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15.11.25

Salmo 100(99),1b-2.3.4.5.

¡Lleguemos hasta el Señor cantando himnos de gozo!

Aclame al Señor toda la tierra,

sirvan al Señor con alegría,

lleguen hasta él con cantos jubilosos.

Reconozcan que el Señor es Dios:

 

él nos hizo y a él pertenecemos;

somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entren por sus puertas dando gracias,

entren en sus atrios con himnos de alabanza,

 

alaben al Señor y bendigan su Nombre.

¡Qué bueno es el Señor!

Su misericordia permanece para siempre,

y su fidelidad por todas las generaciones

15.11.24

Primera Regla, 23; Autor: San Francisco de Asís (1182-1226) fundador de los Hermanos menores

Poderosísimo, santísimo, altísimo y soberano Dios,

Padre justo y santo, Señor, rey del cielo y de la tierra,

te damos gracias por ser tú quien eres,

porque, por tu santa voluntad,

y por tu Hijo único con el Espíritu Santo,

has creado todas las cosas, espirituales y corporales.

Nos has hecho a tu imagen y semejanza,

nos has colocado en el paraíso;

y nosotros, caímos por nuestras faltas.

Te damos gracias porque,

igual que tú nos has creado por medio de tu Hijo

igualmente, por medio del santo amor con que nos has amado,

has hecho nacer a tu Hijo, verdadero Dios y verdadero hombre,

de la gloriosa Virgen, Santa María,

y, por su cruz, su sangre y su muerte,

has querido rescatarnos de nuestro cautiverio.

Te damos gracias porque este mismo Hijo

vendrá en la gloria de su majestad,

para mandar al fuego eterno a los malditos

que no han querido convertirse y reconocerte

y para decir a todos los que te habrán reconocido,

adorado y servido en la penitencia:

«Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo» (Mt 25,34).

Todos somos miserables y pecadores,

no somos dignos de nombrarte;

te rogamos, pues, aceptes

que nuestro Señor Jesucristo

tu Hijo muy amado en quien te complaces,

junto con el Espíritu Santo Paráclito,

sea él mismo quien te de gracias por todo,

tal como te place y como a él le place,

él, que te basta siempre y en todo,

él, por quien has hecho tanto por nosotros.

 ¡Aleluya!

20.8.24

Carta a los Filipenses 1, 3-11; Autor: San Pablo

Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes, es decir, en mis oraciones por todos ustedes a cada instante. Y lo hago con alegría, recordando la cooperación que me han prestado en el servicio
del Evangelio desde el primer día hasta ahora.

Y si Dios empezó tan buen trabajo en ustedes, estoy seguro de que lo continuará hasta concluirlo el día de Cristo Jesús. No puedo pensar de otra manera, pues los llevo a todos en mi corazón; ya esté en la cárcel o tenga que defender y promover el Evangelio, todos están conmigo y participan de la misma gracia.

Bien sabe Dios que la ternura de Cristo Jesús no me permite olvidarlos.

Pido que el amor crezca en ustedes junto con el conocimiento y la lucidez. Quisiera que saquen provecho de cada cosa y cada circunstancia, para que lleguen puros e irreprochables al día de Cristo, habiendo hecho madurar, gracias a Cristo Jesús, el fruto de la santidad. Esto será para gloria de Dios, y un honor para mí.

17.3.24

Confesión Nº 62, Autor: San Patricio


Pero ruego a quienes creen y temen a Dios: quienquiera se haya dignado observar o recibir este escrito que Patricio, pecador indocto sin duda, escribió en Irlanda, si algo pequeño hice o demostré según el agrado de Dios, que nadie vaya a decir que mi ignorancia lo hizo. Pensad más bien y creed con toda verdad que esto fue don de Dios.

22.2.24

Salmo 118(117),1.14-15.16ab-18.19-21.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor!

El Señor es mi fuerza y mi protección;

él fue mi salvación.

Un grito de alegría y de victoria

resuena en las carpas de los justos.

 

“La mano del Señor hace proezas,

La mano del Señor es sublime,

la mano del Señor hace proezas.

No, no moriré:

viviré para publicar lo que hizo el Señor.

El Señor me castigó duramente,

 

pero no me entregó a la muerte.

«Abran las puertas de la justicia

y entraré para dar gracias al Señor.»

«Esta es la puerta del Señor:

sólo los justos entran por ella.»

Yo te doy gracias porque me escuchaste

 

y fuiste mi salvación 

6.12.23

Deuteronomio 8, 11-14

 

Pero ten cuidado: no olvides al Señor, tu Dios, ni dejes de observar sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, que yo te prescribo hoy.

