Pedidle, pues, a Él, que os conceda imitarlo en su caridad hasta el extremo para con todos, sin rehuir a los alejados y pecadores, de forma que, con vuestra ayuda, se conviertan y vuelvan al buen camino. Pedidle que os enseñe a estar muy cerca de los enfermos y de los pobres, con sencillez y generosidad. Afrontad este reto sin complejos ni mediocridad, antes bien como una bella forma de realizar la vida humana en gratuidad y en servicio, siendo testigos de Dios hecho hombre, mensajeros de la altísima dignidad de la persona humana y, por consiguiente, sus defensores incondicionales. Apoyados en su amor, no os dejéis intimidar por un entorno en el que se pretende excluir a Dios y en el que el poder, el tener o el placer a menudo son los principales criterios por los que se rige la existencia. Puede que os menosprecien, como se suele hacer con quienes evocan metas más altas o desenmascaran los ídolos ante los que hoy muchos se postran. Será entonces cuando una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre realmente como una novedad y atraiga con fuerza a quienes de veras buscan a Dios, la verdad y la justicia.
11.12.23
Homilia de S. S. BENEDICTO XVI en la Catedral de la Almudena de Madrid Sábado 20 de agosto de 2011
8.12.23
Evangelio según San Marcos 9, 33-37
Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: "El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos".
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: "El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado".
Libro de Eclesiástico 2,1-11.
Hijo, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba.
Endereza tu corazón, sé firme, y no te inquietes en el
momento de la desgracia.
Únete al Señor y no te separes, para que al final de tus
días seas enaltecido.
Acepta de buen grado todo lo que te suceda, y sé paciente
en las vicisitudes de tu humillación.
Porque el oro se purifica en el fuego, y los que agradan
a Dios, en el crisol de la humillación.
Confía en él, y él vendrá en tu ayuda, endereza tus
caminos y espera en él.
Los que temen al Señor, esperen su misericordia, y no se
desvíen, para no caer.
Los que temen al Señor, tengan confianza en él, y no les
faltará su recompensa.
Los que temen al Señor, esperen sus beneficios, el gozo
duradero y la misericordia.
Fíjense en las generaciones pasadas y vean: ¿Quién confió
en el Señor y quedó confundido? ¿Quién perseveró en su temor y fue abandonado?
¿Quién lo invocó y no fue tenido en cuenta?
Porque el Señor es misericordioso y compasivo, perdona
los pecados y salva en el momento de la aflicción.
6.12.23
Deuteronomio 8, 11-14
Pero ten cuidado: no olvides al Señor, tu Dios, ni dejes de observar sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, que yo te prescribo hoy.
Y cuando comas hasta saciarte, cuando construyas casas confortables y vivas en ellas, cuando se multipliquen tus vacas y tus ovejas, cuando tengas plata y oro en abundancia y se acrecienten todas tus riquezas, no te vuelvas arrogante, ni olvides al Señor, tu Dios
Primera Carta a los Tesalonicenses 4,1-3; Autor: San Pablo
Por lo demás, hermanos, les rogamos y los exhortamos en el
Señor Jesús, que vivan conforme a lo que han aprendido de nosotros sobre la
manera de comportarse para agradar a Dios. De hecho, ustedes ya viven así:
hagan mayores progresos todavía.Ya conocen las instrucciones que les he dado en nombre del
Señor Jesús.
La voluntad de Dios es que sean santos.
5.12.23
Sermon 279, Numero 10; Autor:San Agustin
En efecto, vivas bien, vivas mal, has de morir; no escaparás de la muerte ni viviendo bien ni viviendo mal. Pero, si eliges el vivir bien aquí, no serás enviado a las penas eternas. Dado que aquí no puedes elegir no morir, mientras vives, elige no morir eternamente.
