23.12.22

Carta de San Pablo a los Efesios; 6,18_20

Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animados por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos, y también por mí, a fin de que encuentre palabras adecuadas para anunciar resueltamente el misterio del Evangelio, del cual yo soy embajador en medio de mis cadenas. ¡Así podré hablar libremente de Él, como debo hacerlo!

22.12.22

Sermón para la Anunciación, Autor: San Elredo de Rieval (1110-1167) monje cisterciense

 
“Le pondrán el nombre de Emanuel”

“Emanuel, que quiere decir ‘Dios con nosotros’”, ¡Sí, Dios con nosotros! Hasta entonces se había dicho “Dios está por encima de nosotros”, “Dios frente a nosotros”, pero hoy es el “Emanuel”. Hoy es Dios con nosotros en nuestra naturaleza, con nosotros en su gracia; con nosotros en nuestra debilidad, con nosotros en su bondad; con nosotros en nuestra miseria, con nosotros en su misericordia; con nosotros por amor, con nosotros por lazos de familia; con nosotros por su ternura, con nosotros por su compasión…

¡Dios con nosotros! No le habéis visto vosotros, hijos de Adán, subir al cielo para ser Dios; Dios desciende del cielo para ser Emanuel, Dios-con-nosotros. ¡Viene a nosotros para ser Emanuel, Dios-con-nosotros, y nosotros descuidamos de ir a Dios para ser en Él! ¿“Oh, vosotros, humanos ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor, amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?” (Sal. 4,3). Mirad que ha venido la verdad: “¿por qué amáis la falsedad y buscáis el engaño?” Mirad que ha venido la palabra verdadera e inalterable; “¿por qué buscáis el engaño” Aquí tenéis al Emanuel, aquí tenéis a Dios-con-nosotros.

¿Cómo podía Él estar más cerca de mí? Pequeño como yo, débil como yo, desnudo como yo, pobre como yo… en todo se ha hecho semejante a mí, tomando lo que es mío y dando lo que es suyo. Yo yacía muerto, sin voz, sin sentido; ya ni tan sólo poseía la luz de mis ojos. Hoy Él ha descendido, este hombre tan grande “este profeta poderoso en obras y palabras” (Lc 24,19). “Ha puesto su rostro sobre mi rostro, su boca sobre mi boca, sus manos sobre mis manos” (2R 4,34) se ha hecho el Emanuel, ¡Dios-con-nosotros!

Carta a los Romanos: 1,1-7 Autor: San Pablo

De Pablo, siervo de Cristo Jesús, apóstol por un llamado de Dios, escogido para el Evangelio de Dios.

Esta Buena Nueva, anunciada de antemano por sus profetas en las Santas Escrituras se refiere a su Hijo, que nació de la descendencia de David según la carne, y que el Espíritu de santidad ha designado Hijo de Dios al resucitarlo de entre los muertos en una obra de poder.

De él, Cristo Jesús, nuestro Señor, hemos recibido gracia y misión, para que en todos las naciones sea recibida la fe, para gloria de su nombre. A estos pueblos pertenecen ustedes, elegidos de Cristo Jesús 7 que están en Roma, a quienes Dios ama y ha llamado y consagrado. Que de Dios, nuestro Padre, y de Cristo Jesús, el Señor, les lleguen la gracia y la paz.

21.12.22

Audiencia general 21 de Diciembre de 2011 de S. S. Benedicto XVI

 "La Navidad no es un simple aniversario del nacimiento de Jesús; es también esto, pero es más aún, es celebrar un misterio que ha marcado y continua marcando la historia del hombre. Dios mismo ha venido a habitar en medio de nosotros, se ha hecho uno de nosotros; un misterio que conmueve nuestra fe y nuestra existencia; un misterio que vivimos concretamente en las celebraciones litúrgicas, en particular en la Santa Misa". (Audiencia general 21 de Diciembre de 2011)

13.12.22

Carta a su tía; Autor: San Rafael Arnáiz Barón (1911-1938) monje trapense español

 

Carta a su tía, 16/11/1935 (Obras completas - Editorial Monte Carmelo, p. 423-424, 426 - §355 y 358)

Tengo un tesoro tan grande, querida hermana… Quisiera dar gritos de alegría y decirle a toda la creación…, alabad al Señor…, amad al Señor…, es tan bueno, es tan grande…, es Dios. […] El mundo no ve; es ciego y Dios necesita amor, mucho amor. Yo no puedo darle todo, soy pequeño, me vuelvo loco. Quisiera que el mundo le amase, pero el mundo es su enemigo.

Señor, qué suplicio tan grande; yo lo veo y no lo puedo remediar… Yo soy muy pequeño, insignificante, el amor que te tengo me abruma. Quisiera que mis hermanos, mis amigos, todos, te amasen mucho, […].

Qué pena da el ver a los hombres que, al ver pasar a la comitiva de Jesús y sus discípulos, permanecen insensibles… Qué alegría tendrían los apóstoles y los amigos de Jesús, cada vez que un alma veía claramente, se desprendía de todo y se unía a ellos y seguía al Nazareno, que lo único que pedía era un poco de amor.