Y cuando comas hasta saciarte, cuando construyas casas confortables y vivas en ellas, cuando se multipliquen tus vacas y tus ovejas, cuando tengas plata y oro en abundancia y se acrecienten todas tus riquezas, no te vuelvas arrogante, ni olvides al Señor, tu Dios

8.7.23

Salmo 138(137),1-2a.2bcd-3.4-5.

 Te doy gracias, Señor, de todo corazón,

te cantaré en presencia de los ángeles.

Me postraré ante tu santo Templo.

 

y daré gracias a tu Nombre

por tu amor y tu fidelidad.

porque tu promesa ha superado tu renombre.

Me respondiste cada vez que te invoqué

y aumentaste la fuerza de mi alma.

 

Que los reyes de la tierra te bendigan

al oír las palabras de tu boca,

y canten los designios del Señor,

porque la gloria del Señor es grande.


10.10.10

Evangelio según San Lucas 17, 11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: "Jesús, maestro, ten compasión de nosotros."

Al verlos, les dijo: "Id a presentaros a los sacerdotes."

Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.

Éste era un samaritano.

Jesús tomó la palabra y dijo: "¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?"

Y le dijo: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado."

5.10.10

Deuteronomio 8,7-18.

Sí, el Señor, tu Dios, te va a introducir en una tierra fértil, un país de torrentes, de manantiales y de aguas profundas que brotan del valle y de la montaña. una tierra de trigo y cebada, de viñedos, de higueras y granados, de olivares, de aceite y miel; un país donde comerás pan en abundancia y donde nada te faltará, donde las piedras son de hierro y de cuyas montañas extraerás cobre. Allí comerás hasta saciarte y bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra fértil que él te dio. Pero ten cuidado: no olvides al Señor, tu Dios, ni dejes de observar sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, que yo te prescribo hoy. Y cuando comas hasta saciarte, cuando construyas casas confortables y vivas en ellas, cuando se multipliquen tus vacas y tus ovejas, cuando tengas plata y oro en abundancia y se acrecienten todas tus riquezas, no te vuelvas arrogante, ni olvides al Señor tu Dios, que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud, y te condujo por ese inmenso y temible desierto, entre serpientes abrasadoras y escorpiones. No olvides al Señor, tu Dios, que en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca, y en el desierto te alimentó con el maná, un alimento que no conocieron tus padres. Así te afligió y te puso a prueba, para que tu vieras un futuro dichoso. No pienses entonces: "Mi propia fuerza y el poder de mi brazo me han alcanzado esta prosperidad". Acuérdate del Señor, tu Dios, porque él te da la fuerza necesaria para que alcances esa prosperidad, a fin de confirmar la alianza que juró a tus padres, como de hecho hoy sucede.

4.11.09

Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 5,12-18

Os rogamos, hermanos, que tengáis en consideración a lo que trabajan entre vosotros y en el Señor os presiden y amonestan. Tened con ellos las mayores muestras de amor en atención a su oficio. Que haya paz entre vosotros. También os rogamos, hermanos, esto: corregid a los indisciplinados, alentad a los pusilánimes, sostened a los débiles y acoged a todos. Mirad que nadie devuelva a otro mal por mal, antes bien buscad siempre el bien entre vosotros y el de los demás. Estad siempre alegres y orad sin cesar. Dad gracias por todo, porque ésta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús.

9.8.09

Visitas al Santísimo Sacramento; Autor: San Alfonso María de Ligorio

¡Ah, Dios mío! Preguntan, ¿qué se hace en presencia de Jesús Sacramentado? ¿Y qué clase de bien deja de hacerse? Se ama, se alaba, se agradece, se pide... Y ¿qué hace un pobre en presencia de un rico?; ¿qué hace un enfermo ante el médico?; ¿qué hace un sediento a la vista de una fuente cristalina?; ¿qué hace un hambriento, en fin, ante un espléndido banquete?

30.9.08

Carta de San Pablo a los Filipenses 1, 2-11

Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotros, rogando siempre en todas mis oraciones por vosotros con alegría, por vuestra participación en el Evangelio desde el primer día hasta ahora, convencido de esto: que quien comenzó en vosotros la obra buena la llevará a cabo hasta el día de Cristo Jesús. Para mí es justo sentir así de todos vosotros, por cuanto os llevo en el corazón; a vosotros que sois partícipes de mi gracia en mis cadenas y en la defensa y consolidación del Evangelio: Pues testigo me es Dios de cuanto os amo a todos en la entrañas de Cristo Jesús. Y pido esto: que vuestra caridad crezca todavía más en conocimiento y en toda sabiduría, para que sepáis discernir lo mejor, a fin de que seáis puros y sin tacha para el día de Cristo, llenos del fruto de la justicia que es por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.