19.11.23
de la Homilía de S. S. Benedicto XVI en la Santa Misa Inaugural de su Pontificado
El pastor de todos los hombres, el Dios vivo, se ha hecho él mismo cordero, se ha puesto de la parte de los corderos, de los que son pisoteados y sacrificados. Precisamente así se revela Él como el verdadero pastor: “Yo soy el buen pastor [...]. Yo doy mi vida por las ovejas”, dice Jesús de sí mismo (Jn 10, 14s.).
No es el poder lo que redime, sino el amor. Éste es el distintivo de Dios: Él mismo es amor. ¡Cuántas veces desearíamos que Dios se mostrara más fuerte! Que actuara duramente, derrotara el mal y creara un mundo mejor. Todas las ideologías del poder se justifican así, justifican la destrucción de lo que se opondría al progreso y a la liberación de la humanidad.
Nosotros sufrimos por la paciencia de Dios. Y, no obstante, todos necesitamos su paciencia. El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres.
11.11.23
Evangelio según San Lucas 10,17-20
El les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas
las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos.
No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo".
de la Carta de Albino Luciani a San Buenaventura
En esta sociedad se ha creado un enorme vacío moral y religioso. Todos parecen espasmódicamente lanzados hacia conquistas materiales: ganar, invertir, rodearse de nuevas comodidades, pasarlo bien (...). Dios –que debería invadir nuestra vida– se ha convertido, en cambio, en una estrella lejanísima, a la que solo se mira en determinados momentos. Creemos ser religiosos porque vamos a la iglesia, tratando después de llevar fuera de la iglesia una vida semejante a la de tantos otros, entretejida de pequeñas o grandes trampas, de injusticias, de ataques a la caridad, con una falta absoluta de coherencia
Carta del 14 de febrero de 2017, n. 12. Autor: Mons. Fernando Ocáriz
El libro de oraciones, nº 18, Autor: San Gregorio de Narek (c. 944-c. 1010) monje y poeta armenio
«En seguida se puso derecha y glorificaba a Dios»
| Hubo un tiempo en que yo no existía, y tú me creaste. |
| No había pedido nada, y tú me hiciste. |
| Todavía no había salido a la luz, y me viste. |
| No había aparecido, y te compadeciste de mí. |
| No te había invocado todavía, y te ocupaste de mí. |
| No te había hecho ninguna señal con la mano, y me miraste. |
| No te había suplicado nada, y te compadeciste de mí. |
| No había articulado ningún sonido, y me comprendiste. |
| No había todavía suspirado, y me escuchaste. |
| Aún sabiendo lo que actualmente iba a ser, |
| no me despreciaste. |
| Habiendo considerado con tu mirada precavida |
| las faltas que tengo por ser pecador, |
| sin embargo, me modelaste. |
| Y ahora, a mí que tú has creado, |
| a mí que has salvado, |
| a mí que he sido objeto de tanta solicitud por tu parte, |
| que la herida del pecado, suscitado por el Acusador, |
| ¡no me pierda para siempre!... |
| Atada, paralizada, |
| encorvada como la mujer que sufría, |
| mi desdichada alma queda impotente para enderezarse. |
| Bajo el peso del pecado, mira hacia el suelo, |
| a causa de los duros lazos de Satán... |
| Inclínate hacia mí, tú, el sólo Misericordioso, |
| pobre árbol pensante que se cayó. |
| A mí, que estoy seco, hazme florecer de nuevo |
| en belleza y esplendor |
| según las palabras divinas del santo profeta (Ez 17,22-24)... |
| Tú, el sólo Protector, |
| te pido quieras echar sobre mí una mirada |
| surgida de la solicitud de tu amor indecible... |
y de la nada crearás en mí la misma luz. (cf Gn 1,3) |
22.10.23
Homilía da S. S Benedicto XVI en la Santa Misa de clausura de la JMJ en Madrid, 2011
Carta de Santiago 4,4
17.10.23
Angelus del Domingo 22 de julio de 2012 en Castelgandolfo; Autor: Benedicto XVI
El maligno intenta siempre arruinar la obra de Dios, sembrando división en el corazón humano, entre cuerpo y alma, entre el hombre y Dios, en las relaciones interpersonales, sociales, internacionales, y también entre el hombre y la creación. El maligno siembra guerra; Dios crea paz. Es más, como afirma san Pablo, Cristo «es nuestra paz
16.10.23
Comentario al Evangelio del día 16 de Octubre de 2023 en la página del Opus Dei (San Lucas 11, 29-32)
Jesús nos pide que sepamos escuchar, que tengamos un corazón abierto a todo lo que nos viene de Dios. Que sepamos escucharle cuando nos habla a través de su palabra o a través de una lectura o a través de otra persona o a través de una situación por la que atravesemos, etc. En definitiva, que sepamos descubrir cuando se dirige a nosotros para guiarnos en el camino de la vida hacia la santidad.
