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17.5.23

Amigos de Dios Nº 18, Autor: San Josemaría

 así van –inseguras, con zozobras– por las alturas de Dios las almas apostólicas que carecen de vida interior o la descuidan: con el peligro constante de venirse abajo, sufriendo, inciertas.

Y pienso, efectivamente, que corren un serio peligro de descaminarse aquellos que se lanzan a la acción –¡al activismo!–, y prescinden de la oración, del sacrificio y de los medios indispensables para conseguir una sólida piedad
: la frecuencia de Sacramentos, la meditación, el examen de conciencia, la lectura espiritual, el trato asiduo con la Virgen Santísima y con los Ángeles custodios... Todo esto contribuye además, con eficacia insustituible, a que sea tan amable la jornada del cristiano, porque de su riqueza interior fluyen la dulcedumbre y la felicidad de Dios, como la miel de panal. 




16.2.06

Sí, sí; no, no, Cáp. El Cielo Contesta, Autora: Chiara Lubich

En estos tiempos, especialmente en los países necesitados, se pone muchas veces el acento principal sobre los problemas sociales, a los que se dedica toda clase de esfuerzos incluso como expresión religiosa de la vida.
Ciertamente es evangélico dar de comer al hambriento y vestir al desnudo. Pero tales acciones en sí mismas pueden no mostrar el mensaje de Cristo en toda su belleza. Más aún, pueden en cierto modo falsearlo, porque actos semejantes pueden dejar a quien recibe en el complejo de "beneficiado"; mientras que el Evangelio lleva al hombre, a todos los hombres, a la más alta elevación, a ser hijos de Dios.
El Evangelio es algo indivisible y no se puede vivir y comprender verdaderamente en sus partes, si no se conoce y se vive en su conjunto.
El principal remedio a los problemas, incluso terrenos, de los países pobres es y seguirá siendo el anuncio del evangelio.
Es necesario que todos los hombres conozcan a Cristo, busquen su Reino y Su Justicia; y entonces, el resto, todo el resto, vendrá también para ellos por añadidura.