18.6.13

Evangelio según San Mateo 6,1-4


Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha,  para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

13.6.13

Homilía sobre el evangelio de Marcos, n° 9 - 8; SC 494, Autor: San Jerònimo


Cuando leo el evangelio y encuentro testimonios de la Ley y de los 
profetas, no considero en ello otra cosa que a Cristo. Cuando contemplo a 
Moisés, cuando leo a los profetas es para comprender lo que dicen de 
Cristo. El día que habré llegado a entrar en el resplandor de la luz de 
Cristo y brille en mis ojos como la luz del sol, ya no seré capaz de mirar 
la luz de una lámpara. Si alguien enciende una lámpara en pleno día, la 
luz de la lámpara se desvanece. Del mismo modo, cuando uno goza de la 
presencia de Cristo, la Ley y los profetas desaparecen. No quito nada a la 
gloria de la Ley y de los profetas; al contrario, los enaltezco como 
mensajeros de Cristo. Porque cuando leo la Ley y los profetas, mi meta no 
es la Ley y los profetas sino, por la Ley y los profetas quiero llegar a 
Cristo.

12.6.13

Segunda Carta de San Pablo a los Corintios 4, 5-6


Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor, y nosotros no somos más que servidores de ustedes por amor de Jesús. Porque el mismo Dios que dijo: «Brille la luz en medio de las tinieblas», es el que hizo brillar su luz en nuestros corazones para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios, reflejada en el rostro de Cristo.

10.6.13

Audiencia General de Juan Pablo I - 13 de septiembre de 1978



A la derecha, en cambio, están los recién casados. Han recibido un gran sacramento; deseémosles que el sacramento recibido sea de verdad portador no sólo de bienes materiales, sino más aún de gracias espirituales. El siglo pasado había en Francia un profesor insigne, Federico Ozanam; enseñaba en la Sorbona, era elocuente, estupendo. Tenía un amigo, Lacordaire, que solía decir: “¡Este hombre es tan estupendo y tan bueno que se hará sacerdote y llegará a ser todo un obispo!” Pero no. Encontró a una señorita excelente y se casaron. A Lacordaire no le sentó bien y dijo: « ¡Pobre Ozanam! ¡También él ha caído en la trampa! ». Dos años después, Lacordaire vino a Roma y fue recibido por Pío IX; « Venga, venga, padre, --le dijo--yo siempre había oído decir que Jesús instituyó siete sacramentos: ahora viene usted, me revuelve las cartas en la mesa, y me dice que ha instituido seis sacramentos y una trampa. No, padre, el matrimonio no es una trampa, ¡es un gran sacramento! »



4.6.13

Sermón 148, Autor: San Pedro Crisólogo


Hombre, ¿por qué te consideras tan vil, tú que tanto vales a los ojos de Dios? ¿Por qué te deshonras de tal modo, tú que has sido tan honrado por Dios? ¿Por qué te preguntas tanto de dónde has sido hecho, y no te preocupas de para qué has sido hecho? ¿Por ventura todo este mundo que ves con tus ojos no ha sido hecho precisamente para que sea tu morada?. Para ti ha sido creada esta luz que aparta las tinieblas que te rodean; para ti ha sido establecida la ordenada sucesión de días y noches; para ti el cielo ha sido iluminado con este variado fulgor del sol, de la luna, de las estrellas; para ti la tierra ha sido adornada con flores, árboles y frutos; para ti ha sido creada la admirable multitud de seres vivos que pueblan el aire, la tierra y el agua, para que una triste soledad no ensombreciera el gozo del mundo que empezaba. Y el Creador encuentra el modo de acrecentar aún más tu dignidad: pone en ti su imagen (Gn 1,26), para que de este modo hubiera en la tierra una imagen visible de su Hacedor invisible y para que hicieras en el mundo sus veces, a fin de que un dominio tan vasto no quedara privado de alguien que representara a su Señor. Más aún, Dios, por su clemencia, tomó en sí lo que en ti había hecho por sí y quiso ser visto realmente en el hombre, en el que antes sólo había podido ser contemplado en imagen; y concedió al hombre ser en verdad lo que antes había sido solamente en semejanza... La Virgen concibió y dio a luz un hijo (Mt 1,23-25).

