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14.4.26

Un camino muy sencillo; Autora: Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)

 “Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido”

Cada noche, antes de acostaros, debéis hacer vuestro
examen de conciencia (¡porque no sabéis si al día siguiente estaréis todavía en este mundo!)
. Cualquiera que sea el mal que habéis hecho debéis comprometeros a repararlo si es posible. Si, por ejemplo, habéis robado alguna cosa, intentad devolverla. Si habéis ofendido a alguien, procurad excusaros lo más pronto posible. Si es imposible reparar, expresad a Dios vuestra pena y vuestro remordimiento. Es muy importante, porque debemos ser capaces de arrepentirnos para volvernos capaces de amor. Podrías decir, por ejemplo: “Señor, tengo pena por haberte ofendido  y te prometo hacer todo lo mejor que sepa para no recaer”. Entonces, de golpe, ¡qué impresión de bienestar, de liberación, de sentir el corazón purificado! Acordaos de que Dios es misericordia. Es nuestro Padre solícito, dispuesto a perdonar y olvidarlo todo, con la sola condición de que nosotros hagamos otro tanto con los que nos han hecho algún mal.

Examinad, pues, el fondo de vuestro corazón para ver si no hay en él algún resentimiento escondido hacia vuestro prójimo. En efecto, ¿Cómo podríamos pedir a Dios que nos perdone si no quisiéramos perdonar a los otros? Acordaos, pues, que si os arrepentís verdaderamente con corazón generoso, a los ojos de Dios vuestras faltas serán olvidadas. Él os perdonará siempre si vuestro arrepentimiento es sincero. Orad, pues, para perdonar a los que os han ofendido, para amar a los que no amáis, y sabed perdonar inmediatamente así como Dios os ha perdonado.

27.10.24

Un camino sencillo; Autora: Santa Teresa de Calcuta

Todos aspiramos a ser felices y a estar en paz. Hemos sido creados para eso y no podemos encontrar la felicidad y la paz sin amar a Dios, amarlo nos trae felicidad y bienestar. Muchos, sobre todo en Occidente, piensan que vivir en la comodidad da la felicidad. Yo pienso que es más difícil ser feliz en la riqueza pues las preocupaciones para ganar dinero y conservarlo nos ocultan a Dios. Sin embargo, si Dios les ha confiado riquezas, háganlas que sirvan a sus obras: ayuden a los demás, ayuden a los pobres, creen empleos, den empleos a los demás. No malgasten vanamente su fortuna; tener una casa, honores, la libertad, la salud, todo esto nos ha sido confiado por Dios para ponerlo al servicio de aquellos que son menos afortunados que nosotros.

Jesús dijo: «lo que hagan con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí» (Mt 25:40). Por consecuente, la única cosa que puede entristecerme es ofender a nuestro Señor por mi egoísmo, mi falta de caridad hacia los demás o de ofender a alguien. Hiriendo a los pobres, hiriéndonos los unos a los otros, herimos a Dios.

Es a Dios a quien pertenece el dar y retomar (Job 1:21); compartan entonces lo que han recibido, incluso sus propias vidas.

 

 

21.8.24

El amor más grande «la santidad, Autora: Santa Teresa de Calcuta (1910-1997) fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad

Todos sabemos que existe un Dios que nos ama, que nos ha creado. Podemos acudir a él y pedirle: «Padre mío, ayúdame. Deseo ser santa, deseo ser buena, deseo amar. La santidad no es un lujo para unos pocos, ni está restringida sólo a algunas personas. Está hecha para ti, para mí y para todos. Es un sencillo deber, porque si aprendemos a amar, aprendemos a ser santos.

El primer paso para ser santo, es desearlo. Jesús quiere que seamos tan santos como su Padre. La santidad consiste en hacer la voluntad de Dios con alegría. Las palabras «deseo ser santo» significan: quiero despojarme de todo lo que no sea Dios; quiero despojarme y vaciar mi corazón de cosas materiales. Quiero renunciar a mi voluntad, a mis inclinaciones, a mis caprichos, a mi inconstancia y ser un esclavo generoso de la voluntad de Dios.

Con una total voluntad amaré a Dios, optaré por Él, correré hacia Él, llegaré a Él y lo poseeré. Pero todo depende de las palabras, «Quiero» o «No quiero». He puesto toda mi energía en la palabra «Quiero».

22.12.23

No hay amor más grande, carta 1997, pag. 57; Autora: Santa Teresa de Calcuta

 

Llamados a ser santos 

¿Cuál es la voluntad de Dios acerca de nosotros? ¡Que seamos santos! La santidad es el don más grande que Dios nos puede dar porque nos ha creado para este fin. Someterse a aquel o a aquella que se ama es más que un deber: es el secreto mismo de la santidad.

Como recuerda san Francisco, cada uno de nosotros somos lo que somos ante Dios, nada más, nada menos. Todos somos llamados a ser santos. No hay nada de extraordinario en esta vocación. Todos hemos sido creados a imagen de Dios para amar y ser amados. Jesús desea nuestra santidad con un ardor inefable: “Porque ésta es la voluntad de Dios: que viváis como consagrados a él”(1Tes 4,3). Su divino corazón desborda de un deseo insaciable de vernos progresar en la santidad.

Debemos renovar cada día nuestra decisión de avanzar en el fervor como si se tratara del primer día de nuestra conversión, diciendo: “Ayúdame, Señor, Dios mío, en mis buenos propósitos en tu servicio, y dame la gracia de comenzar hoy mismo, porque lo que he hecho hasta ahora no ha sido nada.” No podemos renovarnos interiormente si no tenemos la humildad de reconocer aquello en nosotros que necesita ser renovado.