Oración es conversar con el Señor, elevar el alma y el corazón hasta Él para alabarle, darle gracias, desagraviarle, pedirle nuevas ayudas. Esto se puede llevar a cabo por medio de pensamientos, de palabras, de afectos: es la llamada oración mental y la oración vocal; pero también se puede hacer por medio de acciones capaces de transmitir a Dios lo mucho que queremos amarle y lo mucho que lo necesitamos. Así pues, oración es también todo trabajo bien acabado y realizado con visión sobrenatural (Cfr. R. GOMEZ PÉREZ, La fe y los días, Palabra, 3ª ed., Madrid 1973, pp. 107-110.- ), es decir, con la conciencia de estar colaborando con Dios en la perfección de las cosas creadas y de estar impregnando todas ellas con el amor de Cristo, completando así su obra redentora, cumplida no sólo en el Calvario, sino también en el taller de Nazaret.
27.1.25
27.10.24
Hablar con Dios, Tomo V, Nº 54, Autor: Francisco Fernández Carvajal
Cada persona tiene una vocación particular, y toda vida que no responde a ese designio divino se pierde. El Señor espera correspondencia a tantos desvelos, a tantas gracias concedidas, aunque nunca podrá haber semejanza entre lo que damos y lo que recibimos, «pues el hombre nunca puede amar a Dios tanto como Él debe ser amado» Santo Tomás, Suma Teológica, 1-2, q. 6, a. 4. ; sin embargo, con la gracia sí que podemos ofrecerle cada día muchos frutos de amor: de caridad, de apostolado, de trabajo bien hecho... Cada noche, en el examen de conciencia, hemos de saber encontrar esos frutos pequeños en sí mismos, pero que han hecho grandes el amor y el deseo de corresponder a tanta solicitud divina. Y cuando salgamos de este mundo «tenemos que haber dejado impreso nuestro paso, dejando a la tierra un poco más bella y al mundo un poco mejor» G. Chevrot, El Evangelio al aire libre, Herder, Barcelona 1961, p. 169, una familia con más paz, un trabajo que ha significado un progreso para la sociedad, unos amigos fortalecidos con nuestra amistad...
Examinemos en nuestra oración: si tuviéramos que
presentarnos ahora delante del Señor, ¿nos encontraríamos alegres, con las
manos llenas de frutos para ofrecer a nuestro Padre Dios? Pensemos en el día de
ayer..., en la última semana..., y veamos si estamos colmados de obras hechas por
amor al Señor, o si, por el contrario, una cierta dureza de corazón o el
egoísmo de pensar excesivamente en nosotros mismos está impidiendo que demos al
Señor todo lo que espera de cada uno. Bien sabemos que, cuando no se da toda la
gloria a Dios, se convierte la existencia en un vivir estéril. Todo lo que no
se hace de cara a Dios, perecerá. Aprovechemos hoy para hacer propósitos
firmes. «Dios nos concede quizá un año más para servirle. No pienses en cinco,
ni en dos. Fíjate solo en este. San
Josemaría Escrivá, Amigos de Dios,47
22.7.24
Forja 737; Autor: San Josemaría
En cada jornada, haz todo lo que puedas por conocer a Dios, por "tratarle", para enamorarte más cada instante, y no pensar más que en su Amor y en su gloria.
Cumplirás este plan, hijo, si no dejas ¡por nada! tus tiempos de oración, tu presencia de Dios (con jaculatorias y comuniones espirituales, para encenderte), tu Santa Misa pausada, tu trabajo bien acabado por El.
27.12.22
Hablar con Dios, Primero Ser Justos ; Autor: Francisco Fernández Carvajal
La economía tiene sus propias leyes y mecanismos, pero estas leyes no son suficientes ni supremas, ni esos mecanismos son inamovibles. El orden económico no debe concebirse –insiste el Magisterio de la Iglesia– como un orden independiente y soberano, sino que ha de estar sometido a los principios superiores de la justicia social, que corrijan los defectos y deficiencias del orden económico y tengan en cuenta la dignidad de la persona(8 Cfr. Pío XI, Enc. Quadragesimo anno, 15-VI-1931, 37).
La justicia social exige también que al trabajador no se le deje a merced de las leyes de la competencia, como si su trabajo se tratara solo de una mercancía(Juan Pablo II, Enc. Sollicitudo rei socialis, 30-XII-1987, 34.); y una de las principales preocupaciones del Estado y de los empresarios «debe ser esta: dar trabajo a todos»( Juan Pablo II, En el estadio de Morumbi, 3-VII-1980), pues el paro forzoso es uno de los mayores males de un país y causa de otros muchos en la persona, en las familias y en la sociedad misma.
Quien trabaja en un taller, en la Universidad, en una empresa, no viviría la justicia si no cumple con esmero con su tarea, con competencia profesional, aprovechando el tiempo, cuidando los instrumentos de trabajo que son propiedad de la fábrica, de la biblioteca, del hospital, del taller, de la casa en la que se ayuda en las tareas del hogar. Los estudiantes faltarían a la justicia con la sociedad, con la familia, a veces gravemente, si no aprovechan ese tiempo dedicado al estudio. De modo general, las calificaciones académicas obtenidas pueden ser materia de un buen examen de conciencia. Muchas veces, la poca intensidad en el estudio será la causa de no ser más tarde buenos profesionales, faltando así a la justicia con la empresa en la que se trabaja, por carecer de la preparación debida. Son puntos que con frecuencia deberemos examinar, para vivir delicadamente, delante de Dios y de los hombres, los deberes hacia el prójimo: la justicia, la misericordia y la fidelidad en los pactos y promesas.
31.10.22
Amigos de Dios Nº 9; Autor: San Josemaría
2.9.20
Constitución Pastoral Gaudium et Spes, Nº 34
Una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana
individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el
hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida,
considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios. Creado el hombre a
imagen de Dios, recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad,
sometiendo a sí la tierra y cuanto en ella se contiene, y de orientar a Dios la
propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo,
de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el
nombre de Dios en el mundo.19.4.15
Hablar con Dios, Tomo 3, Nº 1, Autor: Francisco Fernández Carvajal
8.5.14
La Palabra Para Ser Hablada, Capítulo 6; Autora: Beata Teresa de Calcuta
22.1.13
Encíclica Mater et Magistra Nº 83, Autor: San Juan XXIII
22.9.12
Evangelio según San Mateo 9,9-13
11.2.11
Constitución Pastoral Gaudium et Spes Nº 67
Pues el trabajo humano, autónomo o dirigido, procede inmediatamente de la persona, la cual marca con su impronta la materia sobre la que trabaja y la somete a su voluntad. Es para el trabajador y para su familia el medio ordinario de subsistencia; por él el hombre se une a sus hermanos y les hace un servicio, puede practicar la verdadera caridad y cooperar al perfeccionamiento de la creación divina. No sólo esto. Sabemos que, con la oblación de su trabajo a Dios, los hombres se asocian a la propia obra redentora de Jesucristo, quien dio al trabajo una dignidad sobre eminente laborando con sus propias manos en Nazaret. De aquí se deriva para todo hombre el deber de trabajar fielmente, así como también el derecho al trabajo. Y es deber de la sociedad, por su parte, ayudar, según sus propias circunstancias, a los ciudadanos para que puedan encontrar la oportunidad de un trabajo suficiente. Por último, la remuneración del trabajo debe ser tal que permita al hombre y a su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual, teniendo presentes el puesto de trabajo y la productividad de cada uno, así como las condiciones de la empresa y el bien común.