2.6.13

Panis Angelicus, Autor: Santo Tomás de Aquino

LATÍN :
Panis angelicus
fit panis hominum;
Dat panis coelicus
figuris terminum:
O res mirabilis!
manducat Dominum
Pauper, servus, et humilis.

Te trina Deitas
unaque poscimus:
Sic nos tu visita,
sicut te colimus;
Per tuas semitas
duc nos quo tendimus,
Ad lucem quam inhabitas.
Amen.

ESPAÑOL :
Pan de los Angeles,
se convierte en pan de los hombres;
El Pan del cielo
termina con todas las prefiguraciones:
¡Oh cosa admirable!
Consume a tu Señor
el pobre,siervo y humilde.

Rogamos a Ti,
Dios, Uno en Tres,
Que así vengas a nosotros,
como a ti te damos culto.
Por tus caminos
guíanos adonde anhelamos,
a la luz en la que moras.
Amen.

29.5.13

Primera Carta a los Corintios 2, 14; Autor: San Pablo


El hombre puramente natural no valora lo que viene del Espíritu de Dios: es una locura para él y no lo puede entender, porque para juzgarlo necesita del Espíritu.

28.5.13

Constitución Dogmática Dei Verbum sobre la Revelación Divina Nº 21


La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia. Siempre las ha considerado y considera, juntamente con la Sagrada Tradición, como la regla suprema de su fe, puesto que, inspiradas por Dios y escritas de una vez para siempre, comunican inmutablemente la palabra del mismo Dios, y hacen resonar la voz del Espíritu Santo en las palabras de los Profetas y de los Apóstoles.
Es necesario, por consiguiente, que toda la predicación eclesiástica, como la misma religión cristiana, se nutra de la Sagrada Escritura, y se rija por ella. Porque en los sagrados libros el Padre que está en los cielos se dirige con amor a sus hijos y habla con ellos; y es tanta la eficacia que radica en la palabra de Dios, que es, en verdad, apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual. Muy a propósito se aplican a la Sagrada Escritura estas palabras: "Pues la palabra de Dios es viva y eficaz", "que puede edificar y dar la herencia a todos los que han sido santificados".

25.5.13

18.5.13

Secuencia de Pentecostés, Autor: Padre Javier Barros


1. Ven, oh Santo Espíritu,
y envíanos tu luz.
Tú serás la claridad
que inunde el corazón.

2. Padre de los pobres
ven a enriquecer,
te lo suplicamos,
todo nuestro ser.

3. Tú eres quien consuela,
amigo siempre fiel.
Tregua en el trabajo,
brisa en el calor.
4. Tú eres el descanso,
la ponderación.
Cuando viene el llanto,
la consolación.

5. Eres luz hermosa
que regala amor.
¡No nos abandones,
Espíritu de Dios!

6. ¡Sana las heridas,
limpia el corazón!
Dale tú el calor
y oriéntalo.

7. Con tus siete dones
ven repártelos,
tu bondad, tu gracia
nos den inspiración.

8. Salva al que busca
la salvación.
Danos alegría.
Amén. Aleluya.

13.5.13

Surco Nº 90, Autor: San Josemaría

¿Optimismo?, siempre! También cuando las cosas salen aparentemente mal: quizá es ésa la hora de romper a cantar, con un Gloria, porque te has refugiado en El, y de El no te puede venir más que el bien.

11.5.13

El Sentido de la Filiación Divina Pg. 190-191, Autor: Fernando Ocariz

Nuestro ser hijos de Dios en Cristo confiere a la fraternidad cristiana unas características sobrenaturales precisas. Esa fraternidad es unidad: todos somos uno en Cristo. A la luz del misterio de ser ipse Christus, de la realidad de la Comunión de los Santos, del Cuerpo Místico, la fraternidad entre los cristianos se manifiesta, no como una horizontalidad, sino como una verticalidad en Cristo. Nuestro real ser hermanos de todos los cristianos es, por tanto, algo mucho más estrecho, una ligazón mucho más fuerte que la simple hermandad derivada de la posesión de una misma naturaleza específica; supera incomparablemente a esa genérica fraternidad humana universal. De alguna manera -mística, pero real: con contenido metafísico- los cristianos más que ser muchos hermanos, somos uno: ipse Christus.

