Juan
Pablo I, en la catequesis que llevó a cabo en su corto pontificado, hizo
mención de la ejemplar historia de las dieciséis carmelitas mártires durante la
Revolución francesa, beatificadas por Pío X. Parece que durante el proceso se
pidió que fueran condenadas «a muerte por fanatismo». Una de ellas preguntó al
juez: «¿qué quiere decir fanatismo?», y él le contestó: «Vuestra boba
pertenencia a la religión». Pronunciada la sentencia, mientras las conducían
hacia el cadalso, cantaban himnos religiosos; llegadas al lugar de la
ejecución, una tras otra se arrodillaron ante la Priora para renovar su voto de
obediencia. Después entonaron el Veni Creator; el canto se iba
haciendo cada vez más débil a medida que las cabezas de las religiosas caían
bajo la guillotina. Quedó en último lugar la Priora, cuyas últimas palabras
fueron éstas: «El amor saldrá siempre victorioso, el amor lo puede todo» .
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11.9.19
Hablar con Dios, Tomo VI, N° 52; Autor Francisco Fernandez Carvajal
Juan
Pablo I, en la catequesis que llevó a cabo en su corto pontificado, hizo
mención de la ejemplar historia de las dieciséis carmelitas mártires durante la
Revolución francesa, beatificadas por Pío X. Parece que durante el proceso se
pidió que fueran condenadas «a muerte por fanatismo». Una de ellas preguntó al
juez: «¿qué quiere decir fanatismo?», y él le contestó: «Vuestra boba
pertenencia a la religión». Pronunciada la sentencia, mientras las conducían
hacia el cadalso, cantaban himnos religiosos; llegadas al lugar de la
ejecución, una tras otra se arrodillaron ante la Priora para renovar su voto de
obediencia. Después entonaron el Veni Creator; el canto se iba
haciendo cada vez más débil a medida que las cabezas de las religiosas caían
bajo la guillotina. Quedó en último lugar la Priora, cuyas últimas palabras
fueron éstas: «El amor saldrá siempre victorioso, el amor lo puede todo» .
10.6.13
Audiencia General de Juan Pablo I - 13 de septiembre de 1978
A la derecha, en cambio,
están los recién casados. Han recibido un gran sacramento; deseémosles que el
sacramento recibido sea de verdad portador no sólo de bienes materiales, sino
más aún de gracias espirituales. El siglo pasado había en Francia un profesor
insigne, Federico Ozanam; enseñaba en la Sorbona, era elocuente, estupendo.
Tenía un amigo, Lacordaire, que solía decir: “¡Este hombre es tan estupendo y
tan bueno que se hará sacerdote y llegará a ser todo un obispo!” Pero no.
Encontró a una señorita excelente y se casaron. A Lacordaire no le sentó bien y
dijo: « ¡Pobre Ozanam! ¡También él ha caído en la trampa! ». Dos años después,
Lacordaire vino a Roma y fue recibido por Pío IX; « Venga, venga, padre, --le
dijo--yo siempre había oído decir que Jesús instituyó siete sacramentos: ahora
viene usted, me revuelve las cartas en la mesa, y me dice que ha instituido
seis sacramentos y una trampa. No, padre, el matrimonio no es una trampa, ¡es
un gran sacramento! »
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