20.9.20
Roma, Dulce Hogar, Capítulo 6; Autores: Scott y Kimberly Hahn
7.9.20
Encíclica Ad Catholici Sacerdotii Nº 15, Autor: Pio XI
Apenas nace a la vida temporal, el sacerdote lo purifica y renueva
en la fuente del agua lustral, infundiéndole una vida más noble y preciosa, la
vida sobrenatural, y lo hace hijo de Dios y de la Iglesia; para darle fuerzas
con que pelear valerosamente en las luchas espirituales,
un sacerdote revestido de especial dignidad lo hace soldado de
Cristo en el sacramento de la confirmación;
apenas es capaz de discernir y apreciar el Pan de los Ángeles, el
sacerdote se lo da, como alimento vivo y vivificante bajado del cielo;
caído, el sacerdote lo levanta en nombre de Dios y lo reconforta
por medio del sacramento de la penitencia;
si Dios lo llama a formar una familia y a colaborar con El en la
transmisión de la vida humana en el mundo, para aumentar primero el número de
los fieles sobre la tierra y después el de los elegidos en el cielo, allí está
el sacerdote para bendecir sus bodas y su casto amor;
y cuando el cristiano, llegado a los umbrales de la eternidad,
necesita fuerza y ánimos antes de presentarse en el tribunal del divino Juez,
el sacerdote se inclina sobre los miembros doloridos del enfermo, y de nuevo le
perdona y le fortalece con el sagrado crisma de la extremaunción;
por fin, después de haber acompañado así al cristiano durante su
peregrinación por la tierra hasta las puertas del cielo, el sacerdote acompaña
su cuerpo a la sepultura con los ritos y oraciones de la esperanza inmortal, y
sigue al alma hasta más allá de las puertas de la eternidad, para ayudarla con
cristianos sufragios, por si necesitara aún de purificación y refrigerio.
Así, desde la cuna hasta el sepulcro, más aún, hasta el cielo, el
sacerdote está al lado de los fieles, como guía, aliento, ministro de
salvación, distribuidor de gracias y bendiciones.
3.9.20
Forja Nº 754, Autor: San Josemaría
2.9.20
Constitución Pastoral Gaudium et Spes, Nº 34
Una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana
individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el
hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida,
considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios. Creado el hombre a
imagen de Dios, recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad,
sometiendo a sí la tierra y cuanto en ella se contiene, y de orientar a Dios la
propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo,
de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el
nombre de Dios en el mundo.31.8.20
La Alegría de Creer; Autora: Venerable Madeleine Delbrêl
17.7.20
12.6.20
20.5.20
Hablar con Dios, Tomo 2 N° 78, Autor: Francisco Fernández Carvajal
19.5.20
Hablar con Dios, Tomo 2 N° 78, Autor: Francisco Fernández Carvajal
El hombre, en el momento del Bautismo, es transformado en lo más profundo de su ser, de tal modo que se trata de una nueva generación, que nos hace hijos de Dios, hermanos de Cristo, miembros de su cuerpo, que es la Iglesia. Esta vida es eterna, si no la perdemos por el pecado mortal. La muerte ya no tiene verdadero poder sobre quien la posea, que no morirá para siempre; cambiará de casa, para ir a morar definitivamente en el Cielo.
16.2.20
Tratado sobre la Trinidad 8, 17. Autor: San Agustín
9.2.20
Constitución Pastoral Gaudium et Spes, Nº 76
Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, utilizando todos y solos aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y de situaciones.Con su fiel adhesión al Evangelio y el ejercicio de su misión en el mundo, la Iglesia, cuya misión es fomentar y elevar todo cuanto de verdadero, de bueno y de bello hay en la comunidad humana, consolida la paz en la humanidad para gloria de Dios
31.1.20
Hablar con Dios, Tomo III, N° 19; Autor Francisco Fernandez Carvajal
17.10.19
11.9.19
Hablar con Dios, Tomo VI, N° 52; Autor Francisco Fernandez Carvajal
Juan
Pablo I, en la catequesis que llevó a cabo en su corto pontificado, hizo
mención de la ejemplar historia de las dieciséis carmelitas mártires durante la
Revolución francesa, beatificadas por Pío X. Parece que durante el proceso se
pidió que fueran condenadas «a muerte por fanatismo». Una de ellas preguntó al
juez: «¿qué quiere decir fanatismo?», y él le contestó: «Vuestra boba
pertenencia a la religión». Pronunciada la sentencia, mientras las conducían
hacia el cadalso, cantaban himnos religiosos; llegadas al lugar de la
ejecución, una tras otra se arrodillaron ante la Priora para renovar su voto de
obediencia. Después entonaron el Veni Creator; el canto se iba
haciendo cada vez más débil a medida que las cabezas de las religiosas caían
bajo la guillotina. Quedó en último lugar la Priora, cuyas últimas palabras
fueron éstas: «El amor saldrá siempre victorioso, el amor lo puede todo» .
