11.1.18
De la Eucaristía a la Trinidad, Autor: M. V. Bernadot
El cristiano es un sembrador de alegría; y por esto realiza grandes cosas. La alegría es uno de los más irresistibles poderes que hay en el mundo: calma, desarma, conquista, arrastra. El alma alegre es un apóstol: atrae a los hombres hacia Dios, manifestándoles lo que en ella produce la presencia de Dios. Por esto el Espíritu Santo nos da este consejo: nunca os aflijáis, porque la alegría en Dios es vuestra fuerza (Nehemías 8, 10)
25.12.17
Encíclica Spe Salvi, Autor: Benedicto XVI
aparece también como elemento distintivo de los cristianos el hecho de que ellos tienen un futuro: no es que conozcan los pormenores de lo que les espera, pero saben que su vida, en conjunto, no acaba en el vacío. Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente. De este modo, podemos decir ahora: el cristianismo no era solamente una «buena noticia», una comunicación de contenidos desconocidos hasta aquel momento. En nuestro lenguaje se diría: el mensaje cristiano no era sólo «informativo», sino «performativo». Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva.
30.6.17
La Palabra Para Ser Hablada, Capítulo 12; Autora: Santa Teresa de Calcuta
La alegría es una necesidad y una fuerza para nosotros,
también psíquicamente. Una hermana que cultiva el espíritu de alegría siente
menos la fatiga y está cada día dispuesta a hacer el bien. Una hermana
rebosante de alegría predica sin predicar. Una hermana alegre es como el rayo
de sol del amor de Dios, la esperanza de la alegría eterna, la llama de un amor
ardiente.
La alegría es
una de las mejores garantías contra la tentación. El diablo es portador de
temor y barro, toda ocasión para lanzárnoslo es buena para él. Un corazón
alegre sabe cómo se ha de proteger.
29.6.17
Hablar con Dios, Tomo VI Nº 57, Autor: Francisco Fernández Carvajal
La vocación es un don divino que Dios
ha preparado desde la eternidad. Por eso, cuando el Señor se le manifestó en
Damasco, Pablo no pidió consejo «a la carne y a la sangre», no consultó
a ningún hombre, porque tenía la seguridad de que Dios mismo le había
llamado. No atendió a los consejos de la prudencia carnal, sino que
fue plenamente generoso con el Señor. Su entrega fue inmediata, total y sin
condiciones. Los Apóstoles, cuando escucharon la invitación de Jesús, también
dejaron las redes al instante(Mt 4, 20-22; Mc 1, 18) y, relictis
omnibus, abandonadas todas las cosas(Lc 5, 11),
se fueron tras el Maestro. Saulo, antiguo perseguidor de los cristianos, sigue
ahora al Señor con toda prontitud.
Todos nosotros hemos recibido, de
diversos modos, una llamada concreta para servir al Señor. Y a lo largo de la
vida nos llegan nuevas invitaciones a seguirle en nuestras propias
circunstancias, y es preciso ser generosos con el Señor en cada nuevo
encuentro. Hemos de saber preguntar a Jesús en la intimidad de la oración, como
San Pablo: ¿qué he de hacer, Señor?, ¿qué quieres que deje por Ti?, ¿en qué
deseas que mejore? En este momento de mi vida, ¿qué puedo hacer por Ti?
23.3.17
Libro de Eclesiástico 6,5-17
Las palabras dulces multiplican los amigos y un lenguaje amable favorece las buenas relaciones. Que sean muchos los que te saludan, pero el que te aconseja, sea uno entre mil. Si ganas un amigo, gánalo en la prueba, y no le des confianza demasiado pronto. Porque hay amigos ocasionales, que dejan de serlo en el día de tu aflicción. Hay amigos que se vuelven enemigos, y para avergonzarte, revelan el motivo de la disputa. Hay amigos que comparten tu mesa y dejan de serlo en el día de la aflicción. Mientras te vaya bien, serán como tú mismo y hablarán abiertamente con tus servidores; pero si te va mal, se pondrán contra ti y se esconderán de tu vista. Sepárate de tus enemigos y sé precavido con tus amigos. Un amigo fiel es un refugio seguro: el que lo encuentra ha encontrado un tesoro. Un amigo fiel no tiene precio, no hay manera de estimar su valor. Un amigo fiel es un bálsamo de vida, que encuentran los que temen al Señor. El que teme al Señor encamina bien su amistad, porque como es él, así también será su amigo.
-
9.3.17
Vida y doctrina de Rabban Youssef Bousnaya; Autor: Jean Bar Kaldoum
La misericordia es la imagen de Dios, y el hombre compasivo es, en efecto, un
Dios habitando en la tierra. De la misma manera que Dios es misericordioso para
con todos, sin distinción alguna, igualmente el hombre compasivo hace llegar a
todos sin distinción sus favores.Hijo mío, sé compasivo y derrama tus favores sobre todos, a fin de que puedas ser elevado hasta la divinidad… Procura no dejarte seducir por este pensamiento que te podría parecer atractivo: “Es mejor que sea compasivo con el que tiene la misma fe que yo, que no por aquel que nos es extraño”. No es esta la misericordia perfecta que imita a
Dios que derrama su favores sobre todos, sin estar celoso, sino “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5,45)…
“Dios es amor” (1Jn 4,8); su esencia es amor, y su amor es su misma esencia.
