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15.10.12
Para Llegar a Puerto Pg 70, Autor: Francisco Fernández Carvajal
Durante los minutos en que se atiende a una persona, solo se tiene en la cabeza y en el corazón a esa alma que busca ayuda. Todo lo demás pasa a segundo término. El Señor premia siempre esa actitud abnegada de olvido de sí, porque Él se ocupa entonces de lo "nuestro" y lo resuelve mucho mejor que nosotros mismos. Cada uno tendrá la impresión que es el mismo Jesús quien le escucha y atiende. Por eso, en muchas ocasiones, nos podrá ayudar preguntarnos: ¿cómo cuidaría el Señor a esta persona que llega en estas circunstancias concretas?, ¿qué le diría?, ¿cómo la empujaría, con suavidad y fortaleza, a ser más generosa, más santa?... Si las almas se sienten miradas así, recibirán verdaderamente los consejos de esa charla fraterna como si llegaran del mismo Jesucristo.
1.7.12
Encíclica Spe Salvi Nº 49, Autor: S. S. Benedicto XVI
La vida es como un viaje por
el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos
los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida
son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza.
Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas
las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también
luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así
orientación para nuestra travesía.
14.2.11
de la Meditación en Alborada el 14 de Febrero de 2011; Autor: don Patricio Astorquiza
Cuando atiendo personas, me dicen que les es muy dificil hacer diariamente un ratito de oración de la que llaman mental. Las razones son por la agitada vida de hoy pero sobretodo porque les da la impresión que Dios no les escucha ni menos les responde. ¡Dios no me habla!
Pero lo cierto es que cuando alguien que realmente ha hecho el esfuerzo por conversar cotidianamente un ratito con el Señor vuelve después de una cuantas semanas a la dirección espiritual comienza a hablar por primera vez de su señora y de sus hijos. Pasa otro tiempo y a la siguiente cita se explaya de lo poco agradecido que ha sido con sus padres. Pasa otro tiempo y viene con el tema de su comportamiento en el trabajo, que se aprovecha de los demás y no los trata bien... y ¡¿Dios no les habla?! Si ahí están los frutos.
Pero lo cierto es que cuando alguien que realmente ha hecho el esfuerzo por conversar cotidianamente un ratito con el Señor vuelve después de una cuantas semanas a la dirección espiritual comienza a hablar por primera vez de su señora y de sus hijos. Pasa otro tiempo y a la siguiente cita se explaya de lo poco agradecido que ha sido con sus padres. Pasa otro tiempo y viene con el tema de su comportamiento en el trabajo, que se aprovecha de los demás y no los trata bien... y ¡¿Dios no les habla?! Si ahí están los frutos.
2.3.06
Ascética Meditada, Cáp. 16, Autor: Salvador Canals
Pero no olvides, amigo mío, que necesitas de armas para vencer en esta batalla espiritual. Y que tus armas han de ser éstas: oración continua; sinceridad y franqueza con tu director espiritual; la Santísima Eucaristía y el Sacramento de la Penitencia; un generoso espíritu de cristiana mortificación que te llevará a huir de las ocasiones y a evitar el ocio; la humildad de corazón y una tierna y filial devoción a la Santísima Virgen.
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