5.5.13

Para Llegar a Puerto Pg. 98, Autor: Francisco Fernández Carvajal


Se recomienza y se lucha ante todo por darle "una alegría" al Señor: quien ama busca contentar al amado, aunque personalmente le cueste sacrificio. En este sentido preguntaba el Papa Juan Pablo II: "qué es la santidad?". Y respondía: "Es precisamente la alegría de hacer la Voluntad de Dios"
No se trata, pues, de hacer un esfuerzo ascético sobrehumano para alcanzar unas determinadas metas, como podríamos hacer en cualquier otro empeño difícil. No se pretende la perfección por si misma, la "autoperfección", sino crecer en al amor a Dios en el que tienen su origen y al que llevan las virtudes verdaderas. Por eso no se insistirá tanto en el cumplimiento material de una determinada virtud, sino en el amor a Dios que supone la lucha por cumplirla. No se trata de llegar al final de nuestra carrera con un expediente sin borrón alguno, sino de empeñarnos en cumplir con amor la voluntad de Dios.

3.5.13

Hablar con Dios, Tomo II Nº 79, Autor: Francisco Fernández Carvajal


En la Santa Misa encontramos el momento más oportuno para renovar el ofrecimiento de nuestra vida y de las obras del día. Cuando el sacerdote ofrece el pan y el vino, nosotros ofrecemos cuanto somos y poseemos, y todo aquello que nos proponemos hacer en esa jornada que comienza. En la patena ponemos la memoria, la inteligencia, la voluntad... Además, familia, trabajo, alegrías, dolor, preocupaciones... Y las jaculatorias y actos de desagravio, las comuniones espirituales, las pequeñas mortificaciones, los actos de amor con que esperamos llenar el día. Siempre resultarán pobres y pequeños estos dones que ofrecemos, pero al unirse a la oblación de Cristo en la Misa se hacen inconmensurables y eternos. “Todas sus obras, sus oraciones e iniciativas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el cotidiano trabajo, el descanso de alma y de cuerpo, si son hechas en el Espíritu, e incluso las mismas pruebas de la vida, si se sobrellevan pacientemente, se convierten en sacrificios espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo (Cfr. 1 Pdr 2, 5), que en la celebración de la Eucaristía se ofrecen piadosamente al Padre junto con la oblación del Cuerpo del Señor” ( CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, 34).

29.4.13

Hablar con Dios, Tomo VI, Nº 32, Autor: Francisco Fernández Carvajal


no enseñaban una verdad propia, sino el mensaje de Cristo que nos ha sido transmitido de generación en generación. Es el vigor de una Verdad que está por encima de las modas, de la mentalidad de una época concreta. Nosotros debemos aprender cada vez más a hablar de las cosas de Dios con naturalidad y sencillez, pero a la vez con la seguridad que Cristo ha puesto en nuestra alma. Ante la campaña de silencio organizada sistemáticamente -tantas veces denunciada por los Romanos Pontífices-para oscurecer la verdad, silenciar los sufrimientos que los católicos padecen a causa de su fe, o las obras rectas y buenas, que a veces apenas tienen ningún eco en los grandes medios de difusión, nosotros, cada uno en su ambiente, hemos de servir de altavoz a la verdad. Algunos Papas han calificado esta actitud de conspiración del silencio ( Cfr. PIO XI, Enc. Divini Redemptoris, 10-III-1937) ante las obras buenas, literarias, científicas, religiosas, de promoción social, de buenos católicos o de las instituciones que las promueven. Por el hecho mismo de ser católicos, muchos medios de difusión callan o los dejan en la penumbra.
Nosotros podemos hacer mucho bien en este apostolado de opinión pública. A veces llegaremos sólo a los vecinos o a los amigos que visitamos o nos visitan, o mediante una carta a los medios de comunicación o una llamada a un programa de radio que pide opiniones sobre un tema controvertido y que quizá tiene un fondo doctrinal que debe ser aclarado, respondiendo con criterio a una encuesta pública, aconsejando un buen libro... Debemos rechazar la tentación de desaliento, de que quizá «podemos poco». Un inmenso río que lleva un caudal enorme está alimentado de pequeños regueros que, a su vez, se han formado quizá gota a gota. Que no falte la nuestra. Así comenzaron los primeros cristianos en la difusión de la Verdad.

