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9.4.25

Declaración del Concilio Vaticano II NOSTRA AETATE sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas

Por consiguiente, procuren todos no enseñar nada que no esté conforme con la verdad evangélica y con el espíritu de Cristo, ni en la catequesis ni en la predicación de la Palabra de Dios.

10.2.24

Discurso de S. S Benedicto XVI a los peregrinos alemanes. Lunes 25 de abril de 2005

No es verdad que la juventud piense sobre todo en el consumo y en el placer. No es verdad que sea materialista y egoísta. Es verdad lo contrario:  los jóvenes quieren cosas grandes. Quieren que se detenga la injusticia. Quieren que  se superen las desigualdades y que todos participen en los bienes de la tierra. Quieren que los oprimidos obtengan la libertad. Quieren cosas grandes. Quieren cosas buenas.

Por eso, los jóvenes -vosotros lo sois- están de nuevo totalmente abiertos a Cristo. Cristo no nos ha prometido una vida cómoda. Quien busca la comodidad, con él se ha equivocado de camino. Él nos muestra la senda que lleva hacia las cosas grandes, hacia el bien, hacia una vida humana auténtica. Cuando habla de la cruz que debemos llevar, no se trata del gusto del tormento o de un moralismo mezquino. Es el impulso del amor, que comienza por sí mismo, pero no se busca a sí mismo, sino que impulsa a la persona al servicio de la verdad, la justicia y el bien. Cristo nos muestra a Dios y, de esa forma, la verdadera grandeza del hombre.

6.11.20

Carta de San Pablo a los Efesios 6, 10-20

Hermanos, fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder. 

Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. 

Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio. 

Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. 

Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. 

Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz. 

Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno. 

Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. 

Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animados por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos, y también por mí, a fin de que encuentre palabras adecuadas para anunciar resueltamente el misterio del Evangelio, del cual yo soy embajador en medio de mis cadenas. ¡Así podré hablar libremente de él, como debo hacerlo! 

19.7.13

CREDO de Nicea-Constantinopla



Credo in unum Deum, 

Patrem omnipoténtem, 

factórem caeli et terrae,

visibílium óminum et invisíbilium. 

Et in unum Dóminum Iesum Chrustum

Filium Dei unigénitum. 

Et ex Patre natum ante ómnia saécula. 

Deum de Deo, lumen de lúmine,

Deum verum de Deo vero.

Géntium, non factum, consubtantialem Patri: 

per quem ómnia facta sunt. 

Qui propter nos hómines

et propter nostram salútem descéndit de caelis

Et incarnatus est de Spíritu Sancto
e
x María Vírgine et homo factus est.

Crucifixus étiam pro nobis:

sub Póntio Piláto passus et sepúltus est. 

Et resurréxit tértia die, secúndum scripturas.

Et ascédit in caelum: sedet ad déxtram Patris. 

Et íterum ventúrus est cum glória

inducáre vivos et mortuos:

cuius regni non erit finis. 

Et in Spíritum Sanctum,

Dóminum et vivificántem: 

qui ex Patre et Filióque prócedit. 

Qui cum Patre et Filio

simul adorátur et conglorificátur; 

qui locútus est per Prophétas. 

Et unam sanctam catholicam

et apostólicam Ecclésiam.

Confíteor unum baptisma

in remissiónem peccatórum. 

Et exspécto resurrectiónem mortuórum. 

Et venturi saéculi. Amén

"Creo en un solo Dios, 

Padre todopoderoso, 

Creador del cielo y de la tierra, 

de todo lo visible y lo invisible. 


Creo en un solo Señor, Jesucristo,

Hijo único de Dios, 

nacido del Padre antes de todos los siglos: 

Dios de Dios, 

Luz de Luz, 

Dios verdadero de Dios verdadero, 

engendrado, no creado, 

de la misma naturaleza del Padre,

por quien todo fue hecho; 

que por nosotros lo hombres, 

y por nuestra salvación 

bajó del cielo, 

y por obra del Espíritu Santo 

se encarnó de María, la Virgen, 

y se hizo hombre; 

y por nuestra causa fue crucificado 

en tiempos de Poncio Pilato; 

padeció y fue sepultado, 

y resucitó al tercer día, según las Escrituras, 

y subió al cielo, 

y está sentado a la derecha del Padre; 

y de nuevo vendrá con gloria 

para juzgar a vivos y muertos, 

y su reino no tendrá fin. 


Creo en el Espíritu Santo, 

Señor y dador de vida, 

que procede del Padre y del Hijo, 

que con el Padre y el Hijo 

recibe una misma adoración y gloria, 

y que habló por los profetas.