11.8.19
Simón Pedro, Capítulo 1; Autor: George Chevrot
4.8.19
17.7.19
Ascética Meditada, Cáp. 2, Autor: Salvador Canals
Hablaba un día con un joven, precisamente como lo estoy haciendo ahora contigo, amigo mío. Trataba de convencerlo de la necesidad de que viviera cristianamente su vida, frecuentase los sacramentos, fuese alma de oración, y diese a toda su vida una orientación sobrenatural.- Jesús- le decía- tiene necesidad de almas que, con gran naturalidad y con gran entrega de sí mismas, vivan en el mundo una vida íntegramente cristiana.
Pero en sus ojos se transparentaba la resistencia de su alma; y sus palabras aducían justificaciones contra cuanto su voluntad se negaba a aceptar. Pocos minutos después resumió con sinceridad lo que, hasta entonces, quizá no se hubiera dicho ni aun a sí mismo:
- No puedo vivir como usted dice, porque soy muy ambicioso.
Y recuerdo lo que le respondí:
- Mira: tienes enfrente a un hombre mucho más ambicioso que tú, a un hombre que quiere ser santo. Pues mi ambición es tanta, que no se contenta con ninguna cosa terrena: ambiciono a Jesucristo, que es Dios, y al Paraíso, que es su gloria y su felicidad, y la vida eterna.
21.6.19
17.3.19
Primera Carta de San Pedro 5,1-4
Exhorto a los presbíteros que están entre ustedes, siendo yo presbítero como ellos y testigo de los sufrimientos de Cristo y copartícipe de la gloria que va a ser revelada.16.3.19
Concilio Vaticano II Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia «Ad Gentes», N° 10-11
28.2.19
23.12.18
11.12.18
CARTA ENCÍCLICA REDEMPTORIS MISSIO DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II, N° 2
la misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola! La nueva evangelización de los pueblos cristianos hallará inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal.27.11.18
22.10.18
19.10.18
9.10.18
Motu Proprio Sacrorum Antistitum, Autor San Pío X
3.10.18
Oración a San Miguel
2.9.18
Carta de San Pablo a los Gálatas 2, 11-14
10.8.18
Es Cristo que Pasa Nº 173, Autor: San Josemaría
Imitar, en primer lugar, su amor. La caridad no se queda en sentimientos: ha de estar en las palabras, pero sobre todo en las obras. La Virgen no sólo dijo fiat, sino que cumplió en todo momento esa decisión firme e irrevocable. Así nosotros: cuando nos aguijonee el amor de Dios y conozcamos lo que El quiere, debemos comprometernos a ser fieles, leales, y a serlo efectivamente. Porque no todo aquel que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; sino aquel que hace la voluntad de mi Padre celestial.
Hemos de imitar su natural y sobrenatural elegancia. Ella es una criatura privilegiada de la historia de la salvación: en María, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Fue testigo delicado, que pasa oculto; no le gustó recibir alabanzas, porque no ambicionó su propia gloria. María asiste a los misterios de la infancia de su Hijo, misterios, si cabe hablar así, normales: a la hora de los grandes milagros y de las aclamaciones de las masas, desaparece. En Jerusalén, cuando Cristo —cabalgando un borriquito— es vitoreado como Rey, no está María. Pero reaparece junto a la Cruz, cuando todos huyen. Este modo de comportarse tiene el sabor, no buscado, de la grandeza, de la profundidad, de la santidad de su alma.
Tratemos de aprender, siguiendo su ejemplo en la obediencia a Dios, en esa delicada combinación de esclavitud y de señorío. En María no hay nada de aquella actitud de las vírgenes necias, que obedecen, pero alocadamente. Nuestra Señora oye con atención lo que Dios quiere, pondera lo que no entiende, pregunta lo que no sabe. Luego, se entrega toda al cumplimiento de la voluntad divina: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. ¿Veis la maravilla? Santa María, maestra de toda nuestra conducta, nos enseña ahora que la obediencia a Dios no es servilismo, no sojuzga la conciencia: nos mueve íntimamente a que descubramos la libertad de los hijos de Dios.
