12.4.15
Hablar con Dios, Tomo 2, Nº 53, Autor: Francisco Fernández Carvajal
El Señor nos espera en la familia, en la Universidad, en la fábrica, en las asociaciones más diversas, dispuestos a recristianizar de nuevo el mundo: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda la creación, nos sigue diciendo el Señor. Es la nuestra una época en la que Cristo necesita hombres y mujeres que sepan estar junto a la Cruz, fuertes, audaces, sencillos, trabajadores, sin respetos humanos a la hora de hacer el bien, alegres, que tengan como fundamento de sus vidas la oración, un trato lleno de amistad con Jesucristo.
10.4.15
Abandono en la Providencia Divina, Autor: Juan Pedro de Caussade
“¡Es el Señor!”
En las manos de
Dios todas las criaturas son vivas; es cierto que los sentidos no perciben más
que la acción de la criatura, pero la fe cree en la acción divina sobre todo.
Ve que Jesucristo vive en todo y opera a lo largo de todos los siglos, que el
más mínimo instante y el más pequeño de los átomos encierran una porción de
esta vida escondida y de esta acción misteriosa. La acción de las criaturas es
un velo que encubre los profundos misterios de la acción divina.
Después de su
Resurrección, Jesucristo, en sus apariciones, sorprendía a sus discípulos, se presentaba
a ellos bajo figuras que le disfrazaban, y tan pronto como se daba a conocer,
desaparecía. Este mismo Jesús que está siempre viviente y operante, todavía
sorprende a las almas que no tiene la fe suficientemente pura ni profunda. No
hay ningún momento en el que Dios no se presente debajo de alguna pena, de
alguna obligación o de algún deber. Todo lo que se realiza en nosotros,
alrededor de nosotros y a través de nosotros, encierra y esconde su acción
divina que, aunque invisible, hace que siempre nos veamos sorprendidos y que no
conozcamos su operación más que cuando ella ya no subsiste.
Si perforáramos
el velo y si estuviéramos vigilantes y atentos, Dios se nos revelaría sin cesar
y gozaríamos de su acción en todo lo que nos acontece. Frente a cada
acontecimiento diríamos: “¡Es el Señor!”. Y en todas las circunstancias
encontraríamos que recibimos un don de Dios, que las criaturas no son más que
débiles instrumentos, que nada nos faltaría, y que el constante cuidado de Dios
hacia nosotros le lleva a darnos lo que nos conviene.
19.3.15
Hablar con Dios, Tomo II, Nº 27; Autor: Francisco Fernández Carvajal
La oración
pública (o en común) en la que participan todos los fieles es santa y
necesaria, pues Dios
quiere ver a sus hijos también juntos orando (Cfr. Mt 18, 19-20.-); pero nunca puede sustituir al precepto del
Señor: tú, en tu aposento, cerrada la puerta, ora a tu Padre (Mt 6, 6.-). La liturgia es la oración
pública por excelencia, “es la cumbre hacia la cual tiende toda la actividad de
la Iglesia y al mismo tiempo fuente de donde mana toda su fuerza (...). Con
todo, la vida espiritual no se contiene en la sola participación de la sagrada Liturgia.
Pues el cristiano, llamado a orar en común, debe sin embargo entrar también en
su aposento y orar a su Padre en lo oculto, es más, según señala el Apóstol,
debe rezar sin interrupción (1 Tes, 5, 17)”
15.3.15
Libro de Jeremías 17, 5-10
Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía
en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del
Señor!
El es como un matorral en la estepa que no ve
llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e
inhóspita.
¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él
tiene puesta su confianza!
El es como un árbol plantado al borde de las aguas,
que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su
follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja
de dar fruto.
Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene
arreglo: ¿quién puede penetrarlo?
Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las
entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus
acciones.
4.3.15
Salmo 51. 3-21
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti solo pequé
e hice lo que es malo a tus ojos.
Por eso, será justa tu sentencia
y tu juicio será irreprochable;
yo soy culpable desde que nací;
pecador me concibió mi madre.
