| Yo te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y en nombre de su Manifestación y de su Reino: |
| proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar. |
14.4.26
Segunda carta de San Pablo a Timoteo 3,14-17 y 4,1-2
1.1.26
Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 3,14-17.4,1-2
Pero tú permanece fiel a la doctrina que aprendiste y de la que estás plenamente convencido: tú sabes de quiénes la has recibido. Recuerda que desde la niñez conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús.
Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para
enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justicia, a fin de que
el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien.
Yo te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha
de juzgar a los vivos y a los muertos, y en nombre de su Manifestación y de su
Reino: proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye,
reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar.
15.11.25
Breviloquio, Prólogo, 2-5; Autor: San Buenaventura (1221-1274) franciscano, doctor de la Iglesia
El origen de la Escritura no se halla en la búsqueda humana, sino en la divina revelación que proviene del “Padre de las luces”, “de quien toma su nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra” (St 1,17; Ef 3,15). Es de él que, por su Hijo Jesucristo, llega a nosotros el Espíritu Santo. Es por el Espíritu Santo que, compartiendo y distribuyendo sus dones a cada uno según su voluntad Hb 2,4), se nos da la fe y “por la fe, Cristo habita en nuestros corazones” (Ef 3,17). De este conocimiento de Jesucristo se desprende, como de su fuente, la firmeza y la comprensión de toda la santa Escritura. Es, pues, imposible entrar en el conocimiento de la Escritura sin poseer infusa, primeramente, la fe de Cristo, como la luz, la puerta y el fundamento de toda la Escritura…
La finalidad o el fruto de la santa Escritura no es
cualquier cosa, sino la plena felicidad eterna. Porque en la Escritura están
“las palabras de vida eterna” (Jn 6,68); está, pues, escrita, no sólo para que
creamos, sino también para que poseamos la vida eterna en la cual veremos,
amaremos y nuestros deseos se verán eternamente colmados. Es entonces que
nuestros deseos se verán plenamente satisfechos, conoceremos verdaderamente “el
amor que sobrepasa todo conocimiento” y así llegaremos a “la Plenitud total de
Dios” (Ef 3,19). La divina Escritura se esfuerza en introducirnos a esta
plenitud; y es, pues, en vistas a este fin, con esta intención que la santa
Escritura debe ser estudiada, enseñada y comprendida.
26.1.25
Carta 53, a Paulino; Autor: San Jerónimo (347-420) sacerdote, traductor de la Biblia, doctor de la Iglesia
Dime, querido hermano: vivir en medio de los Libros sagrados, meditarlos sin cesar, nada buscar ni querer conocer fuera de ellos ¿no es habitar ya el Reino de los Cielos?
El lenguaje de la Escritura Santa te puede sorprender por
su simplicidad o su casi rudeza, ya sea a causa de errores de los traductores o
por el diseño original del escrito. Ella se presenta de tal forma que el primer
auditorio puede instruirse y, en una única frase, el sabio y el ignorante
descubren sentidos inesperados.
No soy un petulante que presume conocer todo lo que
encuentra. Sería querer recoger sobre la tierra los frutos de árboles que
tienen las raíces fijadas en el cielo. Pero confieso que lo deseo y trato de
esforzarme para ello. Estudiemos aquí sobre la tierra, aquello cuyo
conocimiento permanecerá adquirido para el cielo.
11.10.20
Roma Dulce Hogar, Pgs 62 a 64; Autores: Scott y Kimberly Hahn
Hablaba a mis alumnos de todo; lo referente a la alianza como familia de Dios, y les explicaba las alianzas que Dios había concertado con su pueblo. Ellos lo estaban captando todo. Tracé una cronología para mostrarles cómo cada alianza instituida por Dios era el modo en que Él había reconocido su paternidad sobre su familia a lo largo de los tiempos. Su alianza con Adán tomó la forma de un matrimonio; la alianza con Noé fue una familia; con Abraham tomó la forma de una tribu; la alianza con Moisés transformó las doce tribus en una familia nacional; la alianza con David estableció a Israel como una familia de un reino nacional; mientras que Cristo había instituido la Nueva Alianza para que fuese la familia mundial, o «católica» {del griego katholikos), de Dios, y comprendiera a todas las naciones ya todos los hombres, fueran judíos o gentiles.