Creo en la Iglesia, 

que es una, santa, católica y apostólica.


Confieso que hay un solo bautismo 
para el perdón de los pecados. 


Espero la resurrección de los muertos 

y la vida del mundo futuro. 
Amén.

29.4.13

Hablar con Dios, Tomo VI, Nº 32, Autor: Francisco Fernández Carvajal


no enseñaban una verdad propia, sino el mensaje de Cristo que nos ha sido transmitido de generación en generación. Es el vigor de una Verdad que está por encima de las modas, de la mentalidad de una época concreta. Nosotros debemos aprender cada vez más a hablar de las cosas de Dios con naturalidad y sencillez, pero a la vez con la seguridad que Cristo ha puesto en nuestra alma. Ante la campaña de silencio organizada sistemáticamente -tantas veces denunciada por los Romanos Pontífices-para oscurecer la verdad, silenciar los sufrimientos que los católicos padecen a causa de su fe, o las obras rectas y buenas, que a veces apenas tienen ningún eco en los grandes medios de difusión, nosotros, cada uno en su ambiente, hemos de servir de altavoz a la verdad. Algunos Papas han calificado esta actitud de conspiración del silencio ( Cfr. PIO XI, Enc. Divini Redemptoris, 10-III-1937) ante las obras buenas, literarias, científicas, religiosas, de promoción social, de buenos católicos o de las instituciones que las promueven. Por el hecho mismo de ser católicos, muchos medios de difusión callan o los dejan en la penumbra.
Nosotros podemos hacer mucho bien en este apostolado de opinión pública. A veces llegaremos sólo a los vecinos o a los amigos que visitamos o nos visitan, o mediante una carta a los medios de comunicación o una llamada a un programa de radio que pide opiniones sobre un tema controvertido y que quizá tiene un fondo doctrinal que debe ser aclarado, respondiendo con criterio a una encuesta pública, aconsejando un buen libro... Debemos rechazar la tentación de desaliento, de que quizá «podemos poco». Un inmenso río que lleva un caudal enorme está alimentado de pequeños regueros que, a su vez, se han formado quizá gota a gota. Que no falte la nuestra. Así comenzaron los primeros cristianos en la difusión de la Verdad.

23.2.13

Carta a los Filipenses, Autor: San Policarpo de Esmirna


Estoy convencido de que estáis muy instruidos por los libros sagrados y que no ignoráis ninguno de sus misterios. Yo no soy tan erudito. Pero esta cita de las Sagradas Escrituras me basta: “si os dejáis llevar de la ira, que no sea hasta el punto de pecar.” (Ef 4,26) ¡Dichoso el que se acuerda de esta palabra! Creo que vosotros sois de éstos.

    

Que Dios, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, y él mismo, el Sumo Pontífice eterno (He 2,17), Jesucristo, el Hijo de Dios, os fortalezca en la fe y en la verdad, con toda dulzura, sin cólera, en la paciencia, la longanimidad, la valentía y la castidad. Que él os haga partícipes en la heredad de los santos, igual que a nosotros y a todos los que viven bajo el cielo y creen en Nuestro Señor Jesucristo y en su Padre que lo resucitó de entre los muertos. ¡Orad por todos los santos! ¡Orad también por los reyes, los príncipes, los magistrados, por todos aquellos que os persiguen y os odian, por los enemigos de la cruz, y así, todos puedan contemplar el fruto de vuestras vidas.

16.9.12

Homilía de S. S. Benedicto XVI en la clausura del Año Paulino


En los últimos decenios la palabra "fe adulta" se ha convertido en un eslogan generalizado. A menudo se entiende como la actitud de quien ya no escucha a la Iglesia y a sus pastores, sino que elige autónomamente lo que quiere creer y no creer, o sea, una fe fabricada por cada uno. Y se la presenta como "valentía" de expresarse contra el Magisterio de la Iglesia. Sin embargo, en realidad, para eso no hace falta valentía, porque siempre se puede estar seguro de obtener el aplauso público. Para lo que de verdad se requiere valentía es para adherirse a la fe de la Iglesia, aunque esta fe esté en contraposición con el "esquema" del mundo contemporáneo. Este es el inconformismo de la fe que san Pablo llama una "fe adulta". Esta es la fe que él quiere. En cambio, considera infantil el correr tras los vientos y las corrientes de la época.

Así, por ejemplo, forma parte de la fe adulta comprometerse en favor de la inviolabilidad de la vida humana desde su primer momento, oponiéndose radicalmente al principio de la violencia, de modo especial en defensa de las criaturas humanas más indefensas. Forma parte de la fe adulta reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida como ordenamiento del Creador, restablecido de nuevo por Cristo. La fe adulta no se deja zarandear de un lado a otro por cualquier corriente. Se opone a los vientos de la moda. Sabe que esos vientos no son el soplo del Espíritu Santo; sabe que el Espíritu de Dios se expresa y se manifiesta en la comunión con Jesucristo.