Tú amas la sinceridad del corazón
y me enseñas la sabiduría en mi interior.
Purifícame con el hisopo y quedaré limpio;
lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
Anúnciame el gozo y la alegría:
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta tu vista de mis pecados
y borra todas mis culpas.
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
yo enseñaré tu camino a los impíos
y los pecadores volverán a ti.
¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,
y mi lengua anunciará tu justicia!
Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
Trata bien a Sión por tu bondad;
reconstruye los muros de Jerusalén,
Entonces aceptarás los sacrificios rituales
–las oblaciones y los holocaustos–
y se ofrecerán novillos en tu altar.
21.2.15
Imitación de Cristo, Libro II, capitulo 12; Autor: Tomás de Kempis
Esta palabra parece dura a muchos: Niégate a ti mismo, toma
tu cruz, y sigue a Jesús.
Pues que así es, ¿por qué teméis tomar la cruz, por la cual
se va al reino?
En la cruz está la salud,
en la cruz la vida,
en la cruz está
la defensa de los enemigos,
en la cruz está la infusión de la suavidad
soberana,
en la cruz está la fortaleza del corazón,
en la cruz está el gozo del
espíritu,
en la cruz está la suma virtud,
en la cruz está la perfección de la
santidad.
No está la salud del alma, ni la esperanza de la vida eterna, sino en
la cruz. Toma, pues, tu cruz, y sigue a Jesús, e irás a la vida eterna. El vino
primero y llevó su cruz y murió en la cruz por ti; porque tú también la lleves,
y desees morir en ella. Porque si murieres juntamente con El, vivirás con El.
Y si fueres compañero de la pena, lo serás
también de la gloria. Dispón y ordena todas las cosas según tu querer y
parecer, y no hallarás sino que has de padecer algo, o de grado o por fuerza: y
así siempre hallarás la cruz. Pues, o sentirás dolor en el cuerpo, o padecerás
tribulación en el espíritu. A veces te dejará Dios, a veces te perseguirá el
prójimo: lo que peor es, muchas veces te descontentarás de ti mismo, y no serás
aliviado, ni aliviado con ningún remedio ni consuelo; mas conviene que
sufras hasta cuando Dios quisiere.
Porque quiere Dios que aprendas a
sufrir la tribulación sin consuelo, y que te sujetes del todo a El, y te hagas
más humilde con la tribulación. Así que la cruz siempre está preparada, y te
espera en cualquier lugar; no puedes huir dondequiera que estuvieres, porque
dondequiera que huyas, llevas a ti contigo, y siempre hallarás a ti mismo.
Vuélvete arriba, vuélvete abajo, vuélvete fuera, vuélvete dentro, y en todo
esto hallarás cruz. Y es necesario que en todo lugar tengas paciencia, si
quieres tener paz interior, y merecer perpetua corona.
20.2.15
Sermón 6 de Cuaresma; SC 49, pag. 56-58; Autor: San León Magno
Amados míos, “la tierra está llena de la misericordia de
Dios” (Sal 32,5) en todo tiempo... No obstante, el retorno de los días más particularmente
marcados por el misterio de la restauración humana, estos día que preceden a la
fiesta de Pascua, nos anima a prepararnos por una purificación religiosa... La
fiesta de pascua tiene la particularidad que toda la Iglesia se alegra a causa del
perdón de los pecados. Este perdón se realiza no solamente en aquellos que
renacen por el bautismo sino también en aquellos que ya forman parte de la
comunidad de los hijos (adoptivos) de Dios.
Es verdad que, principalmente por el baño de un nuevo nacimiento,
somos regenerados en hombres nuevos(Tit 3,5). Con todo, nos conviene a todos
renovarnos diariamente para combatir el deterioro de nuestra
condición mortal y, en las etapas de nuestro progreso, no hay nadie que no
tenga que caminar siempre hacia una perfección mayor. Todos debemos esforzarnos
para que el día de la redención nadie permanezca en los vicios de otros
tiempos.
