El Padrenuestro comienza con un gran consuelo; podemos decir Padre. En una sola palabra como ésta se contiene toda la historia de la redención. Podemos decir Padre porque el Hijo es nuestro hermano y nos ha revelado al Padre; porque gracias a Cristo hemos vuelto a ser hijos de Dios.
22.2.24
3.3.22
Última audiencia general del 27 de Febrero de 2013 de SS Benedicto XVI
El Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa suave, días en los que la pesca ha sido abundante; ha habido también momentos en los que las aguas se agitaban y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir.
Pero siempre supe que en esa barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es Suya. Y el Señor no deja que se hunda; es Él quien la conduce, ciertamente también a través de los hombres que ha elegido, pues así lo ha querido. Esta ha sido y es una certeza que nada puede empañar.
Y por eso hoy mi corazón está lleno de gratitud a Dios, porque jamás ha dejado que falte a toda la Iglesia y tampoco a mí su consuelo, su luz, su amor. Queridos amigos, Dios guía a su Iglesia, la sostiene siempre, también y sobre todo en los momentos difíciles. No perdamos nunca esta visión de fe, que es la única visión verdadera del camino de la Iglesia y del mundo. Que en nuestro corazón, en el corazón de cada uno de vosotros, esté siempre la gozosa certeza de que el Señor está a nuestro lado, no nos abandona, está cerca de nosotros y nos cubre con su amor.
12.7.16
No Hay Mayor Amor; Autora: Beata Teresa de Calcuta
25.3.16
Libro de Isaías 50,4-9a.
13.9.15
Camino 692; Autor: San Josemaría
10.2.13
La Providencia de Dios en el Pensamiento y en la Vida, Autor: John Henry Newman
4.10.12
Libro de Job 19, 25-26 y Primera Corintios 15: 20
Ahora bien, Cristo ha resucitado de entre los muertos, como
primer fruto de los que mueren.
22.9.12
Evangelio según San Mateo 9,9-13
2.7.12
Hablar con Dios, Tomo IV, Nº 4, Autor: Francisco Fernández Carvajal
28.4.12
Salmo 3, 1-9
24.5.11
Homilia en la Eucaristía para los Enfermos 11-2 -1981; Autor: San Juan Pablo II
Una palabra buena se dice pronto; sin embargo, a veces se nos hace difícil pronunciarla. Nos detiene el cansancio, nos distraen las preocupaciones, nos frena un sentimiento de frialdad o de indiferencia egoísta. Así sucede que pasamos al lado de personas a las cuales, aun conociéndolas, apenas les miramos el rostro y no nos damos cuenta de lo que frecuentemente están sufriendo por esa sutil, agotadora pena, que proviene de sentirse ignoradas. Bastaría una palabra cordial, un gesto afectuoso e inmediatamente algo se despertaría en ellas: una señal de atención y de cortesía puede ser una ráfaga de aire fresco en lo cerrado de una existencia, oprimida por la tristeza y por el desaliento. El saludo de María llenó de alegría el corazón de su anciana prima Isabel.
20.1.11
Libreta de Apuntes, Autor: San Alberto Hurtado
15.1.11
Carta de Santiago 5,19-20
20.2.10
Hablar con Dios, Tomo 2, Nº 4; Autor: Francisco Fernández Carvajal
No lo olvidemos tampoco si alguna vez en nuestro apostolado personal nos pareciera que alguien tiene una enfermedad del alma sin aparente solución. Sí la hay, siempre. Quizá el Señor espera de nosotros más oración y mortificación, más comprensión y cariño.
«Se curarán todas tus enfermedades –dice San Agustín–. “Pero es que son muchas”, dirás. Más poderoso es el Médico. Para el Todopoderoso no hay enfermedad insanable; tú déjate sólo curar, ponte en sus manos»(San Agustín, Comentario al Salmo 102).
17.2.06
Isaías 61, 1-3
porque Yavé me ha ungido.
Me ha envíado a llevar la buena nueva a los pobres,
a curar a los corazones oprimidos,
a anunciar la libertad a los cautivos,
la liberación a los presos;
a proclamar un año de gracia de Yavé,
un día de venganza para nuestro Dios.
A consolar a todos lo afligidos.
a dar a todos los afligidos de Sión
una diadema en lugar de ceniza,
el óleo de alegría en lugar del vestido de luto,
alabanza en lugar de espíritu caído.
Se les llamará "Encinas de justicia,
plantación de Yavé para su gloria".
27.1.06
Las Bienaventuranzas, Cáp. 18, Autor: Georges Chevrot
25.1.06
Las Bienaventuranzas, Cáp. 13, Autor: Georges Chevrot
Comentaremos primero este último texto, pues así seguiremos con mayor claridad el desarrollo del pensamiento del Salvador.
¡Ay de vosotros los que ahora reís! ¿Quienes son esos reidores que caen bajo el anatema del Maestro? No es imposible que sus oyentes atendieran sobre todo al adverbio ahora. Desde hace dos siglos, Palestina había conocido varias invasiones enemigas y había pasado sucesivamente, bajo el yugo de diferentes dueños extranjeros. Su población, cada vez más diezmada y expoliada, padecía por entonces la ley de Roma: estaba agobiada de impuestos y era celosamente vigilada por el ocupante. Ahora bien, mientras que la nación estaba de luto y la mayoría de sus hijos gemía en la desolación, algunos hombres habían logrado forjarse una existencia confortable: su lujo y sus fiestas formaban así un escandaloso contraste con las desdichas comunes. En tal coyuntura, la vengadora frase les alcanzaba en lo vivo: "¡Ay de vosotros los que ahora reís!"