¿Vamos nosotros a seguirle, querida hermana?... Él ve nuestra intención y nos mira, se sonríe y nos ayuda… Nada hay que temer. Iremos para ser los últimos de la comitiva que pasa por tierras de Judea, calladitos, pero alimentados con un amor enorme, inmenso a Jesús… Él no necesita ni palabras, ni ponernos a su alcance para que nos vea, ni grandes obras ni nada que llame la atención… Ser los últimos amigos de Jesús, pero los que más le quieren.

 


Evangelio según San Lucas 21, 8

 

Jesús contestó: «Estén sobre aviso y no se dejen engañar; porque muchos usurparán mi nombre y dirán: “Yo soy el Mesías, el tiempo está cerca”. No los sigan

Evangelio según San Juan 4,1-10

Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber.» Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.) Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.»

31.10.22

Amigos de Dios Nº 9; Autor: San Josemaría

 Un discípulo de Cristo jamás tratará mal a persona alguna; al error le llama error, pero al que está equivocado le debe corregir con afecto: si no, no le podrá ayudar, no le podrá santificar. Hay que convivir, hay que comprender, hay que disculpar, hay que ser fraternos; y, como aconsejaba San Juan de la Cruz, en todo momento hay que poner amor, donde no hay amor, para sacar amor, también en esas circunstancias aparentemente intrascendentes que nos brindan el trabajo profesional y las relaciones familiares y sociales.

Por lo tanto, tú y yo aprovecharemos hasta las más banales oportunidades que se presenten a nuestro alrededor, para santificarlas, para santificarnos y para santificar a los que con nosotros comparten los mismos afanes cotidianos, sintiendo en nuestras vidas el peso dulce y sugestivo de la corredención.


10.10.22

Libro de Isaías 26,7-9.12.16.

La senda del justo es recta, tu allanas el sendero del justo.

Sí, en la senda trazada por tus juicios, esperamos en ti, Señor: tu Nombre y tu recuerdo son el deseo de nuestra alma.

Mi alma te desea por la noche, y mi espíritu te busca de madrugada, porque cuando tus juicios se ejercen sobre la tierra, los habitantes del mundo aprenden la justicia.

Señor, tú nos aseguras la paz, porque eres tú el que realiza por nosotros todo lo que nosotros hacemos.

En medio de la angustia, Señor. acudimos a ti, clamamos en la opresión, cuando nos golpeaba tu castigo.

Homilía n° 5 sobre la sencillez, 137-139; Autor: Filomeno de Mabboug (¿-c. 523) obispo de Siria

 Nuestro Señor no ha sido comparado con un león cuando fue conducido a la muerte... Como un cordero, una oveja, guardaba silencio cuando fue llevado a su Pasión y a la muerte: "Callaba como una oveja delante del esquilador. No abrió la boca" en su humillación (Is 53,7)...

De pie delante del juez e interrogado, él, el Maestro y doctor de toda sabiduría, no responde..., con el fin de cumplir esta palabra: "Fue llevado al matadero como un cordero" (Is 53,7). Lo llevan maltratado de un lugar a otro, se lo llevan de un lugar a otro, de un juez a otro como si fuera mudo. Delante de Anás, se calla (Jn 18,13);

Aunque se le ruega, no habla. Interrogado por Pilatos, guarda silencio; y hasta que le preguntaron: "¿Eres el rey de Judíos?" (Jn 18,33) no responde. Lo condujeron entonces a Herodes que le interrogó para ver y escuchar de su boca cosas extraordinarias y para tentarlo (Lc 23, 8s): allí todavía, guardó silencio, no habló, no respondió a su interrogador. Le vimos como un loco que no sabe nada, como un insensato que no tiene respuesta. Sus enemigos pensaron lo que quisieron, pero él no abandonó la inocencia del cordero.

Libro de Miqueas 2,1-5.

¡Ay de los que proyectan iniquidades y traman el mal durante la noche! Al despuntar el día, lo realizan, porque tienen el poder en su mano.

Codician campos y los arrebatan, casas, y se apoderan de ellas; oprimen al dueño y a su casa, al propietario y a su herencia.

Por eso, así habla el Señor: Yo proyecto contra esta gente una desgracia tal que ustedes no podrán apartar el cuello, ni andar con la cabeza erguida, porque será un tiempo de desgracia.

9.10.22

Encíclica «Deus Caritas Est»,N° 18; Autor: Benedicto XVI papa 2005-2013

 «Todo... depende de estos dos mandamientos»

Hay una interacción necesaria entre amor a Dios y amor al prójimo... Si en mi vida me falta completamente el contacto con Dios, jamás puedo ver en el otro más que el otro y no consigo reconocer en él la imagen divina. Si, por el contrario, en mi vida descuido completamente la atención al otro, deseando solamente ser «piadoso» y cumplir con mis «deberes religiosos», entonces mi relación con Dios se seca. Cuando es así, esta relación es solamente «correcta» pero sin amor. Tan sólo mi disponibilidad de ir al encuentro del prójimo, a testimoniarle mi amor, me hace también sensible ante Dios. Sólo el servicio al prójimo abre mis ojos a ese Dios hecho para mí y según su propia manera de amarme.

Los santos –pongamos por ejemplo a la beata Teresa de Calcuta- en su encuentro con el Señor en la Eucaristía, han sacado toda su capacidad de amar al prójimo de manera siempre nueva y, recíprocamente, este encuentro ha adquirido todo su realismo y toda su profundidad precisamente gracias a su servicio a los otros.

Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables, es un único mandamiento. Sin embargo, los dos viven del amor solícito de Dios que nos ha amado el primero. Así, no se trata ya de un «mandamiento» que nos prescribe algo imposible desde el exterior sino, por el contrario, de una experiencia de amor, dada desde el interior, un amor que, por su naturaleza, debe ser compartido con los otros. El amor crece con el amor. El amor es «divino» porque viene de Dios y nos une a Dios y, a través de este proceso de unificación, nos transforma en un Nosotros, que sobrepasa nuestras divisiones y nos hace llegar a ser uno hasta que, al final, Dios sea «todo en todos».

Homilías sobre san Mateo, nº 61; Autor: San Juan Crisóstomo (c. 345-407)


 «Ten paciencia conmigo»

 Cristo nos pide dos cosas: condenar nuestros pecados y perdonar los de los otros; hacer la primera cosa a causa de la segunda, que así será más fácil, porque el que se acuerda de sus pecados será menos severo hacia su compañero de miseria. Y perdonar no sólo de palabra, sino desde el fondo del corazón, para no volver contra nosotros mismos el hierro con el cual queremos perforar a los otros. ¿Qué mal puede hacerte tu enemigo que sea comparable al que tú mismo te haces con tu acritud?...

Considera, pues, cuantas ventajas sacas si sabes soportar humildemente y con dulzura una injuria. Primeramente, mereces –y es lo más importante- el perdón de tus pecados. Además, te ejercitas a la paciencia y a la valentía. En tercer lugar, adquieres la dulzura y la caridad, porque el que es incapaz de enfadarse contra los que le han disgustado, será mucho más caritativo aún con los que le aman. En cuarto lugar arrancas de raíz la cólera de tu corazón, lo cual es un bien sin igual. El que libera su alma de la cólera, evidentemente arranca de ella la tristeza: no gastará su vida en penas y vanas inquietudes. Así es que, odiando a los otros nos castigamos a nosotros mismos; amándolos nos hacemos el bien a nosotros mismos. Por otra parte, todos te venerarán, incluso tus enemigos, aunque sean los demonios. Mucho mejor, comportándote así ya no tendrás más enemigos. El Hijo del hombre vino para servir y dar su vida en rescate por una multitud. Aleluya.

6.7.22

Evangelio según San Mateo 5,43-48

 
Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.

Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores;

así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿Qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?

Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿Qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?

Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.


5.7.22

Paz y amor por la paz; Autor: San Titus Brandsma (1881-1942) carmelita holandés, mártir

 Aunque amemos la paz y tengamos esperanza en el fondo del corazón de que

San Titus Brandsma

nuestra acción en favor de la paz no será inútil, ni vosotros ni yo podremos eludir las presiones de este tiempo.

Esto significa que no podemos liberarnos de la duda de que, según las leyes de la historia, algo pueda cambiar: una guerra sucede a otra guerra, y cada vez, esto es un golpe mortal para la causa de la paz. Vivimos todavía demasiado bajo la influencia de los que afirman que los que quieren la paz deben armarse para vencer la guerra...

Es notable de comprobar que en el curso de los siglos, brotan constantemente héroes de paz, predicadores del mensaje de paz... Encontramos a estos mensajeros, estos apóstoles de la paz en todo tiempo y en todo lugar. Y en nuestros días, por suerte, no carecemos de eso. Pero ningún mensajero de la paz, ha encontrado un eco más vasto que aquel al que llamamos el Rey de la paz (Is 9,5). Permitidme recordaros quién es este mensajero. El día de Pascua, parecía que los apóstoles habían perdido toda esperanza desde la muerte de Cristo en la cruz. Mientras que a los ojos del mundo la misión de Cristo había terminado, había fracasado, era incomprendida, él apareció en medio de sus apóstoles reunidos en el Cenáculo por temor a los enemigos, y, en lugar de declaraciones belicosas contra sus adversarios, ellos escuchan decir: "Os dejo mi paz, os doy mi paz. No os la doy como la da el mundo" (Jn 14,27)

Querría repetir esta palabra, hacerla resonar en el mundo entero, sin preocuparme de quién la escuchará. Querría repetirla tan a menudo que, aunque la neguemos, lográramos escucharla hasta que todos nosotros la hayamos oído y comprendido.


2.7.22

Autor: San León Magno

 

«La participación del cuerpo y de la sangre de Cristo no hace otra cosa sino convertirnos en lo que recibimos, y que seamos portadores, en nuestro espíritu y en nuestra carne, de aquel en quien y con quien hemos sido muertos, sepultados y resucitados»

16.6.22

Entonces verás claro; Autor: Doroteo de Gaza

Ciertas personas convierten en mal humor todo lo que ingieren, aunque el alimento sea sano. La falta no está en el alimento, sino en su temperamento, que hace alterar los alimentos. De la misma manera, si nuestra alma tiene una mala disposición, todo le hace mal; incluso las cosas útiles las transforma en nocivas para ella. Si alguien pone unas pocas hierbas amargas en un pote de miel, ¿no alterarán el pote entero haciendo que la miel se vuelva toda ella amarga? Eso es lo que nosotros hacemos: difundimos algo de nuestra amargura y destruimos el bien del prójimo cuando le miramos según nuestra mala disposición.