Lo que cada cristiano tiene que hacer en todo momento,
queridos míos, hay que hacerlo ahora con un empeño mayor y generosidad más
grande. Así cumpliremos el ayuno de cuarenta días instituido por los apóstoles,
no tanto reduciendo nuestro alimento, sino, sobre todo, guardando abstinencia
de nuestros pecados... No hay nada más provechoso que unir a los ayunos
razonables de los santos la práctica de la limosna... Bajo el nombre de las
obras de misericordia, la limosna engloba las acciones de bondad dignas de
elogio, y así las almas de todos los fieles pueden unirse en un mismo mérito,
sea cual sea la desigualdad de su condición y sus recursos.
4.2.15
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI al Foro Internacional de Acción Católica en Agosto 2012
La corresponsabilidad exige un cambio de mentalidad especialmente respecto al papel de los laicos en la Iglesia, que no se han de considerar como «colaboradores» del clero, sino como personas realmente «corresponsables» del ser y del actuar de la Iglesia. Es importante, por tanto, que se consolide un laicado maduro y comprometido, capaz de dar su contribución específica a la misión eclesial, en el respeto de los ministerios y de las tareas que cada uno tiene en la vida de la Iglesia y siempre en comunión cordial con los obispos.
Al respecto, la constitución dogmática Lumen gentium define el estilo de las relaciones entre laicos y pastores con el adjetivo «familiar»: «De este trato familiar entre los laicos y los pastores se pueden esperar muchos bienes para la Iglesia; actuando así, en los laicos se desarrolla el sentido de la propia responsabilidad, se favorece el entusiasmo, y las fuerzas de los laicos se unen más fácilmente a la tarea de los pastores. Estos, ayudados por laicos competentes, pueden juzgar con mayor precisión y capacidad tanto las realidades espirituales como las temporales, de manera que toda la Iglesia, fortalecida por todos sus miembros, realice con mayor eficacia su misión para la vida del mundo» (n. 37).
3.2.15
Oración a Santa Brígida de Kildare
Señor Dios todopoderoso, que de entre tus fieles elegiste a
Santa Brígida de Irlanda para que manifestara a sus hermanos el camino que
conduce a ti, concédenos que su ejemplo nos ayude a seguir a Jesucristo,
nuestro maestro, para que logremos así alcanzar un día, junto con nuestros
hermanos, la gloria de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
2.2.15
Primer sermón para la fiesta de la Purificación, Autor: Beato Guerrico de Igny
¿Quién, sosteniendo hoy entre sus manos un cirio encendido, no recuerda
instantáneamente a aquel anciano que en este día recibió en sus brazos a Jesús,
Verbo encarnado, luz de las naciones que brilla en el cirio, y que dio
testimonio de la luz que ilumina a los gentiles? El viejo Simeón era todo él
una llama encendida que iluminaba, dando testimonio de la luz, él que, lleno
del Espíritu Santo, recibió, oh Dios, tu misericordia en medio de tu templo
(Sal 47,10) y dio testimonio que Jesús es la misericordia y la luz de tu
pueblo...
¡Regocíjate, anciano justo, ve hoy lo que habías vislumbrado desde
antiguo: las tinieblas del mundo se han disipado, las naciones caminan a la luz
del Señor (cf Is 60,3). Toda la tierra está llena de su gloria, (Is 6,3) de la
esta luz que tu escondías en otro tiempo en tu corazón y que hoy ilumina tus
ojos...Abraza, o santo anciano, la sabiduría de Dios y que te rejuvenezcas(Sal
102,5). Recibe en tu corazón la misericordia de Dios y que tu vejez conocerá la
dulzura de la misericordia. “Descansará sobre mi pecho”, dice la Escritura (Ct
1,12). Incluso cuando lo devuelva a su madre, se quedará conmigo. Mi corazón se
embriagará de su misericordia y más aún, el corazón de su madre...Doy gracias y
alabo a Dios por ti, llena de gracia, tú has dado al mundo la misericordia que
yo acojo; el cirio que tú preparaste, lo tengo entre mis manos...