Los estudiantes
estaban estusiasmados... ¡Ahora la Biblia adquiría un nuevo sentido! Un alumno
preguntó: - ¿Qué forma tiene esta familia mundial?
Dibujé una gran
pirámide en la pizarra y expliqué:
-Sería como una
gran familia extendida por todo el mundo, con diferentes figuras paternas en
cada nivel, encargadas por Dios para administrar su amor y su ley a sus hijos.
Uno de mis estudiantes católicos comentó en voz alta:
-Esa pirámide se
parece mucho a la Iglesia católica, con el Papa en el vértice.
-¡Oh, no! -repliqué
rápidamente-; lo que os estoy dando aquí es el antídoto del catolicismo -eso
era lo que yo creía, o al menos trataba de creer-. Además, el Papa es un
dictador, no un padre.
-Pero Papa
significa «padre».
-No es así
-me apresuré a corregir.
-Sí es así
-contestó a coro un grupo de estudiantes.
Muy bien; así que
los católicos tenían razón en otro punto más. Podía admitirlo, pero me sentía muy
asustado. ¡No sabía lo que se me venía encima!
Durante la comida, una de mis alumnas más aventajadas se me acercó, en representación de un pequeño grupo que estaba en la esquina de atrás, para decirme:
-Hemos hecho una
votación, y el resultado es unánime: pensamos que usted se convertirá al
catolicismo. Me eché a reír, muy nervioso.
-¡Eso es
absurdo! -exclamé, mientras un escalofrío me recorría la espalda.
Ella esbozó una
pícara sonrisa de complicidad, se encogió de hombros y se volvió a su sitio.
Al regresar a casa
por la tarde, aún me sentía aturdido. Le dije a Kimberly:
-No te
imaginas lo que me ha dicho hoy Rebecca: que un grupo de estudiantes ha votado
que me voy a convertir al catolicismo. ¿Puedes imaginar algo más absurdo?
Yo esperaba que
Kimberly se reiría conmigo, pero ella tan sólo me miró de forma inexpresiva y
dijo:
-¿y lo harás? ¡No
podía creerlo! ¿Cómo era capaz mi propia esposa de pensar, tan a la ligera, que
yo traicionaría la verdad de la Escritura y de la Reforma? Sentí como si me
clavaran un cuchillo por la espalda.
como profesor! ¿Católico yo? ¡Me amamantaron con los escritos de Martin Lutero...! ¿Qué pretendes?
-Scott, estaba
acostumbrada a considerarte como un hombre profundamente anti-católico y
comprometido con los principios de la Reforma. Pero últimamente te oigo hablar
tanto de sacramentos, liturgia, tipología, eucaristía... -luego Kimberly añadió
algo que nunca olvidaré-: A veces pienso que podrías ser un Lutero al revés.
20.9.20
Roma, Dulce Hogar, Capítulo 6; Autores: Scott y Kimberly Hahn
13.6.13
Homilía sobre el evangelio de Marcos, n° 9 - 8; SC 494, Autor: San Jerònimo
28.5.13
Constitución Dogmática Dei Verbum sobre la Revelación Divina Nº 21
29.4.13
Hablar con Dios, Tomo VI, Nº 32, Autor: Francisco Fernández Carvajal
13.3.13
Carta de San Pablo a los Romanos, 15,4
23.2.13
Carta a los Filipenses, Autor: San Policarpo de Esmirna
11.1.13
Salmo 78, 3-8
26.12.12
Homilía de S. S. Benedicto XVI en la Misa de Nochebuena
14.10.12
Homilías sobre algunos pasajes del Nuevo Testamento, Autor: San Juan Crisóstomo (344-407)
26.5.12
Decenario al Espíritu Santo, Día Décimo, Autora; Francisca Javiera del Valle
En esta escuela, abierta por el Espíritu Santo en el centro de nuestra alma, se aprende una ciencia sobre toda ciencia humana.
