autor: Francisco Fernández Carvajal
28.9.13
Homilía sobre los Hechos de los Apóstoles, nº 20, 3-4; Autor: San Juan Crisóstomo
19.3.11
Es Cristo que Pasa Nº 43, Autor: San Josemaría
El amor tiene necesariamente sus características manifestaciones. Algunas veces se habla del amor como si fuera un impulso hacia la propia satisfacción, o un mero recurso para completar egoístamente la propia personalidad. Y no es así: amor verdadero es salir de sí mismo, entregarse. El amor trae consigo la alegría, pero es una alegría que tiene sus raíces en forma de cruz. Mientras estemos en la tierra y no hayamos llegado a la plenitud de la vida futura, no puede haber amor verdadero sin experiencia del sacrificio, del dolor. Un dolor que se paladea, que es amable, que es fuente de íntimo gozo, pero dolor real, porque supone vencer el propio egoísmo, y tomar el Amor como regla de todas y de cada una de nuestras acciones.
22.1.10
Hablar con Dios, Tomo 3, Nº 14; Autor: Francisco Fernández Carvajal
La primera decisión en el seguimiento de Cristo constituye el fundamento de otras muchas respuestas a lo largo de la vida. La fidelidad se hace día a día, ordinariamente en cosas que parecen de poca trascendencia, en los pequeños deberes de la jornada, rechazando todo aquello que pueda dañar lo que es la esencia de nuestro vivir.