27.4.13

Carta a los Hebreos 12,11

Es verdad que toda corrección, en el momento de recibirla, es motivo de tristeza y no de alegría; pero más tarde, produce frutos de paz y de justicia en los que han sido adiestrados por ella.

25.4.13

Compendio Teológico 2,1, Autor: Santo Tomás de Aquino


Cuando la petición se dirige a un hombre, se debe primero expresar el deseo y la necesidad por la que ruega. Tiene por objeto también doblegar el corazón al que se pide, hasta hacerlo ceder. Más, estas dos cosas no tienen razón de ser cuando la oración se dirige a Dios. Cuando oramos no tenemos que inquietarnos por expresar a Dios nuestros deseos o nuestras necesidades, ya que Dios lo sabe todo (Mt 6,8)... No obstante, la oración nos es necesaria para obtener la gracia de Dios; El caso es que ejerce una influencia sobre el que ruega, con el fin de que considere sus propias pobrezas e incline su alma a desear con fervor y espíritu filial lo que espera obtener por la oración. Se hace, por esto, capaz de recibirlo...

    

La oración nos hace cercanos a Dios ya que nuestras almas se elevan hacia él, conversan afectuosamente con él y lo adoran en espíritu y en verdad (Jn 4,23) Esta intimidad adquirida en la oración incita al hombre a la oración confiada. Por esto está escrito en los salmos: “Yo te invoco, oh Dios, porque tú me respondes.” (Sal 16,6) El salmista es acogido por Dios al inicio de la oración, luego ora con una confianza mayor. Así que en nuestra oración a Dios, la frecuencia o la insistencia no están fuera de lugar, antes bien son agradables a Dios; porque hay “necesidad de orar siempre sin desanimarse.” (Lc 18,1) y en otro lugar, el Señor nos invita “pedid y recibiréis; buscad y encontraréis, llamad, y os abrirán.” (Lc 11,9)     

19.4.13

Evangelio según San Lucas 6, 26

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.

18.4.13

Hablar con Dios, Tomo II, N° 66

La unidad invisible de la Iglesia tiene múltiples manifestaciones visibles. Momento privilegiado de esta unidad tiene lugar en el sacramento que recibe precisamente el nombre de Comunión, en ese augusto Sacrificio que es uno en toda la tierra. Uno es el Sacerdote que lo ofrece, una la Víctima, uno el pueblo que también lo ofrece, uno el Dios a quien se ofrece, uno el resultado de la ofrenda: Porque el pan es uno, somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan (1 Cor 10, 17). Lo mismo que este pan era ayer todavía un puñado de granos sueltos, así los cristianos, en la medida de su unión con Cristo, se funden en un solo cuerpo, aunque provengan de lugares y condiciones bien diversas. «En el sacramento del pan eucarístico –afirma el Concilio Vaticano II– se representa y se reproduce la unidad de los fieles»(Conc. Vat. II, Const. Lumen Gentium),. Es «el sacramento de la caridad»(Santo Tomás, Suma Teológica, 3, q. 73, a. 3), que reclama la unión entre los hermanos.

17.4.13

Homilías sobre el Evangelio Nº 24, Autor: San Gregorio Magno



El mar es el símbolo del mundo actual, agitado por la tempestad de los asuntos y la marejada de la vida caduca. La orilla firme es la figura del reposo eterno. Los discípulos trabajan en el mar ya que todavía siguen en la lucha contra las olas de la vida mortal. Pero nuestro Redentor, está en la orilla pues ya ha superado la condición de una carne frágil. Por medio de estas realidades naturales, Cristo nos quiere decir, a propósito del misterio de su resurrección: “No me aparezco ahora en medio del mar porque ya no estoy con vosotros en el bullicio de las olas”. (Mt 14,25) 
    
    

Por esto dice a los discípulos: “Cuando aún estaba entre vosotros ya os dije que era necesario que se cumpliera todo lo escrito sobre mí...” (cf Lc 24,44) De aquí en adelante, ya no estaba con ellos de la misma manera. Estaba allí, apareciendo corporalmente a sus ojos, pero...su carne inmortal distaba mucho de sus cuerpos mortales. Su cuerpo en la orilla, cuando ellos todavía navegaban por el mar, indica bien a las claras que él había superado aquel modo de existencia, pero que no obstante estaba con ellos.