Es Cristo que Pasa Nº 174, Autor: San Josemaría
Para aprovechar la gracia que Nuestra Madre nos trae en el día de hoy, y para secundar en cualquier momento las inspiraciones del Espíritu Santo, pastor de nuestras almas, debemos estar comprometidos seriamente en una actividad de trato con Dios. No podemos escondernos en el anonimato; la vida interior, si no es un encuentro personal con Dios, no existirá. La superficialidad no es cristiana. Admitir la rutina, en nuestra conducta ascética, equivale a firmar la partida de defunción del alma contemplativa. Dios nos busca uno a uno; y hemos de responderle uno a uno: aquí estoy, Señor, porque me has llamado.
Oración, lo sabemos todos, es hablar con Dios; pero quizá alguno pregunte: hablar, ¿de qué? ¿De qué va a ser, sino de las cosas de Dios y de las que llenan nuestra jornada? Del nacimiento de Jesús, de su caminar en este mundo, de su ocultamiento y de su predicación, de sus milagros, de su Pasión Redentora y de su Cruz y de su Resurrección. Y en la presencia del Dios Trino y Uno, poniendo por Medianera a Santa María y por abogado a San José Nuestro Padre y Señor —a quien tanto amo y venero—, hablaremos del trabajo nuestro de todos los días, de la familia, de las relaciones de amistad, de los grandes proyectos y de las pequeñas mezquindades.
El tema de mi oración es el tema de mi vida. Yo hago así. Y a la vista de esta situación mía, surge natural el propósito, determinado y firme, de cambiar, de mejorar, de ser más dócil al amor de Dios. Un propósito sincero, concreto. Y no puede faltar la petición urgente, pero confiada, de que el Espíritu Santo no nos abandone, porque Tú eres, Señor, mi fortaleza.
Somos cristianos corrientes; trabajamos en profesiones muy diversas; nuestra actividad entera transcurre por los carriles ordinarios; todo se desarrolla con un ritmo previsible. Los días parecen iguales, incluso monótonos... Pues, bien: ese plan, aparentemente tan común, tiene un valor divino; es algo que interesa a Dios, porque Cristo quiere encarnarse en nuestro quehacer, animar desde dentro hasta las acciones más humildes.
Este pensamiento es una realidad sobrenatural, neta, inequívoca; no es una consideración para consuelo, que conforte a los que no lograremos inscribir nuestros nombres en el libro de oro de la historia. A Cristo le interesa ese trabajo que debemos realizar —una y mil veces— en la oficina, en la fábrica, en el taller, en la escuela, en el campo, en el ejercicio de la profesión manual o intelectual: le interesa también el escondido sacrificio que supone el no derramar, en los demás, la hiel del propio mal humor.
Repasad en la oración esos argumentos, tomad ocasión precisamente de ahí para decirle a Jesús que lo adoráis, y estaréis siendo contemplativos en medio del mundo, en el ruido de la calle: en todas partes. Esa es la primera lección, en la escuela del trato con Jesucristo. De esa escuela, María es la mejor maestra, porque la Virgen mantuvo siempre esa actitud de fe, de visión sobrenatural, ante todo lo que sucedía a su alrededor: guardaba todas esas cosas en su corazón ponderándolas.
Supliquemos hoy a Santa María que nos haga contemplativos, que nos enseñe a comprender las llamadas continuas que el Señor dirige a la puerta de nuestro corazón. Roguémosle: Madre nuestra, tú has traído a la tierra a Jesús, que nos revela el amor de nuestro Padre Dios; ayúdanos a reconocerlo, en medio de los afanes de cada día; remueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad, para que sepamos escuchar la voz de Dios, el impulso de la gracia.
Es Cristo que Pasa Nº 175, Autor: San Josemaría
5.8.18
Hablar con Dios, Tomo 4, N° 44, Autor: Francisco Fernández Carvajal
7.7.18
AUDIENCIA GENERAL Miércoles 13 de agosto de 1986; Autor: San Juan Pablo II
10.6.18
Carta de San Pablo a los Filipenses 1,27-28
28.5.18
La Conversión al Cristianismo Durante los Primeros Siglos, Autor: Gustave Bardy
4.2.18
del Discurso del Papa Francisco a los Obispos en la Catedral de Santiago de Chile
Ver Video:


































