Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los
otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los
amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo
servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi
Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a
ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero.
Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les
mando es que se amen los unos a los otros.
6.1.25
Evangelio según San Juan 15,12-17
5.11.24
Del Mensaje de S. S. Benedicto XVI para la XXVII Jornada Mundial de la Juventud 2012
Nuestro corazón está hecho para la alegría
La aspiración a la alegría está grabada en lo más íntimo
del ser humano. Más allá de las satisfacciones inmediatas y pasajeras, nuestro
corazón busca la alegría profunda, plena y perdurable, que pueda dar «sabor» a
la existencia. Y esto vale sobre todo para vosotros, porque la juventud es un
período de un continuo descubrimiento de la vida, del mundo, de los demás y de
sí mismo. Es un tiempo de apertura hacia el futuro, donde se manifiestan los
grandes deseos de felicidad, de amistad, del compartir y de verdad; donde uno
es impulsado por ideales y se conciben proyectos.
"Cada día el Señor nos ofrece tantas alegrías
sencillas: la alegría de vivir, la alegría ante la belleza de la naturaleza, la
alegría de un trabajo bien hecho, la alegría del servicio, la alegría del amor
sincero y puro. Y si miramos con atención, existen tantos motivos para la
alegría: los hermosos momentos de la vida familiar, la amistad compartida, el
descubrimiento de las propias capacidades personales y la consecución de buenos
resultados, el aprecio que otros nos tienen, la posibilidad de expresarse y
sentirse comprendidos, la sensación de ser útiles para el prójimo. Y, además,
la adquisición de nuevos conocimientos mediante los estudios, el descubrimiento
de nuevas dimensiones a través de viajes y encuentros, la posibilidad de hacer
proyectos para el futuro. También pueden producir en nosotros una verdadera
alegría la experiencia de leer una obra literaria, de admirar una obra maestra
del arte, de escuchar e interpretar la música o ver una película.
Pero cada día hay tantas dificultades con las que nos
encontramos en nuestro corazón, tenemos tantas preocupaciones por el futuro,
que nos podemos preguntar si la alegría plena y duradera a la cual aspiramos no
es quizá una ilusión y una huida de la realidad. Hay muchos jóvenes que se
preguntan: ¿es verdaderamente posible hoy en día la alegría plena? Esta
búsqueda sigue varios caminos, algunos de los cuales se manifiestan como
erróneos, o por lo menos peligrosos. Pero, ¿Cómo podemos distinguir las
alegrías verdaderamente duraderas de los placeres inmediatos y engañosos? ¿Cómo
podemos encontrar en la vida la verdadera alegría, aquella que dura y no nos
abandona ni en los momentos más difíciles?
Dios es la fuente de la verdadera alegría.
En realidad, todas las
alegrías auténticas, ya sean las pequeñas del día a día o las grandes de la
vida, tienen su origen en Dios, aunque no lo parezca a primera vista, porque
Dios es comunión de amor eterno, es alegría infinita que no se encierra en sí
misma, sino que se difunde en aquellos que Él ama y que le aman". (del Mensaje,
15 de Marzo de 2012)
30.5.23
Carta Encíclica Rerum Novarum de S. S. León XIII, 20
Si siguen los preceptos de Cristo, resultará poco la amistad y se unirán por el amor fraterno. Pues verán y comprenderán que todos los hombres han sido creados por el mismo Dios, Padre común; que todos tienden al mismo fin, que es el mismo Dios, el único que puede dar la felicidad perfecta y absoluta a los hombres y a los ángeles; que, además, todos han sido igualmente redimidos por el beneficio de Jesucristo y elevados a la dignidad de hijos de Dios, de modo que se sientan unidos, por parentesco fraternal, tanto entre sí como con Cristo, primogénito entre muchos hermanos. De igual manera que los bienes naturales, los dones de la gracia divina pertenecen en común y generalmente a todo el linaje humano, y nadie, a no ser que se haga indigno, será desheredado de los bienes celestiales: «Si hijos, pues, también herederos; herederos ciertamente de Dios y coherederos de Cristo»[Rom 8,17].