Hay otras personas que tienen un temperamento que todo lo transforman en buenos humores, incluso los malos alimentos...

Nosotros igualmente, si tenemos buenas costumbres y nuestra alma está en buen estado, podemos sacar provecho de todo, incluso de aquello que no es aprovechable. El libro de los Proverbios lo dice muy bien: «Aquel que mira con dulzura, obtendrá misericordia» (12,13). Pero en otra parte dice: «Al hombre insensato todas las cosas le contradicen» (14,7).

He oído decir de un hermano que, si yendo a ver a otro encuentra su celda dejada y en desorden, se dice para sí mismo: «¡Cuán dichoso es este hermano de estar completamente desasido de las cosas terrestres y de llevar su espíritu siempre en lo alto, que no tiene ni tan sólo el placer de arreglar su celda!» Si a continuación va a la celda de otro hermano y la encuentra arreglada, limpia y en orden, se dice: «¡La celda de este hermano está tan limpia como su alma. ¡El estado de su celda corresponde al estado de su alma!» Jamás dice de ninguno: «Éste es desordenado» o bien: «Éste es frívolo». Gracias a su excelente estado saca siempre provecho de todo. Que Dios, en su gran bondad, nos dé, a nosotros también, un buen estado interior para que podamos aprovecharnos de todo y jamás pensemos mal del prójimo. Si nuestra malicia nos inspira malos juicios o sospechas, transformémoslas rápidamente en buenos pensamientos. Puesto que no ver el mal del prójimo, con la ayuda de Dios, engendra bondad.


26.5.22

Hablar con Dios, En la fiesta de la Ascensión, Autor: Francisco Fernández Carvajal

Los ángeles dicen a los Apóstoles que es hora de comenzar la inmensa tarea que les espera, que no se debe perder un instante. Con la Ascensión termina la misión terrena de Cristo y comienza la de sus discípulos, la nuestra. Y hoy, en nuestra oración, es bueno que oigamos aquellas palabras con las que el Señor intercede ante Dios Padre por nosotros mismos: no pido que los saques del mundo, de nuestro ambiente, del propio trabajo, de la propia familia..., sino que los preserves del mal(Jn 17, 15). Porque quiere el Señor que cada uno en su lugar continúe la tarea de santificar el mundo, para mejorarlo y ponerlo a sus pies: las almas, las instituciones, las familias, la vida pública... Porque solo así el mundo será un lugar donde se valore y respete la dignidad humana, donde se pueda convivir en paz, con la verdadera paz, que tan ligada está a la unión con Dios.

«Nos recuerda la fiesta de hoy que el celo por las almas es un mandato del Señor, que, al subir a su gloria, nos envía como testigos suyos por el orbe entero. Grande es nuestra responsabilidad: porque ser testigo de Cristo supone, antes que nada, procurar comportarnos según su doctrina, luchar para que nuestra conducta recuerde a Jesús, evoque su figura amabilísima»( San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 122).

Quienes conviven o se relacionan con nosotros nos han de ver leales, sinceros, alegres, trabajadores; nos hemos de comportar como personas que cumplen con rectitud sus deberes y saben actuar como hijos de Dios en las incidencias que acarrea cada día. Las mismas normas corrientes de la convivencia –que para muchos quedan en algo externo, necesario para el trato social– han de ser fruto de la caridad, manifestaciones de una actitud interior de interés por los demás: el saludo, la cordialidad, el espíritu de servicio...

3.3.22

Última audiencia general del 27 de Febrero de 2013 de SS Benedicto XVI

El Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa suave, días en los que la pesca ha sido abundante; ha habido también momentos en los que las aguas se agitaban y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir. 

Pero siempre supe que en esa barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es Suya. Y el Señor no deja que se hunda; es Él quien la conduce, ciertamente también a través de los hombres que ha elegido, pues así lo ha querido. Esta ha sido y es una certeza que nada puede empañar. 

Y por eso hoy mi corazón está lleno de gratitud a Dios, porque jamás ha dejado que falte a toda la Iglesia y tampoco a mí su consuelo, su luz, su amor. Queridos amigos, Dios guía a su Iglesia, la sostiene siempre, también y sobre todo en los momentos difíciles. No perdamos nunca esta visión de fe, que es la única visión verdadera del camino de la Iglesia y del mundo. Que en nuestro corazón, en el corazón de cada uno de vosotros, esté siempre la gozosa certeza de que el Señor está a nuestro lado, no nos abandona, está cerca de nosotros y nos cubre con su amor.

26.2.22

Es Cristo que Pasa Nº 59, Autor: San Josemaría

Si nuestro afán de santidad es sincero, si tenemos la docilidad de ponernos en las manos de Dios, todo irá bien. Porque El está siempre dispuesto a darnos su gracia, y, especialmente en este tiempo, la gracia para una nueva conversión, para una mejora de nuestra vida de cristianos.

No podemos considerar esta Cuaresma como una época más, repetición cíclica del tiempo litúrgico. Este momento es único; es una ayuda divina que hay que acoger.
Jesús pasa a nuestro lado y espera de nosotros —hoy, ahora— una gran mudanza.