Y
vosotros, hermanos, ved el cirio arder entre las manos de Simeón, encended
vuestros cirios con la luz del anciano... Entonces, no sólo llevaréis una luz
en vuestras manos, sino vosotros mismos seréis luz. Luz en vuestro corazón, luz
en vuestras vidas, luz para vosotros, luz para vuestros hermanos.
26.1.15
8 Bienaventuranzas, Autor: J. Orlandis
Por imposición laicista o por desorientación y negligencia lamentables, multitudes de jóvenes bautizados están llegando a la adolescencia con total desconocimiento de las más elementales nociones de la Fe y de la Moral y de los rudimentos mínimos de la piedad. Ahora, enseñar al que no sabe significa, sobre todo, enseñar a los que nada saben de religión, significa "evangelizarles", es decir, hablarles de Dios y de la vida cristiana. La catequesis ha pasado a ser en la actualidad una obra de misericordia de primera importancia
2.11.14
Silencio y Paz, Autor: Ignacio Larrañaga
fue llevado al país de la vida.
¿para qué hacer preguntas?
Su morada, desde ahora es el descanso,
y su vestido la luz para siempre.
Silencio y Paz, ¿Que sabemos nosotros?
del ayer y del mañana, en tus manos están las
llaves de la vida y de la muerte. Sin preguntarnos
lo llevaste contigo a la morada Santa, y nosotros
cerramos nuestros ojos, bajamos la frente y
simplemente decimos: está bien, así sea.
Silencio y Paz,
La música fue sumergida en aguas profundas,
y todas las nostalgias gravitan sobre las
llanuras infinitas.
Se acabó el combate, ya no habrá para él
lágrimas y ni llanto, ni sobresaltos. El sol
brillará por siempre sobre su frente, y una paz
intangible asegurará definitivamente sus fronteras
Señor de la vida y dueño de nuestros destinos,
en tus manos depositamos silenciosamente,
este ser entrañable y amado que se nos fue.
Mientras aquí abajo entregamos a la tierra
sus despojos transitorios, duerme su alma inmortal
para siempre en la paz eterna, en tu seno
insondable y amoroso, oh Padre de misericordia.
Silencio y Paz.
16.7.14
Evangelio según San Lucas, 6,27-28
Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman.
8.5.14
La Palabra Para Ser Hablada, Capítulo 6; Autora: Beata Teresa de Calcuta
¿Dónde
encontráis la alegría de amar? En la eucaristía, la santa comunión. Jesús mismo
se hizo "pan de vida" para darnos vida. Noche y día está allí. Si
vosotros realmente queréis crecer en el amor, volved a la eucaristía, a esta
adoración. En nuestra congregación, teníamos la costumbre de tener la adoración
una vez a la semana durante una hora; después, en 1973, decidimos tener la
adoración cada día durante una hora. Tenemos mucho trabajo; por todas partes
nuestras casas para enfermos y moribundos indigentes están llenas. Pero a
partir del momento en que comenzamos la adoración cada día, nuestro amor por
Jesús se volvió más íntimo, nuestro amor por cada uno más benévolo, nuestro
amor por los pobres más compasivo.
Mirad el tabernáculo y ved lo que
significa ahora este amor. ¿Soy consciente de eso? ¿Mi corazón es lo bastante
puro para que vea allí a Jesús? Con el fin de que para vosotros y para mí sea
más fácil ver a Jesús, él mismo se hizo "pan de vida"; con el fin de
que pudiéramos recibir la vida, una vida de paz, una vida de alegría. Encontrad
a Jesús y encontraréis la paz.
19.4.14
del PREGÓN PASCUAL
Exulten por fin los
coros de los ángeles,
exulten las
jerarquías del cielo,
y por la victoria de
Rey tan poderoso
que las trompetas
anuncien la salvación.
. . .
Ésta es la noche
en la que, por toda
la tierra,
los que confiesan su
fe en Cristo
son arrancados de los
vicios del mundo
y de la oscuridad del
pecado,
son restituidos a la
gracia
y son agregados a los
santos.
. . .
Y así, esta noche
santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia
a los caídos,
la alegría a los
tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
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