Con todo, tampoco aquí san Pablo se detiene en la negación, sino que nos lleva al gran "sí". Describe la fe madura, verdaderamente adulta, de un modo positivo con la expresión: "Obrar según la verdad en la caridad" (Ef 4, 15). El nuevo modo de pensar, que nos da la fe, se dirige ante todo hacia la verdad. El poder del mal es la mentira. El poder de la fe, el poder de Dios, es la verdad. La verdad sobre el mundo y sobre nosotros mismos se hace visible cuando miramos a Dios. Y Dios se nos hace visible en el rostro de Jesucristo. Contemplando a Cristo reconocemos algo más: la verdad y la caridad son inseparables. En Dios ambas son inseparablemente una sola cosa: esta es precisamente la esencia de Dios. Por eso, para los cristianos, la verdad y la caridad van juntas. La caridad es la prueba de la verdad. Siempre deberíamos regularnos según este criterio: que la verdad se transforme en caridad y la caridad nos lleve a la verdad.

4.3.12

Hablar con Dios, Tomo 3, Nº 19, Autor: Francisco Fernández Carvajal

El amor a la verdad debe defendernos de un cómodo conformismo, y nos llevará a discernir, a huir de las simplificaciones parciales, a dejar a un lado los canales informativos sectarios, a desechar el “se dice”, a buscar siempre la verdad y a contribuir positivamente a la buena información de los demás: enviando cartas aclaratorias a la prensa, aprovechando una información parcial o sectaria para hablar con veracidad y sentido positivo de ese tema dentro del círculo de personas en el que se desenvuelve nuestro vivir diario..., y, por supuesto, no colaborando -ni con una sola moneda- al sostenimiento de ese periódico, de esa revista, de ese boletín. Si todos los cristianos actuásemos así, cambiaríamos muy pronto la confusa situación de atropello a la dignidad de las personas que se produce en muchos países.

23.11.11

Constitución Dogmática Dei Verbum Nº 8

Así, pues, la predicación apostólica, que está expuesta de un modo especial en los libros inspirados, debía conservarse hasta el fin de los tiempos por una sucesión continua. De ahí que los Apóstoles, comunicando lo que de ellos mismos han recibido, amonestan a los fieles que conserven las tradiciones que han aprendido o de palabra o por escrito, y que sigan combatiendo por la fe que se les ha dado una vez para siempre. Ahora bien, lo que enseñaron los Apóstoles encierra todo lo necesario para que el Pueblo de Dios viva santamente y aumente su fe, y de esta forma la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que cree.

Esta Tradición, que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo: puesto que va creciendo en la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, ya por la contemplación y el estudio de los creyentes, que las meditan en su corazón y, ya por la percepción íntima que experimentan de las cosas espirituales, ya por el anuncio de aquellos que con la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad. Es decir, la Iglesia, en el decurso de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina, hasta que en ella se cumplan las palabras de Dios.

Las enseñanzas de los Santos Padres testifican la presencia viva de esta tradición, cuyos tesoros se comunican a la práctica y a la vida de la Iglesia creyente y orante. Por esta Tradición conoce la Iglesia el Canon íntegro de los libros sagrados, y la misma Sagrada Escritura se va conociendo en ella más a fondo y se hace incesantemente operativa, y de esta forma, Dios, que habló en otro tiempo, habla sin intermisión con la Esposa de su amado Hijo; y el Espíritu Santo, por quien la voz del Evangelio resuena viva en la Iglesia, y por ella en el mundo, va induciendo a los creyentes en la verdad entera, y hace que la palabra de Cristo habite en ellos abundantemente (cf. Col., 3,16).

4.10.11

Constitución Pastoral Gaudium et Spes Nº 26

El orden social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario. El propio Señor lo advirtió cuando dijo que el sábado había sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. El orden social hay que desarrollarlo a diario, fundarlo en la verdad, edificarlo sobre la justicia, vivificarlo por el amor. Pero debe encontrar en la libertad un equilibrio cada día más humano. Para cumplir todos estos objetivos hay que proceder a una renovación de los espíritus y a profundas reformas de la sociedad.

