Mostrando las entradas con la etiqueta progreso espiritual. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta progreso espiritual. Mostrar todas las entradas
7.3.13
Homilías sobre los Salmos, 11, 8, Autor: San Juan Crisóstomo
los párvulos en la escuela, primero aprenden la forma de las letras; luego empiezan a distinguir las torcidas, y así, paso a paso, acaban por aprender a leer. Dividiendo la virtud en partes, aprendamos primero, por ejemplo, a no hablar mal; luego, pasando a otra letra, a no envidiar a nadie, a no ser esclavos del cuerpo en ninguna situación, a no dejarnos llevar por la gula... Luego, pasando de ahí a las letras espirituales, estudiemos la continencia, la mortificación de los sentidos, la castidad, la justicia, el desprecio de la gloria vana; procuremos ser modestos, contritos de corazón. Enlazando unas virtudes con otras, escribámoslas en nuestra alma. Y hemos de ejercitar esto en nuestra misma casa: con los amigos, con la mujer, con los hijos.
14.2.11
de la Meditación en Alborada el 14 de Febrero de 2011; Autor: don Patricio Astorquiza
Cuando atiendo personas, me dicen que les es muy dificil hacer diariamente un ratito de oración de la que llaman mental. Las razones son por la agitada vida de hoy pero sobretodo porque les da la impresión que Dios no les escucha ni menos les responde. ¡Dios no me habla!
Pero lo cierto es que cuando alguien que realmente ha hecho el esfuerzo por conversar cotidianamente un ratito con el Señor vuelve después de una cuantas semanas a la dirección espiritual comienza a hablar por primera vez de su señora y de sus hijos. Pasa otro tiempo y a la siguiente cita se explaya de lo poco agradecido que ha sido con sus padres. Pasa otro tiempo y viene con el tema de su comportamiento en el trabajo, que se aprovecha de los demás y no los trata bien... y ¡¿Dios no les habla?! Si ahí están los frutos.
Pero lo cierto es que cuando alguien que realmente ha hecho el esfuerzo por conversar cotidianamente un ratito con el Señor vuelve después de una cuantas semanas a la dirección espiritual comienza a hablar por primera vez de su señora y de sus hijos. Pasa otro tiempo y a la siguiente cita se explaya de lo poco agradecido que ha sido con sus padres. Pasa otro tiempo y viene con el tema de su comportamiento en el trabajo, que se aprovecha de los demás y no los trata bien... y ¡¿Dios no les habla?! Si ahí están los frutos.
19.9.09
Hablar con Dios, Tomo 5, Nº 9; Autor: Francisco Fernández Carvajal
Tres son las características que señala el Señor en la tierra buena: oír con un corazón contrito, humilde, los requerimientos divinos; esforzarse para que ‑con la oración y la mortificación‑ esas exigencias calen en el alma y no se atenúen con el paso del tiempo; y, por último, comenzar y recomenzar, sin desanimarse si los frutos tardan en llegar, si nos damos cuenta de que los defectos no acaban de desaparecer a pesar de los años y del empeño en la lucha por desarraigarlos.
26.1.06
Las Bienaventuranzas, Cáp. 18, Autor: Georges Chevrot
Por más que haga un cristiano, tiene siempre la sensación de no ser lo que debe ser, lo que quiere ser; jamás llega al término de sus esfuerzos y de sus deseos, está siempre en camino de "llegar a ser" cristiano.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
