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14.4.26

Un camino muy sencillo; Autora: Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)

 “Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido”

Cada noche, antes de acostaros, debéis hacer vuestro
examen de conciencia (¡porque no sabéis si al día siguiente estaréis todavía en este mundo!)
. Cualquiera que sea el mal que habéis hecho debéis comprometeros a repararlo si es posible. Si, por ejemplo, habéis robado alguna cosa, intentad devolverla. Si habéis ofendido a alguien, procurad excusaros lo más pronto posible. Si es imposible reparar, expresad a Dios vuestra pena y vuestro remordimiento. Es muy importante, porque debemos ser capaces de arrepentirnos para volvernos capaces de amor. Podrías decir, por ejemplo: “Señor, tengo pena por haberte ofendido  y te prometo hacer todo lo mejor que sepa para no recaer”. Entonces, de golpe, ¡qué impresión de bienestar, de liberación, de sentir el corazón purificado! Acordaos de que Dios es misericordia. Es nuestro Padre solícito, dispuesto a perdonar y olvidarlo todo, con la sola condición de que nosotros hagamos otro tanto con los que nos han hecho algún mal.

Examinad, pues, el fondo de vuestro corazón para ver si no hay en él algún resentimiento escondido hacia vuestro prójimo. En efecto, ¿Cómo podríamos pedir a Dios que nos perdone si no quisiéramos perdonar a los otros? Acordaos, pues, que si os arrepentís verdaderamente con corazón generoso, a los ojos de Dios vuestras faltas serán olvidadas. Él os perdonará siempre si vuestro arrepentimiento es sincero. Orad, pues, para perdonar a los que os han ofendido, para amar a los que no amáis, y sabed perdonar inmediatamente así como Dios os ha perdonado.

16.10.23

Comentario al Evangelio del día 16 de Octubre de 2023 en la página del Opus Dei (San Lucas 11, 29-32)

Jesús nos pide que sepamos escuchar, que tengamos un corazón abierto a todo lo que nos viene de Dios. Que sepamos escucharle cuando nos habla a través de su palabra o a través de una lectura o a través de otra persona o a través de una situación por la que atravesemos, etc. En definitiva, que sepamos descubrir cuando se dirige a nosotros para guiarnos en el camino de la vida hacia la santidad.

Contamos con la fuerza poderosa del Espíritu Santo que cuando encuentra un corazón dispuesto se vuelca con sus dones y le conduce por los caminos de Dios.

26.7.16

Ascética Meditada, Cáp. 9, Autor: Salvador Canals

Antes de querer hacer santos a todos aquellos a quienes amamos es necesario que les hagamos felices y alegres, pues nada prepara mejor el alma para la gracia como la leticia y la alegría.
Tú sabes ya -sólo quiero recordártelo- que cuando tienes entre las manos los corazones de aquellos a quienes quieres hacer mejores, si los has sabido atraer con la mansedumbre de Cristo, has recorrido ya la mitad de tu camino apostólico. Cuando te quieren y tienen confianza en ti, cuando están contentos, el campo está dispuesto para la siembra. Pues sus corazones están abiertos como una tierra fértil, para recibir el blanco trigo de tu palabra de apóstol o de educador.
Si sabes hablar sin herir, sin ofender, aunque debas corregir o reprender, los corazones no se te cerrarán. La semilla caerá, sin duda, en tierra fértil y la cosecha será abundante. De otro modo tus palabras encontrarán, en vez de un corazón abierto, un muro macizo; tu simiente no caerá en tierra fértil, sino al margen del camino -iuxta viam- de la indiferencia o de la falta de confianza; o en la piedra -super petram- de un ánimo mal dispuesto; o entre las espinas -inter spinas- de un corazón herido, resentido, lleno de rencor.
“No perdamos nunca de vista que el Señor ha prometido su eficacia a los rostros amables, a los modales afables y cordiales, a la palabra clara y persuasiva que dirige y forma sin herir: beati mites quoniam ipsi possidebunt terram, porque ellos poseeran la tierra. No debemos olvidar nunca que somos hombres que tratamos con otros hombres, aun cuando queramos hacer bien a las almas. No somos ángeles. Y, por tanto, nuestro aspecto, nuestra sonrisa, nuestros modales, son elementos que condicionan la eficacia de nuestro apostolado.

25.5.13