Contamos con la fuerza poderosa del Espíritu Santo que cuando encuentra un corazón dispuesto se vuelca con sus dones y le conduce por los caminos de Dios.24.9.23
Amigos de Dios Nº 250, Autor: San Josemaría
Hemos de decidirnos a seguirlo de verdad: que el Señor pueda servirse de nosotros para que, metidos en todas las encrucijadas del mundo -estando nosotros metidos en Dios-, seamos sal, levadura, luz. Tú, en Dios, para iluminar, para dar sabor, para acrecentar, para fermentar
Pero no me olvides que no creamos nosotros esa luz: únicamente la reflejamos. No somos nosotros los que salvamos las almas, empujándolas a obrar el bien: somos tan sólo un instrumento, más o menos digno, para los designios salvadores de Dios. Si alguna vez pensásemos que el bien que hacemos es obra nuestra, volvería la soberbia, aún más retorcida; la sal perdería el sabor, la levadura se pudriría, la luz se convertiría en tinieblas.Es Cristo que Pasa Nº 58, Autor: San Josemaría

La conversión es cosa de un instante; la santificación es tarea para toda la vida. La semilla divina de la caridad, que Dios ha puesto en nuestras almas, aspira a crecer, a manifestarse en obras, a dar frutos que respondan en cada momento a lo que es agradable al Señor. Es indispensable por eso estar dispuestos a recomenzar, a reencontrar —en las nuevas situaciones de nuestra vida— la luz, el impulso de la primera conversión. Y ésta es la razón por la que hemos de prepararnos con un examen hondo, pidiendo ayuda al Señor, para que podamos conocerle mejor y nos conozcamos mejor a nosotros mismos. No hay otro camino, si hemos de convertirnos de nuevo.
3.8.23
Audiencia general del 27.09.06 del Papa Benedicto XVI
El caso del apóstol Tomás es importante para nosotros, al menos, por tres razones: la primera, porque nos reconforta en nuestras inseguridades; la segunda, porque nos muestra que toda duda puede desembocar en una salida luminosa, más allá de toda incertidumbre; y por fin, porque las palabras que Jesús le dirige nos recuerdan el verdadero sentido de la fe que ha madurado y nos alienta a seguir, a pesar de las dificultades, en nuestro camino de adhesión a su persona.
23.7.23
La Sal de la Tierra. Libro entrevista al Cardenal Joseph Ratzinger por Peter Seewald
A mí a veces también me parece ver claramente que es el hombre quien amenaza a la naturaleza con arrebatarle su hálito de vida. Y esa contaminación ambiental exterior que sufrimos también me parece espejo y emanación de la contaminación de nuestro interior, a la que apenas prestamos atención. Yo diría que ese es el gran déficit de los movimientos ecologistas. Arremeten con pasión muy comprensible y justificada contra la contaminación del medio ambiente, mientras tratan la auto contaminación espiritual del hombre como si fuera uno de sus derechos a la libertad. Ahí hay algo erróneo. Eliminamos la contaminación cuantificable, pero no prestamos atención a la contaminación espiritual del hombre -que es parte de la Creación- para poder respirar humanamente, y, en cambio, defendemos lo que, con un concepto falso de libertad, crea la voluntad humana.
