Como el Hijo fue enviado por el Padre, así también Él envió a los Apóstoles (cf. Jn 20,21) diciendo: “Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo” (Mt 28,19- 20). Este solemne mandato de Cristo de anunciar la verdad salvadora, la Iglesia lo recibió de los Apóstoles con orden de realizarlo hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Por eso hace suyas las palabras del Apóstol: “¡Ay de mí si no evangelizare!” (1 Co 9,16), y sigue incesantemente enviando evangelizadores, mientras no estén plenamente establecidas las Iglesias recién fundadas y ellas, a su vez, continúen la obra evangelizadora.
1.5.25
15.3.23
La Alegría de Creer, Autora: Venerable Madeleine Delbrêl (1904-1964) laica, misionera en la ciudad.
“Sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el
cielo” (Mt 5,48)
En la medida que un cristiano profesa su fe y trata de vivirla, deviene insólito tanto para los creyentes como para los no creyentes. (…) Lo insólito del cristiano es simplemente su semejanza a Jesucristo, semejanza a Jesucristo incorporada a un hombre por el bautismo y que, atravesando su corazón, llega a flor de piel. (…)
No sólo cree en Dios, sino que lo debe amar como un hijo
ama a un padre amante y todopoderoso, a la manera de Cristo. (…)
No sólo ama a su prójimo como a si-mismo, sino que debe
amarlo “como Cristo nos amó”, a la manera de Cristo. (…)
No sólo es hermano de su prójimo, sino del prójimo
universal. (…)
No sólo da sino que comparte, presta pero no reclama,
está disponible para lo que le piden y para más de lo que le piden. (…)
No sólo hermano de los que lo aman, sino también de sus
enemigos. No sólo soporta los golpes, sino que no se aleja del que lo golpea.No sólo no devuelve el mal, sino que perdona, olvida. No
sólo olvida, sino que cuando le hacen un mal, devuelve un bien.
No sólo sufre y es puesto a muerte por algunos, sino que
muere sufriendo para ellos. No sólo una vez sino cada vez. (…)
No sólo compartiendo lo que es de él o está en él, sino
dando lo único que Dios le ha dado como propio: su propia vida. (…)
No sólo es feliz porque vive gracias a Dios y por Dios,
sino porque vivirá y hará vivir a sus hermanos con Dios, para siempre.
La alegría de creer (La joie de croire, Seuil, 1968), trad.sc©evangelizo.org
19.5.20
Hablar con Dios, Tomo 2 N° 78, Autor: Francisco Fernández Carvajal
El hombre, en el momento del Bautismo, es transformado en lo más profundo de su ser, de tal modo que se trata de una nueva generación, que nos hace hijos de Dios, hermanos de Cristo, miembros de su cuerpo, que es la Iglesia. Esta vida es eterna, si no la perdemos por el pecado mortal. La muerte ya no tiene verdadero poder sobre quien la posea, que no morirá para siempre; cambiará de casa, para ir a morar definitivamente en el Cielo.
11.8.19
Simón Pedro, Capítulo 1; Autor: George Chevrot
7.7.18
AUDIENCIA GENERAL Miércoles 13 de agosto de 1986; Autor: San Juan Pablo II
14.4.15
EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO del Catecismo de la Iglesia Católica 1213-1216
15.10.11
Buenas Noticias, Introducción; Autores: C. John McCloskey III y Russell Shaw
Hay muchas personas hambrientas de algo, de Alguien , en quien creer. Todas ellas encontrarán ayuda e inspiración en los sentimientos manifestados por una mujer a la que el padre John bautizó y confirmó en mayo de 2002. Al final de su relato, que ocupa trece páginas a un espacio escribe:15.5.11
Hechos de los Apóstoles 2, 14, 36-41
Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías".
Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: "Hermanos, ¿qué debemos hacer?".
Pedro les respondió: "Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo.
Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar".
Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa.
Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.
10.1.10
Hablar con Dios, Tomo I, Nº 51; Autor: Francisco Fernández Carvajal
“Y en la Iglesia, precisamente por el bautismo, somos llamados todos a la santidad” (Cfr. IDEM, const. Lumen gentium, 11 y 42), cada uno en su propio estado y condición, y a ejercer el apostolado. “La llamada a la santidad y la consiguiente exigencia de santificación personal, es universal: todos, sacerdotes y laicos, estamos llamados a la santidad; y todos hemos recibido, con el bautismo, las primicias de esa vida espiritual que, por su misma naturaleza, tiende a la plenitud” (A. DEL PORTILLO, Escritos sobre el sacerdocio, Ed. Palabra, 50 ed. 1979, p. 111).
Otra verdad íntimamente unida a esta condición de miembro de la Iglesia es la del carácter sacramental, “un cierto signo espiritual e indeleble” impreso en el alma (Dz 852). Es como el resello de posesión de Cristo sobre el alma del bautizado. Cristo tomó posesión de nuestra alma en el momento de ser bautizado. Él nos rescató del pecado con su Pasión y Muerte.
Con estas consideraciones comprendemos bien el deseo de la Iglesia de que los niños reciban pronto estos dones de Dios (S. C. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción, 20-X-1980; Cfr. Código de Derecho Canónico, canon 867). Desde siempre ha urgido a los padres para que bauticen a sus hijos cuanto antes. Es una muestra práctica de fe. No se atenta a su libertad, como no se les causó agravio alguno por darles la vida natural, ni por alimentarles, limpiarles y curarles, cuando no podían ellos pedir estos bienes. Por el contrario, tienen derecho a recibir esa gracia. ¡Qué buen apostolado habremos de hacer en muchos casos!: con amigos, compañeros, conocidos...
En el caso del Bautismo está en juego algo infinitamente mayor que ningún otro bien: la gracia y la fe; quizá, la salvación eterna. Sólo por ignorancia y por una fe dormida se puede explicar que muchos niños queden privados, por sus propios padres ya cristianos, del mayor don de su vida. Nuestra oración se dirige a Dios hoy, para que no permita que esto suceda.
Hemos de agradecer a nuestros padres que, quizá a los pocos días de nacer, nos llevaran a recibir este santo sacramento.
21.10.06
Es Cristo que Pasa Nº 77, Autor: San Josemaría
Si se abandonan los Sacramentos, desaparece la verdadera vida cristiana. Sin embargo, no se nos oculta que particularmente en esta época nuestra no faltan quienes parece que olvidan, y que llegan a despreciar, esta corriente redentora de la gracia de Cristo. Es doloroso hablar de esta llaga de la sociedad que se llama cristiana, pero resulta necesario, para que en nuestras almas se afiance el deseo de acudir con más amor y gratitud a esas fuentes de santificación. Deciden sin el menor escrúpulo retardar el bautismo de los recién nacidos, privándoles -con un grave atentado contra la justicia y contra la caridad- de la gracia de la fe, del tesoro incalculable de la inhabitación de la Trinidad Santísima en el alma, que viene al mundo manchada por el pecado original.