Los libros de esta escuela son dos: el primero que damos nosotros tiene dos partes.
Se llama este libro la humanidad de nuestro adorable Redentor. La primera parte toda ella contiene los hechos externos de Jesucristo, divino Redentor nuestro.
Esta primera parte de este libro se estudia hasta que con el continuado estudio queda en nuestra memoria como un dibujo, y esto es para que siempre y en todas partes andemos en su presencia, y con esto que logremos nos dice nuestros Maestro que nos basta.
La segunda parte de él contiene la práctica de su contenido. En la práctica cada uno lo ha de hacer según sus fuerzas y según su capacidad; porque en esta escuela, aunque todos hemos de practicar las mismas cosas, como nuestro Maestro es tan prudente y discreto, tan compasivo y misericordioso, que nunca nos exige más de lo que cada uno puede, quiere que pongamos los ojos en el libro que El nos da y cada uno haga allí lo que en el libro vea.
. . .En fin, todo lo hace como su grande sabiduría lo traza, lo quiere y dispone. Lo que quiere es que cuando veamos a uno de los discípulos de esta escuela que le levanta Dios a grande altura y a nosotros nos deja, que le ayudemos a dar gracias a Dios, porque se digna fijar en él su mirada y no cesemos de dar gracias por ello, pero jamás a la criatura la ensalcemos ni alabemos, porque nosotros no podemos saber si merece alabanza por lo que tiene o merece desprecio por lo que hace.
Porque al ver la disposición en que se hallan el corazón y el alma, que es lo que Dios mira y por lo único que se disgusta o complace, esto no lo podemos nosotros ver, porque en el corazón y en el alma, ¿quién puede entrar si no es Dios? Nadie más que Dios.
Cada uno en sí mismo vea lo que a Dios Le agrada y lo que Le disgusta.
Pongamos nuestros ojos en ver el interior de Jesucristo, para ver la disposición de aquella alma bendita y de aquel corazón amante, cómo obraban y el fin que llevaban en todas sus acciones, para nosotros hacerlo por los mismos fines que Dios hecho hombre obraba.
Y esto muy bien se ve y se aprende en esta segunda parte del libro, que es en lo que nosotros hemos de insistir únicamente.
El segundo libro que hay en esta escuela está sólo a la disposición de nuestro Maestro. No nos lo explica, porque este libro, todo lo que él contiene, está sobre todo el entender de toda inteligencia humana.
Y para que tengamos una idea clara y verdadera de lo incomprensible que este libro es, ¿qué hace?
Como es tan sabio, tan poderoso y sutil para enseñar, cuando estamos ya al final de la práctica de la segunda parte del libro primero, queriendo como premiar nuestro esmero en poner en práctica cuanto hemos visto en él, ¿qué hace entonces?
Nos habla y nos dice que aquel libro tan sobre nuestro entender tiene por título “Divina Esencia, Dios”, y al punto se siente el alma con todas sus potencias que no es ella, sino con una fuerza superior que no sabe ella qué es, pero que la arrebata su alma y sus potencias.
Y la arrebata sobre todo lo criado, no sólo de la tierra, sino de lo que llaman firmamento y nosotros llamamos Cielo, casa o palacio, o cielo, como lo quieran llamar, donde Dios puso a los ángeles cuando los crió.
23.11.11
Constitución Dogmática Dei Verbum Nº 8
Esta Tradición, que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo: puesto que va creciendo en la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, ya por la contemplación y el estudio de los creyentes, que las meditan en su corazón y, ya por la percepción íntima que experimentan de las cosas espirituales, ya por el anuncio de aquellos que con la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad. Es decir, la Iglesia, en el decurso de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina, hasta que en ella se cumplan las palabras de Dios.