Mientras sigamos cultivando en nuestro interior esa caricatura de libertad, es decir, la libertad de la destrucción espiritual, todos los cambios que queramos dirigir hacia el exterior serán ineficaces. Creo que habría que prestar más atención a esto. No sólo la naturaleza tiene leyes, disposiciones y un orden de vida que hemos de seguir si queremos vivir en y de ella. El hombre es criatura y, como tal, tiene también un orden en la Creación. El hombre no puede hacer nada arbitrariamente, por sí mismo. Para poder vivir desde dentro, tiene que reconocerse como criatura y procurar tener en su interior la pureza del ser criatura, algo así como una especie de ecología espiritual, si queremos llamarlo así. Cuando no se entiende este punto central de la ecología, todo lo demás es inútil.
El capítulo 8 de la Carta a los Romanos lo explica muy
claramente. Dice que Adán, o sea, el hombre interiormente contaminado, trata a
la Creación como a una esclava y la somete, y que la Creación sometida gime por
ello. Hoy en día escuchamos a la Creación gemir como nunca. Pablo, además,
añade que la Creación espera la presencia del Hijo de Dios para poder respirar,
y que sólo respirará cuando se vea sometida a hombres que sean un reflejo de Dios.
21.7.23
Saludo del Santo Padre a los jóvenes en Westminster,(18 de septiembre 2010); Autor: Benedicto XVI
Una verdadera oración requiere disciplina; requiere buscar momentos de silencio cada día. A menudo significa esperar a que el Señor hable. Incluso en medio del ‘ajetreo’ y las presiones de nuestra vida cotidiana, necesitamos espacios de silencio, porque en el silencio encontramos a Dios, y en el silencio descubrimos nuestro verdadero ser
20.7.23
Discurso del 02/04/1987 a los jóvenes de Chile; Autor: San Juan Pablo II (1920-2005)
¿Qué significa construir vuestra vida en Cristo?
Significa dejaros comprometer por su amor. Un amor que pide coherencia en el
propio comportamiento, que exige acomodar la propia conducta a la doctrina y a
los mandamientos de Jesucristo y de su Iglesia; un amor que llena nuestras
vidas de una felicidad y de una paz que el mundo no puede dar (cf. Jn 14, 27),
a pesar de que tanto la necesita. No tengáis miedo a las exigencias del amor de
Cristo. Temed, por el contrario, la pusilanimidad, la ligereza, la comodidad,
el egoísmo; todo aquello que quiera acallar la voz de Cristo que, dirigiéndose
a cada una, a cada uno, repite: “Contigo hablo, levántate” ( Mc 5, 41).
Mirad a Cristo con valentía, contemplando su vida a
través de la lectura sosegada del Evangelio; tratándole con confianza en la
intimidad de vuestra oración, en los sacramentos, especialmente en la Sagrada
Eucaristía…
Si tratáis a Cristo, oiréis también vosotros en lo más
íntimo del alma los requerimientos del Señor, sus insinuaciones continuas.
Jesús continúa dirigiéndose a vosotros y repitiéndoos: “Contigo hablo,
levántate” (Ibíd.)
17.7.23
Encíclica "EVANGELII NUNTIANDI" N° 14; Autor: San Paulo VI
Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa.
8.7.23
Salmo 138(137),1-2a.2bcd-3.4-5.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
te cantaré en presencia de los ángeles.
Me postraré ante tu santo Templo.
y daré gracias a tu Nombre
por tu amor y tu fidelidad.
porque tu promesa ha superado tu renombre.
Me respondiste cada vez que te invoqué
y aumentaste la fuerza de mi alma.
Que los reyes de la tierra te bendigan
al oír las palabras de tu boca,
y canten los designios del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.