14.2.22
HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Basílica Vaticana Miércoles 29 de junio de 2011
Las palabras de Jesús sobre la amistad están en el contexto del discurso sobre la vid. El Señor enlaza la imagen de la vid con una tarea que encomienda a los discípulos: «Os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca» (Jn 15,16). El primer cometido que da a los discípulos, a los amigos, es el de ponerse en camino –os he destinado para que vayáis-, de salir de sí mismos y de ir hacia los otros. Podemos oír juntos aquí también las palabras que el Resucitado dirige a los suyos, con las que san Mateo concluye su Evangelio: «Id y enseñad a todos los pueblos...» (cf. Mt 28,19s). El Señor nos exhorta a superar los confines del ambiente en que vivimos, a llevar el Evangelio al mundo de los otros, para que impregne todo y así el mundo se abra para el Reino de Dios. Esto puede recordarnos que el mismo Dios ha salido de sí, ha abandonado su gloria, para buscarnos, para traernos su luz y su amor. Queremos seguir al Dios que se pone en camino, superando la pereza de quedarnos cómodos en nosotros mismos, para que Él mismo pueda entrar en el mundo.
28.5.18
La Conversión al Cristianismo Durante los Primeros Siglos, Autor: Gustave Bardy
23.3.17
Libro de Eclesiástico 6,5-17
26.7.16
Ascética Meditada, Cáp. 9, Autor: Salvador Canals
Tú sabes ya -sólo quiero recordártelo- que cuando tienes entre las manos los corazones de aquellos a quienes quieres hacer mejores, si los has sabido atraer con la mansedumbre de Cristo, has recorrido ya la mitad de tu camino apostólico. Cuando te quieren y tienen confianza en ti, cuando están contentos, el campo está dispuesto para la siembra. Pues sus corazones están abiertos como una tierra fértil, para recibir el blanco trigo de tu palabra de apóstol o de educador.
Si sabes hablar sin herir, sin ofender, aunque debas corregir o reprender, los corazones no se te cerrarán. La semilla caerá, sin duda, en tierra fértil y la cosecha será abundante. De otro modo tus palabras encontrarán, en vez de un corazón abierto, un muro macizo; tu simiente no caerá en tierra fértil, sino al margen del camino -iuxta viam- de la indiferencia o de la falta de confianza; o en la piedra -super petram- de un ánimo mal dispuesto; o entre las espinas -inter spinas- de un corazón herido, resentido, lleno de rencor.
“No perdamos nunca de vista que el Señor ha prometido su eficacia a los rostros amables, a los modales afables y cordiales, a la palabra clara y persuasiva que dirige y forma sin herir: beati mites quoniam ipsi possidebunt terram, porque ellos poseeran la tierra. No debemos olvidar nunca que somos hombres que tratamos con otros hombres, aun cuando queramos hacer bien a las almas. No somos ángeles. Y, por tanto, nuestro aspecto, nuestra sonrisa, nuestros modales, son elementos que condicionan la eficacia de nuestro apostolado.
22.3.16
Hablar con Dios, Tomo V, Nº 79, Autor: Francisco Fernández Carvajal
20.7.13
Hablar con Dios, Tomo IV, Nº 27; Autor: Francisco Fernández Carvajal
15.10.12
Para Llegar a Puerto Pg 70, Autor: Francisco Fernández Carvajal
24.1.12
Libro de Eclesiástico 6, 14
24.5.11
Homilia en la Eucaristía para los Enfermos 11-2 -1981; Autor: San Juan Pablo II
Una palabra buena se dice pronto; sin embargo, a veces se nos hace difícil pronunciarla. Nos detiene el cansancio, nos distraen las preocupaciones, nos frena un sentimiento de frialdad o de indiferencia egoísta. Así sucede que pasamos al lado de personas a las cuales, aun conociéndolas, apenas les miramos el rostro y no nos damos cuenta de lo que frecuentemente están sufriendo por esa sutil, agotadora pena, que proviene de sentirse ignoradas. Bastaría una palabra cordial, un gesto afectuoso e inmediatamente algo se despertaría en ellas: una señal de atención y de cortesía puede ser una ráfaga de aire fresco en lo cerrado de una existencia, oprimida por la tristeza y por el desaliento. El saludo de María llenó de alegría el corazón de su anciana prima Isabel.
6.5.10
Evangelio según San Juan 15, 15
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.