Las enseñanzas de los Santos Padres testifican la presencia viva de esta tradición, cuyos tesoros se comunican a la práctica y a la vida de la Iglesia creyente y orante. Por esta Tradición conoce la Iglesia el Canon íntegro de los libros sagrados, y la misma Sagrada Escritura se va conociendo en ella más a fondo y se hace incesantemente operativa, y de esta forma, Dios, que habló en otro tiempo, habla sin intermisión con la Esposa de su amado Hijo; y el Espíritu Santo, por quien la voz del Evangelio resuena viva en la Iglesia, y por ella en el mundo, va induciendo a los creyentes en la verdad entera, y hace que la palabra de Cristo habite en ellos abundantemente (cf. Col., 3,16).
19.7.11
Prólogo al Nuevo Testamento de Rialp. Autor: Mons. Angel Suquía
16.1.11
Carta a los Hebreos 4,12
1.8.09
El Gran medio de la Oración; Autor: San Alfonso María de Ligorio
Para mejor entender la excelencia de nuestras oraciones ante el divino acatamiento bastará leer en las Sagradas Escrituras las promesas que ha hecho el Señor al alma que reza, y eso lo mismo en el antiguo que en el nuevo Testamento. Recordemos algunos textos nada más: Invócame en el día de la tribulación ... Llámame y yo te libraré... Llámame y yo te oiré ... Pedid y se os dará... Buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá.. Cosas buenas dará mi Padre que está en los cielos a aquel que se las pida... Todo aquel que pide, recibe... Lo que queráis, pedidlo, y se os dará. Todo cuanto pidieren, lo hará mi Padre por ellos. Todo cuanto pidáis en la oración, creed que lo recibiréis y se hará sin falta. Si alguno pidiéreis en mi nombre, os lo concederá, Y como éstos muchos textos más que no traemos aquí para no extendemos más de lo debido.
Quiere Dios salvarnos, mas, para gloria nuestra, quiere que nos salvemos, como vencedores. Por tanto, mientras vivamos en la presente vida, tendremos que estar en continua guerra. Para salvamos habremos de luchar y vencer. Sin victoria nadie podrá ser coronado. Así afirma San Juan Crisóstomo: Cierto es que somos muy débiles y los enemigos muchos y muy poderosos; ¿cómo, pues, podremos hacerles frente y derrotarlos? Responde el Apóstol animándonos a la lucha con estas palabras:Todo lo puedo con Aquel que es mi fortaleza Todo lo podemos con la oración; con ella nos dará el Señor las fuerzas que necesitarnos, porque, como escribe Teodorato, la oración es una, pero omnipotente. San Buenaventura asegura que con la oración podemos adquirir todos los bienes y libramos de todos los males.
San Lorenzo Justiniano afirma que con la oración podemos levantamos una torre fortísima donde hemos de estar seguros de las asechanzas y ataques de todos nuestros enemigos. San Bernardo escribe estas hermosas palabras: Fuerte es el poder del infierno, pero la oración es más fuerte que todos los demonios. Y ello es así, porque con la oración alcanza el alma la ayuda divina que es más poderosa que toda fuerza creada. Por esto el santo rey David, cuando le asaltaban los temores, se animaba con estas palabras, Con cánticos de alabanza invocaré al Señor y seré libre de todos mis enemigos. San Juan Crisóstomo lo resume en esta sentencia: La oración es arma poderosa, tutela, puerto y tesoro. Es arma poderosa porque con ella vencemos todos los asaltos del enemigo; defensa, porque nos ampara en todos los peligros; puerto, porque nos salva en todas las tempestades; y tesoro, porque con ella tenemos y poseemos todos los bienes.