7.7.23
Tratado para recibir el Cuerpo del Señor; Autor: Santo Tomás Moro (1478-1535)
Habiendo recibido a Nuestro Señor en la Eucaristía, teniéndolo presente en nuestro cuerpo, no vayamos a dejarlo completamente solo, para ocuparnos de otra cosa, sin hacerle más caso...: que él sea nuestra única ocupación. Dirijámonos a él con una oración ferviente; entretengámonos con él con entusiastas meditaciones.
Digamos con el profeta: «Escucharé las palabras que el Señor me dice en lo más íntimo de mi corazón» (Sal. 84,9). Ya que, si... le prestamos toda nuestra atención, no dejará de pronunciar en nuestro interior, bajo forma de inspiraciones, tal o cual palabra destinada a aportarnos un gran consuelo espiritual y de provecho para nuestra alma.
Seamos pues a la vez Marta y María. Con Marta, procuremos
que toda nuestra actividad exterior sea en beneficio de Él, consiste en hacerle
buen recibimiento, a Él primero, y también por amor a Él, a todos los que le
acompañan, es decir, a los pobres de los que Él mismo tiene a cada uno, no sólo
por su discípulo, sino por sí mismo: «Lo que hacéis al más pequeño de mis
hermanos, a mí mismo me lo hacéis» (Mt 25,40)... Esforcémonos en retener a
nuestro huésped. Digámosle con los dos discípulos de Emaús: «Quédate con
nosotros, Señor» (Lc 24,29). Y entonces, estemos seguros, de que no se alejará
de nosotros, a menos que nosotros mismos le alejemos por nuestra ingratitud.
30.6.23
Amigos de Dios N° 230; Autor: San Josemaría
Los hijos de Dios nos forjamos en la práctica de ese mandamiento nuevo, aprendemos en la Iglesia a servir y no a ser servidos, y nos encontramos con fuerzas para amar a la humanidad de un modo nuevo, que todos advertirán como fruto de la gracia de Cristo. Nuestro amor no se confunde con una postura sentimental, tampoco con la simple camaradería, ni con el poco claro afán de ayudar a los otros para demostrarnos a nosotros mismos que somos superiores. Es convivir con el prójimo, venerar -insisto- la imagen de Dios que hay en cada hombre, procurando que también él la contemple, para que sepa dirigirse a Cristo.Universalidad de la caridad significa, por eso, universalidad del apostolado; traducción en obras y de verdad, por nuestra parte, del gran empeño de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Si se ha de amar también a los enemigos -me refiero a los que nos colocan entre sus enemigos: yo no me siento enemigo de nadie ni de nada-, habrá que amar con más razón a los que solamente están lejos, a los que nos caen menos simpáticos, a los que, por su lengua, por su cultura o por su educación, parecen lo opuesto a ti o a mí
28.6.23
Tratado sobre la envidia y los celos, 12-15; CSEL 3, pag. 427-430; Autor: San Cipriano (c. 200-258) obispo de Cartago y mártir
El cumplimiento de la ley: el amor operante
Así que ¿hay un mandamiento que el Señor haya enseñado con
más insistencia a sus discípulos que este de amar los unos a los otros con el
mismo amor con que él nos ha amado? (Jn 13,34) ¿Se encontrará entre los
consejos que conducen a la salvación y entre los preceptos divinos un
mandamiento más importante para guardar y observar? Pero como el que por la
envidia se ha vuelto incapaz de actuar como un hombre de paz y de corazón
¿podrá guardar la paz o el amor del Señor?
Por esto, el apóstol Pablo proclamó también los méritos de la paz y de la caridad. Afirmó con fuerza que ni la fe ni las limosnas ni siquiera los sufrimientos del martirio no le servirían de nada si no respetara los lazos de la caridad (cf 1Cor 13,1-3).