Ecce nunc tempus acceptabile, ecce nunc dies salutis: éste es el tiempo oportuno, que puede ser el día de la salvación.

21.2.22

Y vosotros, ¿Quién decís que soy?, Autor San Pablo VI

Debo proclamar su nombre: Jesús es “el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,6). Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, él es “el primogénito de toda criatura”, es el que “todo se mantiene en él” (Col 1,15.17). Es el señor de la humanidad y su redentor; nació, murió y resucitó por nosotros.

Es el centro de la historia del mundo; nos conoce y nos ama; es el compañero y amigo de nuestra vida “el hombre de dolores” (Is 53,3) y de la esperanza; es el que ha de venir y que, al final será nuestro juez y también, es nuestra confianza, nuestra vida plena y nuestra bienaventuranza.

No acabaría nunca de hablar de él; es la luz, es la verdad; mucho más, es “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). Él es el pan, la fuente de agua viva que sacia nuestra hambre y nuestra sed. Es nuestro pastor, nuestro jefe, nuestro modelo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Igual que nosotros y más que nosotros ha sido pequeño, pobre, humillado, trabajador, oprimido, sufriente.

20.2.22

Vita Consecrata N° 75, Autor: Juan Pablo II

             

Cristo llama sin cesar nuevos discípulos, hombres y mujeres para comunicarles, gracias a la efusión del Espíritu Santo (cf Rm 5,5) el amor divino, el ágape, su manera de amar, y para exhortarlos a servir a los prójimos en el humilde don de sí mismos, lejos de todo cálculo interesado. Pedro que se extasía ante la luz de la transfiguración exclama: “¡Señor, ¡qué bien estamos aquí!” (Mt 17,4) es invitado por Jesús a volver a los caminos de la vida, para continuar en el servicio del Reino de Dios.

        “¡Pedro, baja! Tú querías descansar en la montaña; baja y proclama la Palabra, amonesta a tiempo y a destiempo, reprocha, exhorta, anima con gran bondad y con toda clase de doctrina. Trabaja, esfuérzate, soporta las torturas para poseer lo que está significado en las vestiduras blancas del Señor, también en la blancura y la belleza de tu recto obrar, inspirado por la caridad” (S. Agustín).

        Aunque la mirada del apóstol esté fija en el rostro del Señor, no disminuye en nada su compromiso a favor de los hombres; al contrario, lo refuerza dándole una nueva capacidad de actuar sobre la historia, para liberarla de todo aquello que la corrompe.

15.2.22

Catecismo de la Iglesia Católica, Nº 2832

 

Como la levadura en la masa, la novedad del Reino debe fermentar la tierra con el Espíritu de Cristo . Debe manifestarse por la instauración de la justicia en las relaciones personales y sociales, económicas e internacionales, sin olvidar jamás que no hay estructura justa sin seres humanos que quieran ser justos.

14.2.22

Amigos de Dios Nº 198, Autor: San Josemaría

 

Tú has conocido lo que el Señor te proponía, y has decidido acompañarle en el camino. Tú intentas pisar sobre sus pisadas, vestirte de la vestidura de Cristo, ser el mismo Cristo: pues tu fe, fe en esa luz que el Señor te va dando, ha de ser operativa y sacrificada. No te hagas ilusiones, no pienses en descubrir modos nuevos. La fe que El nos reclama es así: hemos de andar a su ritmo con obras llenas de generosidad, arrancando y soltando lo que estorba.

HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Basílica Vaticana Miércoles 29 de junio de 2011

 

Las palabras de Jesús sobre la amistad están en el contexto del discurso sobre la vid. El Señor enlaza la imagen de la vid con una tarea que encomienda a los discípulos: «Os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca» (Jn 15,16). El primer cometido que da a los discípulos, a los amigos, es el de  ponerse en camino –os he destinado para que vayáis-, de salir de sí mismos y de ir hacia los otros. Podemos oír juntos aquí también las palabras que el Resucitado dirige a los suyos, con las que san Mateo concluye su Evangelio: «Id y enseñad a todos los pueblos...» (cf. Mt 28,19s). El Señor nos exhorta a superar los confines del ambiente en que vivimos, a llevar el Evangelio al mundo de los otros, para que impregne todo y así el mundo se abra para el Reino de Dios. Esto puede recordarnos que el mismo Dios ha salido de sí, ha abandonado su gloria, para buscarnos, para traernos su luz y su amor. Queremos seguir al Dios que se pone en camino, superando la pereza de quedarnos cómodos en nosotros mismos, para que Él mismo pueda entrar en el mundo.

19.8.21

del Discurso del Arzobispo Charles Chaput en la Conferencia del Instituto Napa, 27 de julio de 2017

Cuando los jóvenes me preguntan cómo cambiar el mundo, les digo que se amen, se casen, se mantengan fieles, tengan muchos hijos y críen a esos hijos para que sean hombres y mujeres de carácter cristiano. La fe es una semilla. No florece de la noche a la mañana. Se necesita tiempo, amor y esfuerzo. El futuro pertenece a las personas con niños, no con cosas. Las cosas se oxidan y se rompen. Pero cada niño es un universo de posibilidades que alcanza en la eternidad, conectando nuestros recuerdos y nuestras esperanzas en un signo del amor de Dios a través de las generaciones. Eso es lo que importa. El alma de un niño es para siempre.

