25.1.06

Las Bienaventuranzas, Cáp. 13, Autor: Georges Chevrot

San Mateo la enuncia así: Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. San Lucas, según su costumbre, emplea una fórmula más absoluta: Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis, y la hace seguir de esta imprecación simétrica: ¡Ay de vosotros los que ahora réis, porque gemiréis y lloraréis!
Comentaremos primero este último texto, pues así seguiremos con mayor claridad el desarrollo del pensamiento del Salvador.
¡Ay de vosotros los que ahora reís! ¿Quienes son esos reidores que caen bajo el anatema del Maestro? No es imposible que sus oyentes atendieran sobre todo al adverbio ahora. Desde hace dos siglos, Palestina había conocido varias invasiones enemigas y había pasado sucesivamente, bajo el yugo de diferentes dueños extranjeros. Su población, cada vez más diezmada y expoliada, padecía por entonces la ley de Roma: estaba agobiada de impuestos y era celosamente vigilada por el ocupante. Ahora bien, mientras que la nación estaba de luto y la mayoría de sus hijos gemía en la desolación, algunos hombres habían logrado forjarse una existencia confortable: su lujo y sus fiestas formaban así un escandaloso contraste con las desdichas comunes. En tal coyuntura, la vengadora frase les alcanzaba en lo vivo: "¡Ay de vosotros los que ahora reís!"

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