Hablar con Dios, Sábado de la Octava de Pascua; Autor: Francisco Fernández Carvajal
Del misterio pascual de Cristo nace la Iglesia y ésta se
presenta a los hombres de su tiempo con una apariencia pequeña, como la
levadura, pero con una fuerza divina capaz de transformar el mundo, haciéndolo
más humano y más cercano a su Creador. Muchos hombres de buena voluntad han
respondido hoy a las frecuentes llamadas del sucesor de Pedro para dar luz a
tantas conciencias que andan en la oscuridad en tierras en las que en otro
tiempo se amaba a Cristo.
Como hicieron los primeros cristianos, “lo verdaderamente
importante es tratar a las almas una a una, para acercarlas a Dios” (A. DEL
PORTILLO, Carta pastoral, 25-XII-1985, n. 9). Por eso, nosotros mismos debemos
estar muy cerca del Señor, unidos a Él como el sarmiento a la vid. Sin santidad
personal no es posible el apostolado, la levadura viva se convierte en masa
inerte. Seríamos absorbidos por el ambiente pagano que con frecuencia
encontramos en quienes quizá en otro tiempo fueron buenos cristianos.
El cristiano, si está unido al Señor, será siempre optimista, “con un optimismo sobrenatural que hunde sus raíces en la fe, que se alimenta de la esperanza y a quien pone alas el amor
22.6.23
Comentario al Evangelio del día 19 de Junio de 2023 en la página del Opus Dei (San Mateo 5, 38-42)
El Señor nos hace ver que para ser sal de la tierra y luz del mundo hemos de vivificar la justicia por el amor. Vivir la ley de Cristo en plenitud implica saber perdonar, renunciando si es necesario a exigir que se aplique “milimétricamente” la justicia cuando alguien nos ha causado un daño.En sus palabras, Jesús hace una alusión a la ley del talión: ojo por ojo y diente por diente. En el libro del Éxodo, se menciona esta ley para regular el modo en que se hacía justicia, evitando que se convierta en una venganza desproporcionada: nadie podía excederse, cobrándose el doble, o siete o diez veces más, sino que el castigo sería igual a la ofensa. Ese mismo libro hace una larga lista de posibles agravios (dejar tuerto a alguien, golpear a un esclavo, recibir la cornada de un buey, etc.) y de cómo tendría que ser la reparación.
La solución que nos propone Jesús está por encima de toda casuística. Es una ley de amor, que nos indica el camino para que alcancemos una justicia duradera. Este camino es el perdón. Lógicamente, en la medida de lo posible se debe reparar el daño. Pero en ocasiones, aunque el otro está arrepentido, no está en condiciones de reparar todos sus errores. Y podría suceder que al exigir sin clemencia justicia para nosotros perdamos la capacidad de sanar la relación y perpetuemos los ciclos del odio.
El Señor nos invita a mirar la situación de cada uno. Muchas veces, para conseguir su conversión, será mejor dejarle el manto de nuestra misericordia, que cubre sus defectos, y seguir andando con él pacientemente las millas que hagan falta para que recapacite.
21.6.23
Discurso en la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid el 18 de Agosto de 2011; Autor: S. S Benedicto XVI
Escuchad de verdad las palabras del Señor para que sean en vosotros espíritu y vida, raíces que alimentan vuestro ser, pautas de conducta que nos asemejen a la persona de Cristo, siendo pobres de espíritu, hambrientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, amantes de la paz. Hacedlo cada día con frecuencia, como se hace con el único Amigo que no defrauda y con el que queremos compartir el camino de la vida. Bien sabéis que, cuando no se camina al lado de Cristo, que nos guía, nos dispersamos por otras sendas, como la de nuestros propios impulsos ciegos y egoístas, la de propuestas halagadoras pero interesadas, engañosas y volubles, que dejan el vacío y la frustración tras de sí.