23.1.21

Ascética Meditada, Cáp. 1, Autor: Salvador Canals

¿Pero dónde buscar al Señor? ¿Cómo acercarse a Él y conocerlo? En el Evangelio, meditándolo, contemplándolo, amándolo, siguiéndolo. Con la lectura espiritual, estudiando y profundizando la ciencia de Dios. Con la Santísima Eucaristía, adorándolo, deseándolo, recibiéndolo.

El Evangelio, amigo mío, debe ser tu libro de meditación, el alma de tu contemplación, la luz de tu alma, el amigo de tu soledad, tu compañero de viaje. Que se habitúen tus ojos a contemplar a Jesús como hombre perfecto, que llora por la muerte de Lázaro, y sobre la ciudad de Jerusalén; a verlo padecer el hambre y la sed; habitúate a contemplarlo sentado en el pozo de Jacob, cansado del camino y esperando a la samaritana; a considerar la tristeza de su alma en el huerto de los olivos, triste está mi alma hasta la muerte, y su abandono en el árbol de la Cruz; y sus noches transcurridas en oración, y la enérgica fiereza con que arrojó del templo a los mercaderes, y su autoridad al enseñar, como quien tiene potestad-. Llénate de confianza cuando lo veas –movido su corazón a misericordia por las muchedumbres- multiplicar los panes y los peces y regalar a la viuda de Naim su hijo resucitado a nueva vida y restituir a Lázaro, resucitado, al cariño de sus hermanas...

24.11.20

Libro de Isaías 58,9-11.

Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: "¡Aquí estoy!". 

Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía. 


El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan. 

Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán "Reparador de brechas", "Restaurador de moradas en ruinas". 

Si dejas de pisotear el sábado, de hacer tus negocios en mi día santo; si llamas al sábado "Delicioso" y al día santo del Señor "Honorable"; si lo honras absteniéndote de traficar, de entregarte a tus negocios y de hablar ociosamente, entonces te deleitarás en el Señor; yo te haré cabalgar sobre las alturas del país y te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob, porque ha hablado la boca del Señor.


7.11.20

Evangelio según San Lucas, 6,17-19

Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

6.11.20

Carta de San Pablo a los Efesios 6, 10-20

Hermanos, fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder. 

Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. 

Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio. 

Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. 

Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. 

Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz. 

Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno. 

Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. 

Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animados por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos, y también por mí, a fin de que encuentre palabras adecuadas para anunciar resueltamente el misterio del Evangelio, del cual yo soy embajador en medio de mis cadenas. ¡Así podré hablar libremente de él, como debo hacerlo! 

12.10.20

Hablar con Dios, Tomo 5, N° 34, Autor: Francisco Fernández Carvajal

En la Sagrada Escritura el nombre equivale a la persona misma, es su identidad más profunda. Por eso, dirá Jesús al final de su vida, como resumiendo sus enseñanzas: Manifesté tu nombre a los hombres (Jn 17, 6). Nos reveló el misterio de Dios. En el Padrenuestro formulamos el deseo amoroso de que el nombre de Dios, de nuestro Padre Dios, sea conocido y reverenciado por toda la tierra; también debemos expresar nuestro dolor por las ocasiones en que es profanado, silenciado o empleado con ligereza. «Al decir santificado sea tu nombre nos recomendamos a nosotros mismos para que deseemos que el nombre del Señor, que siempre es santo en sí mismo, sea también tenido como santo por los hombres, es decir, que no sea nunca despreciado por ellos» (SAN AGUSTIN, Carta 130, a Proba)

En determinados ambientes los hombres tienen recelo para nombrar a Dios. En lugar del Creador hablan de “la sabia naturaleza”, o llaman “destino” a la Providencia divina, etc. En ocasiones son sólo modos de decir, pero, en otras, el silencio del nombre de Dios es intencionado. En esos casos, venciendo los respetos humanos, debemos nosotros, intencionadamente también, honrar a nuestro Padre. Sin afectación, nos mantendremos fieles a los modos cristianos de hablar, que expresan externamente la fe de nuestra alma. Las expresiones tradicionales de muchos países, tales como “gracias a Dios” o “si Dios quiere” (Santiago 4, 15), etc., pueden servir de ayuda en algunas ocasiones para tener presente al Señor en la conversación.

11.10.20

Roma, Dulce Hogar, Prefacio, Autores: Scott y Kimberly Hahn

El difunto arzobispo Fulton Sheen escribió una vez: «Apenas habrá en Estados Unidos un centenar de personas que odien a la Iglesia católica; pero hay millones que odian lo que erróneamente suponen que es y dice la Iglesia católicaNosotros dos creímos en algún momento que estábamos en el primer grupo, sólo para descubrir que en realidad nos hallábamos en el segundo. Pero una vez que vimos la diferencia, y supimos dónde estábamos de verdad, se hizo evidente que no pertenecíamos a ninguno de los dos. Para entonces estábamos ya avanzados en el camino hacia nuestro hogar. Este libro describe ese camino. Es una narración de cómo descubrimos que la Iglesia católica es la familia de la alianza de Dios. Queremos mostrar cómo el Espíritu Santo utilizó la Escritura para aclarar nuestras dudas e ideas erróneas. No pretendemos tratar de las ideas erróneas que otros pueden tener. Con la gracia de Dios, quizá algún día podamos escribir otro libro sobre eso.



Roma Dulce Hogar, Pgs 62 a 64; Autores: Scott y Kimberly Hahn

Durante la semana, yo enseñaba Sagrada Escritura en una high school cristiana privada.
Hablaba a mis alumnos de todo; lo referente a la alianza como familia de Dios, y les explicaba las alianzas que Dios había concertado con su pueblo. Ellos lo estaban captando todo. Tracé una cronología para mostrarles cómo cada alianza instituida por Dios era el modo en que Él había reconocido su paternidad sobre su familia a lo largo de los tiempos. Su alianza con Adán tomó la forma de un matrimonio; la alianza con Noé fue una familia; con Abraham tomó la forma de una tribu; la alianza con Moisés transformó las doce tribus en una familia nacional; la alianza con David estableció a Israel como una familia de un reino nacional; mientras que Cristo había instituido la Nueva Alianza para que fuese la familia mundial, o «católica» {del griego 
katholikos), de Dios, y comprendiera a todas las naciones ya todos los hombres, fueran judíos o gentiles.

Los estudiantes estaban estusiasmados... ¡Ahora la Biblia adquiría un nuevo sentido! Un alumno preguntó: - ¿Qué forma tiene esta familia mundial?

Dibujé una gran pirámide en la pizarra y expliqué:

-Sería como una gran familia extendida por todo el mundo, con diferentes figuras paternas en cada nivel, encargadas por Dios para administrar su amor y su ley a sus hijos. Uno de mis estudiantes católicos comentó en voz alta:

-Esa pirámide se parece mucho a la Iglesia católica, con el Papa en el vértice.

-¡Oh, no! -repliqué rápidamente-; lo que os estoy dando aquí es el antídoto del catolicismo -eso era lo que yo creía, o al menos trataba de creer-. Además, el Papa es un dictador, no un padre.

 -Pero Papa significa «padre».

 -No es así -me apresuré a corregir.

-Sí es así -contestó a coro un grupo de estudiantes.

Muy bien; así que los católicos tenían razón en otro punto más. Podía admitirlo, pero me sentía muy asustado. ¡No sabía lo que se me venía encima!

Durante la comida, una de mis alumnas más aventajadas se me acercó, en representación de un pequeño grupo que estaba en la esquina de atrás, para decirme:

-Hemos hecho una votación, y el resultado es unánime: pensamos que usted se convertirá al catolicismo. Me eché a reír, muy nervioso.

-¡Eso es absurdo! -exclamé, mientras un escalofrío me recorría la espalda.

Ella esbozó una pícara sonrisa de complicidad, se encogió de hombros y se volvió a su sitio.

Al regresar a casa por la tarde, aún me sentía aturdido. Le dije a Kimberly:

 -No te imaginas lo que me ha dicho hoy Rebecca: que un grupo de estudiantes ha votado que me voy a convertir al catolicismo. ¿Puedes imaginar algo más absurdo?

Yo esperaba que Kimberly se reiría conmigo, pero ella tan sólo me miró de forma inexpresiva y dijo:

-¿y lo harás? ¡No podía creerlo! ¿Cómo era capaz mi propia esposa de pensar, tan a la ligera, que yo traicionaría la verdad de la Escritura y de la Reforma? Sentí como si me clavaran un cuchillo por la espalda.

-¿Cómo puedes tú decir eso? -balbucí-. ¡Eso es renegar de tu confianza en mí como pastor y
como profesor! ¿Católico yo? ¡Me amamantaron con los escritos de Martin Lutero...! ¿Qué pretendes?

-Scott, estaba acostumbrada a considerarte como un hombre profundamente anti-católico y comprometido con los principios de la Reforma. Pero últimamente te oigo hablar tanto de sacramentos, liturgia, tipología, eucaristía... -luego Kimberly añadió algo que nunca olvidaré-: A veces pienso que podrías ser un Lutero al revés.

20.9.20

Roma, Dulce Hogar, Capítulo 6; Autores: Scott y Kimberly Hahn

El Padre John Debicki, mi amigo sacerdote de Pittsburgh, me puso en contacto con el Layton Study Center, un centro del Opus Dei en Milwaukee. Los amigos que hice allí, tanto los sacerdotes como los otros miembros, me ofrecieron un enfoque práctico de oración, trabajo, familia y apostolado, que integró todo lo positivo de mi experiencia evangélica dentro de un sólido plan de vida católico. Se me enseñó y se me animó, como laico, a encontrar modos de transformar mi trabajo en oración. 

Uno de los miembros casados, Chris Wolfe, me estimulaba constantemente a dar total prioridad a mi vida interior. Por fin el proceso de conversión se estaba tornando, sobrenaturalmente, en una historia romántica. 

El Espíritu Santo me estaba revelando que la Iglesia católica, que tanto me aterrorizaba antes, era en realidad mi hogar y mi familia. Experimentaba un gozoso sentimiento de regreso a casa a medida que redescubría a mi padre, a mi madre y a mis hermanos y hermanas mayores. 

Así que un día cometí una «fatal metedura de pata»: decidí que había llegado el momento de
ir, yo solo, a una Misa católica. Tomé al fin la resolución de atravesar las puertas del Gesú, la parroquia de Marquette University. Poco antes de mediodía me deslicé silenciosamente hacia la cripta de la capilla para la misa diaria. No sabía con certeza lo que encontraría; quizá estaría sólo con un sacerdote y un par de viejas monjas. Me senté en un banco del fondo para observar. De repente, numerosas personas empezaron a entrar desde las calles, gente normal y corriente. Entraban, hacían una genuflexión y se arrodillaban para rezar. Me impresionó su sencilla pero sincera devoción. Sonó una campanilla, y un sacerdote caminó hacia el altar. 

Yo me quedé sentado, dudando aún de si debía arrodillarme o no. Como evangélico calvinista, me habían enseñado que la misa católica era el sacrilegio más grande que un hombre podía cometer: inmolar a Cristo otra vez. Así que no sabía qué hacer. Observaba y escuchaba atentamente a medida que las lecturas, oraciones y respuestas -tan impregnadas en la Escritura- convertían la Biblia en algo vivo. Me venían ganas de interrumpir la misa para decir: «Mira, esa frase es de Isaías... El canto es de los Salmos ¡Caramba!, ahí tienen a otro profeta en esa plegaria.» Encontré muchos elementos de la antigua liturgia judía que yo había estudiado tan intensamente. 

Entonces, de repente, comprendí que éste era el lugar de la Biblia. Éste era el ambiente en el cual esta preciosa herencia de familia debe ser leída, proclamada y explicada... Luego pasamos a la Liturgia Eucarística, donde todas mis afirmaciones sobre la alianza hallaban su lugar. Hubiera querido interrumpir cada parte y gritar: «¡Eh!, ¿queréis que os explique lo que está pasando desde el punto de vista de la Escritura? ¡Esto es fantástico!» Pero en vez de eso, allí estaba yo sentado, languideciendo por un hambre sobrenatural del Pan de Vida. 
Tras pronunciar las palabras de la Consagración, el sacerdote mantuvo elevada la hostia. Entonces sentí que la última sombra de duda se había diluido en mí. Con todo mi corazón musité: 

«Señor mío y Dios mío. ¡Tú estás verdaderamente ahí! Y si eres Tú, entonces quiero tener plena comunión contigo. No quiero negarte nada.»

7.9.20

Encíclica Ad Catholici Sacerdotii Nº 15, Autor: Pio XI


El cristiano, casi a cada paso importante de su mortal carrera, encuentra a su lado al sacerdote en actitud de comunicarle o acrecentarle con la potestad recibida de Dios esta gracia, que es la vida sobrenatural del alma.

Apenas nace a la vida temporal, el sacerdote lo purifica y renueva en la fuente del agua lustral, infundiéndole una vida más noble y preciosa, la vida sobrenatural, y lo hace hijo de Dios y de la Iglesia; para darle fuerzas con que pelear valerosamente en las luchas espirituales,

un sacerdote revestido de especial dignidad lo hace soldado de Cristo en el sacramento de la confirmación;

apenas es capaz de discernir y apreciar el Pan de los Ángeles, el sacerdote se lo da, como alimento vivo y vivificante bajado del cielo;

caído, el sacerdote lo levanta en nombre de Dios y lo reconforta por medio del sacramento de la penitencia;

si Dios lo llama a formar una familia y a colaborar con El en la transmisión de la vida humana en el mundo, para aumentar primero el número de los fieles sobre la tierra y después el de los elegidos en el cielo, allí está el sacerdote para bendecir sus bodas y su casto amor;

y cuando el cristiano, llegado a los umbrales de la eternidad, necesita fuerza y ánimos antes de presentarse en el tribunal del divino Juez, el sacerdote se inclina sobre los miembros doloridos del enfermo, y de nuevo le perdona y le fortalece con el sagrado crisma de la extremaunción;

por fin, después de haber acompañado así al cristiano durante su peregrinación por la tierra hasta las puertas del cielo, el sacerdote acompaña su cuerpo a la sepultura con los ritos y oraciones de la esperanza inmortal, y sigue al alma hasta más allá de las puertas de la eternidad, para ayudarla con cristianos sufragios, por si necesitara aún de purificación y refrigerio.

Así, desde la cuna hasta el sepulcro, más aún, hasta el cielo, el sacerdote está al lado de los fieles, como guía, aliento, ministro de salvación, distribuidor de gracias y bendiciones.

3.9.20

Forja Nº 754, Autor: San Josemaría

Al abrir el Santo Evangelio, piensa que lo que allí se narra —obras y dichos de Cristo— no sólo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia. —El Señor nos ha llamado a los católicos para que le sigamos de cerca y, en ese Texto Santo, encuentras la Vida de Jesús; pero, además, debes encontrar tu propia vida. Aprenderás a preguntar tú también, como el Apóstol, lleno de amor: "Señor, ¿qué quieres que yo haga?..." —¡La Voluntad de Dios!, oyes en tu alma de modo terminante. Pues, toma el Evangelio a diario, y léelo y vívelo como norma concreta. —Así han procedido los santos
.