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21.2.22

Y vosotros, ¿Quién decís que soy?, Autor San Pablo VI

Debo proclamar su nombre: Jesús es “el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,6). Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, él es “el primogénito de toda criatura”, es el que “todo se mantiene en él” (Col 1,15.17). Es el señor de la humanidad y su redentor; nació, murió y resucitó por nosotros.

Es el centro de la historia del mundo; nos conoce y nos ama; es el compañero y amigo de nuestra vida “el hombre de dolores” (Is 53,3) y de la esperanza; es el que ha de venir y que, al final será nuestro juez y también, es nuestra confianza, nuestra vida plena y nuestra bienaventuranza.

No acabaría nunca de hablar de él; es la luz, es la verdad; mucho más, es “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). Él es el pan, la fuente de agua viva que sacia nuestra hambre y nuestra sed. Es nuestro pastor, nuestro jefe, nuestro modelo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Igual que nosotros y más que nosotros ha sido pequeño, pobre, humillado, trabajador, oprimido, sufriente.

18.3.12

Exhortación Apostólica Gaudete in Domino, Nº 8, Autor: S. S. Pablo VI

La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría. Porque la alegría tienen otro origen. Es espiritual. El dinero, el confort, la higiene, la seguridad material no faltan con frecuencia; sin embargo, el tedio, la aflicción, la tristeza forman parte, por desgracia, de la vida de muchos. Esto llega a veces hasta la angustia y la desesperación que ni la aparente despreocupación ni el frenesí del gozo presente o los paraísos artificiales logran evitar. ¿Será que nos sentimos impotentes para dominar el progreso industrial y planificar la sociedad de una manera humana? ¿Será que el porvenir aparece demasiado incierto y la vida humana demasiado amenazada? ¿O no se trata más bien de soledad, de sed de amor y de compañía no satisfecha, de un vacío mal definido?