Angelus del Domingo 18 de febrero de 2007 ; Autor: S. S Benedicto XVI
El evangelio de este domingo contiene una de las expresiones más típicas y fuertes de la predicación de Jesús: "Amad a vuestros enemigos" (Lc 6, 27). Está tomada del evangelio de san Lucas, pero se encuentra también en el de san Mateo (Mt 5, 44), en el contexto del discurso programático que comienza con las famosas "Bienaventuranzas". Jesús lo pronunció en Galilea, al inicio de su vida pública. Es casi un "manifiesto" presentado a todos, sobre el cual pide la adhesión de sus discípulos, proponiéndoles en términos radicales su modelo de vida.
Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.013
Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad. Todos son llamados a la santidad: ‘Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto’ (Mt 5,48)
13.6.23
Primera carta de San Juan 3, 22-24
Entonces, todo lo que pidamos nos lo concederá, porque guardamos sus mandatos y hacemos lo que le agrada.
Diatesaron 8, 3-4; Autor: San Efrén (c. 306-373) Diácono en Siria, doctor de la Iglesia
«Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa» (Lc 10,5) para que el mismo Señor entre en ella y se quede allí, como cerca de María... Esta salutación es el misterio de la fe que ilumina el mundo; por ella se ahoga la enemistad, se acaba la guerra y los hombres se reconocen mutuamente. El efecto de esta salutación estaba escondido como debajo de un velo, a pesar de ser prefigurado en el misterio de la resurrección (...) cada vez que la luz se levanta y que la aurora echa fuera la noche. A partir de este envío hecho por Cristo, los hombres han comenzado a dar y a recibir esta salutación, fuente de curación y de bendición. (...)
Esta salutación, con su escondido poder... es suficiente
para llegar, ampliamente, a todos los hombres. Por eso Nuestro Señor ha
enviado, como precursores, a sus discípulos a llevarla para que ella haga
realidad la paz que llevan, por su voz, los apóstoles, sus enviados, y prepare
el camino ante ellos. Fue sembrada en todas las casas (...); entraba en todos
los que la oían, para separar y poner a parte a sus hijos que la reconocían.
Quedaba en ellos, pero denunciaba a los que le eran extraños porque no la
acogían.
Esta salutación de paz no se acaba nunca, saliendo de los
apóstoles llega a sus hermanos desvelándoles los tesoros inagotables del Señor.
(...) Presente tanto en los que la daban como en los que la acogían, este
anuncio de la paz no sufría ni disminución ni división. Anunciaba que el Padre
está cerca de todos y en todos; revelaba que la misión del Hijo está
enteramente cerca de todos, aunque su fin sea junto a su Padre. No cesa de
proclamar que las imágenes están ya cumplidas y que la verdad hace huir las
sombras.
12.6.23
Camino Nº 945, Autor: San Josemaría
La Sal de la Tierra. Libro entrevista al Cardenal Joseph Ratzinger por Peter Seewald
La fe de los cristianos significa ver en Cristo vivo, hecho carne por nosotros, al Hijo de
Dios hecho hombre, y creer en Dios, en la Trinidad de un solo Dios, Creador del ciclo y
de la tierra; y creer que este Dios que se humilló y -por así decir- se hizo pequeño, vela
por nosotros los hombres y forma parte de nuestra historia, y creer también que el
espacio donde todo esto se manifiesta es la Iglesia, lugar privilegiado de su expresión.
Por eso, la Iglesia no es una simple organización humana -aunque haya tanto de
humano en ella-, es mucho más, pues la fe nos exige estar con y en la Iglesia; en la
iglesia se interpretan y se viven las Sagradas Escrituras.