13.4.13

Algo Bello Para Dios Pg 64, Autora: Beata Teresa de Calcuta


“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.” (Dt 5,6) Este es el mandamiento de Dios y él no puede pedir lo imposible. El amor es un fruto que madura en todas las estaciones y siempre está disponible. Todo el mundo lo puede coger. No hay límite que se imponga a nuestro deseo. La meditación y el espíritu de oración, el sacrificio y la intensidad de la vida interior son para todos nosotros los medios de alcanzar este amor.
    
    
Si no hay ningún límite es porque Dios es amor, (1Jn 4,8) y el amor es Dios. Lo que realmente nos une a Dios es una relación de amor. Y el amor de Dios es infinito. Y tener parte en este amor significa amar y darse hasta el sacrificio. Por esto, no se trata tanto de lo que hacemos como del amor con que lo hacemos, con que nos entregamos. Por esto, la gente que no sabe ni dar ni recibir amor son, aunque tengan muchas riquezas, las personas más pobres de los pobres.

11.4.13

Hablar con Dios, Tomo II, N° 58, Autor: Francisco Fernández Carvajal

Un cristiano no debe prescindir de la luz de la fe a la hora de valorar un programa político o social, o una obra de arte o cultural. No se detendrá en la consideración de un solo aspecto –económico, político, técnico, artístico...– para dar por buena una realidad. Si en ese acontecimiento político o social o en esa obra no se guarda la debida ordenación a Dios –manifestada en las exigencias de la Ley divina–, su valoración definitiva no puede ser más que una, negativa, cualquiera que sea el valor parcial de otros aspectos de esa realidad.



No se puede alabar esa política, esa ordenación social, una determinada obra cultural, cuando se transforma en instrumento del mal. Es una cuestión de estricta moralidad y, por tanto, de buen sentido. ¿Quién alabaría un insulto a su propia madre, porque estuviese compuesto en un verso con gran perfección rítmica? ¿Quién lo difundiría, alabando sus perfecciones, aun advirtiendo que eran solo «formales»? Es manifiesto que la perfección técnica de los medios no hace más que agravar la maldad de la cosa en sí desordenada, que de otra manera quizá pasaría inadvertida o tendría menos virulencia.

Ante crímenes abominables, como calificaba el Concilio Vaticano II a los abortos, la conciencia cristiana rectamente formada exige no participar en su realización, desaconsejarlos vivamente, impedirlos si es posible y, además, participar activamente por evitar o subsanar esa aberración moral en el ordenamiento jurídico. Ante esos hechos gravísimos, y otros semejantes que también se oponen frontalmente a la moral, nadie puede pensar que no puede hacer nada. Lo poco que cada uno puede hacer, debe hacerlo: especialmente participar con sentido de responsabilidad en la vida pública. «Mediante el ejercicio del voto encomendamos a unas instituciones determinadas y a personas concretas la gestión de asuntos públicos. De esta decisión colectiva dependen aspectos muy importantes de la vida social, familiar y personal, no solamente en el orden económico y material, sino también en el moral»(Conferencia Episcopal Española, Los católicos en la vida pública, n. 118). 


En las manos de todos, de cada uno, si actúa con sentido sobrenatural y sentido común, está la tarea de hacer de este mundo, que Dios nos ha dado para habitar, un lugar más humano y medio de santificación personal. Si nos esforzamos en cumplir los deberes sociales, vivamos en una gran ciudad o en un pueblecito perdido, con un cargo importante o humilde en la sociedad, aunque pensemos que nuestra aportación es minúscula, seremos fieles al Señor, también si un día el Señor nos pide una actuación más heroica: Quien es fiel en lo poco, lo es también en lo mucho.(Lc 16, 10).

10.4.13

La vida interior, Autor: J. Tissot, p. 100

Guiarme por el sentimiento sería dar la dirección de la casa al criado y hacer abdicar al dueño. Lo malo no es el sentimiento sino la importancia que se le concede (...). Las emociones constituyen en ciertas almas toda la piedad, hasta tal punto que están persuadidas de haberla perdido cuando en ellas desaparece el sentimiento (...). ¡Si esas almas supieran comprender que ese es precisamente el momento de comenzar a tenerla!

3.4.13

Evangelio según san Lucas 24, 25

¡Qué poco entienden ustedes y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas!