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25.4.25

ORACIÓN PARA IMPLORAR SANTOS PAPAS; Autor: Mons. Athanasius Schneider

 ORACIÓN PARA IMPLORAR SANTOS PAPAS

(por Mons. Athanasius Schneider)

San Pedro el primer Papa que murió crucificado al revés

¡Señor, ten piedad! - ¡Señor, ten piedad!

¡Cristo, ten piedad! - ¡Cristo, ten piedad!

¡Señor, ten piedad! - ¡Señor, ten piedad!

¡Señor Jesucristo, Tú eres el Buen Pastor!

Con tu mano todopoderosa guías tu Iglesia peregrina a través de las tempestades de cada época. 

Adorna a la Santa Sede con santos Papas que no teman a los poderosos de este mundo ni se comprometan con el espíritu de la época, sino que preserven, fortalezcan y defiendan la fe católica hasta el derramamiento de su sangre, y observen, protejan y transmitan la venerable liturgia de la Iglesia Romana.

Oh, Señor, concédenos santos Papas que, inflamados con el celo de los Apóstoles, proclamen al mundo entero:

“En ningún otro está la salvación [fuera de Cristo]; pues no hay ningún otro nombre bajo el Cielo dado a los hombres por el que podamos ser salvados” (Hch 4,12).

Que a través de una era de santos Papas, la Santa Sede, que es la patria para todos los que promueven la fe católica y apostólica, brille siempre como cátedra de la verdad para el mundo entero.

Escúchanos, oh Señor, y por la intercesión del Inmaculado Corazón de María, Madre de la Iglesia, concédenos santos Papas, concédenos muchos santos Papas.

¡Ten piedad de nosotros y escúchanos!

Amén.

10.2.25

Hablar con Dios, Tomo 3, N° 32, Autor: Francisco Fernández Carvajal

 

Son pocos, efectivamente, en comparación a todos los fieles que componen la Iglesia, los hombres a los que pide el Señor un testimonio de la fe derramando su sangre, dando su vida en el martirio (mártir significa testigo), pero sí nos pide a todos la entrega de la vida, poco a poco, con heroísmo escondido, en el cumplimiento fiel del deber: en el trabajo, en la familia, en la lucha por ser siempre coherentes con la fe cristiana, con un ejemplo que arrastra y estimula. Por esto, no basta con que vivamos interiormente la doctrina de Cristo: falsa fe sería aquella que careciera de manifestaciones externas. Por pasividad, por afán de no comprometerse, no pueden dar a entender los cristianos que no estiman su fe como lo más importante de su vida o no consideran las enseñanzas de la Iglesia como un elemento vital de su conducta. «El Señor necesita almas recias y audaces, que no pacten con la mediocridad y penetren con paso seguro en todos los ambientes" (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Surco, n. 405)

11.9.19

Hablar con Dios, Tomo VI, N° 52; Autor Francisco Fernandez Carvajal

Juan Pablo I, en la catequesis que llevó a cabo en su corto pontificado, hizo mención de la ejemplar historia de las dieciséis carmelitas mártires durante la Revolución francesa, beatificadas por Pío X. Parece que durante el proceso se pidió que fueran condenadas «a muerte por fanatismo». Una de ellas preguntó al juez: «¿qué quiere decir fanatismo?», y él le contestó: «Vuestra boba pertenencia a la religión». Pronunciada la sentencia, mientras las conducían hacia el cadalso, cantaban himnos religiosos; llegadas al lugar de la ejecución, una tras otra se arrodillaron ante la Priora para renovar su voto de obediencia. Después entonaron el Veni Creator; el canto se iba haciendo cada vez más débil a medida que las cabezas de las religiosas caían bajo la guillotina. Quedó en último lugar la Priora, cuyas últimas palabras fueron éstas: «El amor saldrá siempre victorioso, el amor lo puede todo» .