30.5.23
Carta Encíclica Rerum Novarum de S. S. León XIII, 20
Si siguen los preceptos de Cristo, resultará poco la amistad y se unirán por el amor fraterno. Pues verán y comprenderán que todos los hombres han sido creados por el mismo Dios, Padre común; que todos tienden al mismo fin, que es el mismo Dios, el único que puede dar la felicidad perfecta y absoluta a los hombres y a los ángeles; que, además, todos han sido igualmente redimidos por el beneficio de Jesucristo y elevados a la dignidad de hijos de Dios, de modo que se sientan unidos, por parentesco fraternal, tanto entre sí como con Cristo, primogénito entre muchos hermanos. De igual manera que los bienes naturales, los dones de la gracia divina pertenecen en común y generalmente a todo el linaje humano, y nadie, a no ser que se haga indigno, será desheredado de los bienes celestiales: «Si hijos, pues, también herederos; herederos ciertamente de Dios y coherederos de Cristo»[Rom 8,17].
28.5.23
Comentario del Evangelio en el día de Pentecostés en la página del Opus Dei
Jesús no espera que sus apóstoles se conviertan en hombres valientes para después enviarlos. Los envía justamente cuando están asustados: porque su paz y su fuerza no vendrán de las cualidades humanas o de las circunstancias favorables. Vendrán del Espíritu Santo que reciben en ese momento.
25.5.23
Hechos de los Apóstoles 4, 19-20
Pedro y Juan les respondieron: «Juzguen ustedes si es correcto delante de Dios que les hagamos caso a ustedes, en vez de obedecer a Dios. Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.»
Para mí, vivir es Cristo (VIII): agradar a Dios. Santidad y perfeccionismo, Autor: Diego Zalbidea
Hay una forma de temor contra la que el Padre nos ponía en guardia al comienzo de su primera Carta. Nos animaba a «exponer el ideal de la vida cristiana sin confundirlo con el perfeccionismo, enseñando a convivir con la debilidad propia y la de los demás; asumir, con todas sus consecuencias, una actitud cotidiana de abandono esperanzado, basada en la filiación divina»[F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8]. Una persona santa teme ofender a Dios. Teme igualmente no corresponder a su Amor. El perfeccionista, en cambio, teme no estar haciendo las cosas suficientemente bien y, por eso, teme que Dios esté enfadado. No es lo mismo santidad que perfeccionismo, aunque en ocasiones podemos confundirlos.
Decreto Apostolicam Actuositatem, Nº 12
Los jóvenes ejercen en la sociedad moderna un influjo de gran interés. Las circunstancias de su vida, el modo de pensar e incluso las mismas relaciones con la propia familia han cambiado mucho. Muchas veces pasan demasiado rápidamente a una nueva condición social y económica. Pero el paso que aumenta de día en día su influjo social, e incluso político, se ven como incapacitados para sobrellevar convenientemente esas nuevas cargas.
Este su influjo, acrecentado en la sociedad, exige de ellos una actividad apostólica semejante, pero su misma índole natural los dispone a ella. Madurando la conciencia de la propia personalidad, impulsados por el ardor de su vida y por su energía sobreabundante, asumen la propia responsabilidad y desean tomar parte en la vida social y cultural: celo, que si está lleno del espíritu de Cristo, y se ve animado por la obediencia y el amor hacía los pastores de la Iglesia, permite esperar frutos abundantes. (Ellos deben convertirse en los primeros e inmediatos apóstoles, de los jóvenes, ejerciendo el apostolado entre sí, teniendo en consideración el medio social en que viven).
Procuren los adultos entablar diálogo amigable con los jóvenes, que permita a unos y a otros, superada la distancia de edad, conocerse mutuamente y comunicarse entre sí lo bueno que cada uno tiene. Los adultos estimulen hacia el apostolado a la juventud, sobre todo en el ejemplo, y cuando haya oportunidad, con consejos prudentes y auxilios eficaces. Los jóvenes, por su parte, llénense de respeto y de confianza para con los adultos, y aunque, naturalmente, se sientan inclinados hacia las novedades, aprecien sin embargo como es debido las loables tradiciones.
También los niños tienen su actividad apostólica. Según su capacidad, son testigos vivientes de Cristo entre sus compañeros.





























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