16.8.09

Caritas in Veritate Nº1, Autor: S. S. Benedicto XVI

La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. El amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz. Es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta. Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre (cf. Jn 8,22). Por tanto, defender la verdad, proponerla con humildad y convicción y testimoniarla en la vida son formas exigentes e insustituibles de caridad. Ésta «goza con la verdad» (1 Co 13,6). Todos los hombres perciben el impulso interior de amar de manera auténtica; amor y verdad nunca los abandonan completamente, porque son la vocación que Dios ha puesto en el corazón y en la mente de cada ser humano. Jesucristo purifica y libera de nuestras limitaciones humanas la búsqueda del amor y la verdad, y nos desvela plenamente la iniciativa de amor y el proyecto de vida verdadera que Dios ha preparado para nosotros. En Cristo, la caridad en la verdad se convierte en el Rostro de su Persona, en una vocación a amar a nuestros hermanos en la verdad de su proyecto. En efecto, Él mismo es la Verdad (cf. Jn 14,6).

otros párrafos de la Encíclica en: www. http://mislekturas-caritasinveritate.blogspot.com/

16.5.06

Constitución Dogmática Dei Verbum, Nº 19

La Santa Madre Iglesia firme y constantemente ha creído y cree que los cuatro referidos Evangelios, cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo que Jesús Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la salvación de ellos, hasta el día que fue levantado al cielo. los Apóstoles,, ciertamente, después de la ascensión del Señor, predicaron a sus oyentes lo que El había dicho y obrado, con aquella crecida inteligencia de que ellos gozaban, amaestrados por los acontecimientos gloriosos de Cristo y por la luz del Espíritu de verdad. Los autores sagrados escribieron los cuatro Evangelios escogiendo algunas cosas de las muchas que ya se trasmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas atendiendo a la condición de las Iglesias, reteniendo por fin la forma de proclamación de manera que siempre nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jesús

7.3.06

Mensaje para la Cuaresma 2006, Autor: Benedicto XVI

Por eso, la primera contribución que la Iglesia ofrece al desarrollo del hombre y de los pueblos no se basa en medios materiales ni en soluciones técnicas, sino en el anuncio de la verdad de Cristo, que forma las conciencias y muestra la auténtica dignidad de la persona y del trabajo, promoviendo la creación de una cultura que responda verdaderamente a todos los interrogantes del hombre.

6.2.06

Hablar con Dios, Tomo 3, Nº 35, Autor: Francisco Fernández Carvajal

El apostolado y el proselitismo que atraen a la fe o a una mayor entrega a Dios nacen del convencimiento de poseer la Verdad y el Amor, la verdad salvadora, el único amor que colma las ansias del corazón, siempre insatisfecho. Cuando se pierde esta certeza no se encuentra sentido a la difusión de la fe. Entonces, incluso en ambientes cristianos, se llega a pensar que no se puede influir para que los no cristianos --por ejemplo, ante las leyes en favor del divorcio y del aborto- apoyen una ley recta, según el querer divino. También pierde sentido el llevar la doctrina de Cristo a otras regiones donde todavía no ha llegado o no está hondamente arraigada la fe; en todo caso, la misión apostólica se convierte en una mera acción social en favor de la promoción de esos pueblos, olvidando el tesoro más rico que podrían darles: la fe en Jesucristo, la vida de la gracia... Son cristianos en los que la fe se ha debilitado y han olvidado, quizá, que la verdad es una, que hace más humanos a los hombres y a los pueblos, y abre el camino del Cielo.

3.2.06

Las Bienaventuranzas, Cáp. 21, Autor: Georges Chevrot

No condenemos a los fariseos de antaño antes de preguntarnos si no cedemos nosotros a la misma manía de dividir el mundo en dos bloques: los que piensan bien y los que piensan mal, los buenos y los malos, incluyéndonos, por descontado, en la primera categoría. Cuando oímos hablar de los "pecadores", ¿no pensamos inmediatamente en que se trata de los demás?

23.1.06

Hablar con Dios, Tomo 3, Nº 19, Autor: Francisco Fernández Carvajal

El amor a la verdad debe defendernos de un cómodo conformismo, y nos llevará a discernir, a huir de las simplificaciones parciales, a dejar a un lado los canales informativos sectarios, a desechar el “se dice”, a buscar siempre la verdad y a contribuir positivamente a la buena información de los demás: enviando cartas aclaratorias a la prensa, aprovechando una información parcial o sectaria para hablar con veracidad y sentido positivo de ese tema dentro del círculo de personas en el que se desenvuelve nuestro vivir diario..., y, por supuesto, no colaborando -ni con una sola moneda- al sostenimiento de ese periódico, de esa revista, de ese boletín. Si todos los cristianos actuásemos así, cambiaríamos muy pronto la confusa situación de atropello a la dignidad de las personas que se produce en muchos países.