Abrahán es llamado para quitar su casa y su tierra(Gn
12,1), Pedro es llamado a dejar sus redes (Mt 4,18), Mateo a dejar su empleo
(Mt 9,9), Eliseo a dejar su granja (1R 19,19) Natanael a dejar su retiro debajo
de la higuera (Jn 1,47). Sin cesar, todos somos constantemente llamados, de una
cosa a otra, cada vez más lejos, sin reposo, subiendo hacia el reposo eterno,
siguiendo una llamada interior para estar a punto para escuchar la siguiente.
Cristo nos llama sin cesar para justificarnos sin cesar.
Nos quiere santificar y glorificar constantemente. Tenemos que comprenderlo,
aunque somos lentos en darnos cuenta de esta gran verdad: Cristo camino con
nosotros y con su mano, con sus ojos, con su voz nos hace signos para seguirle.
No nos damos cuenta de que su llamada tiene lugar en este preciso momento.
Pensamos que tuvo lugar en tiempos de los apóstoles, pero, en realidad, no creemos en ella ni la esperamos de verdad
para nosotros mismos.