Por su amor, nuestro Creador, se ha visto impulsado a crearnos. El hombre que
posee la caridad, es verdaderamente Dios en medio de los hombres.
26.7.16
Ascética Meditada, Cáp. 9, Autor: Salvador Canals
Antes de querer hacer santos a todos aquellos a quienes amamos es necesario que les hagamos felices y alegres, pues nada prepara mejor el alma para la gracia como la leticia y la alegría.
Tú sabes ya -sólo quiero recordártelo- que cuando tienes entre las manos los corazones de aquellos a quienes quieres hacer mejores, si los has sabido atraer con la mansedumbre de Cristo, has recorrido ya la mitad de tu camino apostólico. Cuando te quieren y tienen confianza en ti, cuando están contentos, el campo está dispuesto para la siembra. Pues sus corazones están abiertos como una tierra fértil, para recibir el blanco trigo de tu palabra de apóstol o de educador.
Si sabes hablar sin herir, sin ofender, aunque debas corregir o reprender, los corazones no se te cerrarán. La semilla caerá, sin duda, en tierra fértil y la cosecha será abundante. De otro modo tus palabras encontrarán, en vez de un corazón abierto, un muro macizo; tu simiente no caerá en tierra fértil, sino al margen del camino -iuxta viam- de la indiferencia o de la falta de confianza; o en la piedra -super petram- de un ánimo mal dispuesto; o entre las espinas -inter spinas- de un corazón herido, resentido, lleno de rencor.
“No perdamos nunca de vista que el Señor ha prometido su eficacia a los rostros amables, a los modales afables y cordiales, a la palabra clara y persuasiva que dirige y forma sin herir: beati mites quoniam ipsi possidebunt terram, porque ellos poseeran la tierra. No debemos olvidar nunca que somos hombres que tratamos con otros hombres, aun cuando queramos hacer bien a las almas. No somos ángeles. Y, por tanto, nuestro aspecto, nuestra sonrisa, nuestros modales, son elementos que condicionan la eficacia de nuestro apostolado.
Tú sabes ya -sólo quiero recordártelo- que cuando tienes entre las manos los corazones de aquellos a quienes quieres hacer mejores, si los has sabido atraer con la mansedumbre de Cristo, has recorrido ya la mitad de tu camino apostólico. Cuando te quieren y tienen confianza en ti, cuando están contentos, el campo está dispuesto para la siembra. Pues sus corazones están abiertos como una tierra fértil, para recibir el blanco trigo de tu palabra de apóstol o de educador.
Si sabes hablar sin herir, sin ofender, aunque debas corregir o reprender, los corazones no se te cerrarán. La semilla caerá, sin duda, en tierra fértil y la cosecha será abundante. De otro modo tus palabras encontrarán, en vez de un corazón abierto, un muro macizo; tu simiente no caerá en tierra fértil, sino al margen del camino -iuxta viam- de la indiferencia o de la falta de confianza; o en la piedra -super petram- de un ánimo mal dispuesto; o entre las espinas -inter spinas- de un corazón herido, resentido, lleno de rencor.
“No perdamos nunca de vista que el Señor ha prometido su eficacia a los rostros amables, a los modales afables y cordiales, a la palabra clara y persuasiva que dirige y forma sin herir: beati mites quoniam ipsi possidebunt terram, porque ellos poseeran la tierra. No debemos olvidar nunca que somos hombres que tratamos con otros hombres, aun cuando queramos hacer bien a las almas. No somos ángeles. Y, por tanto, nuestro aspecto, nuestra sonrisa, nuestros modales, son elementos que condicionan la eficacia de nuestro apostolado.
12.7.16
No Hay Mayor Amor; Autora: Beata Teresa de Calcuta
Cristo ha dicho: « Estaba hambriento y vosotros
me habéis alimentado» (Mt 25,35). Estaba hambriento no solamente de pan sino
también del afecto bondadoso que hace que se sienta amado, reconocido, que se
sienta ser alguien a los ojos de otro. Ha estado desnudo no solamente de todo
vestido, sino también de toda dignidad y consideración ya que la mayor
injusticia cometida hacia el pobre es despreciarle porque es pobre. Estuvo
privado no sólo de un techo...sino también de todas las privaciones que
aguantan los que son encerrados, rechazados o excluidos errando por el mundo
sin que no haya nadie que se preocupe por ellos.
pequeño de nuestros hermanos (Mt 25,40), no está solamente hambriento de un
trozo de pan sino también de amor, de reconocimiento, de ser tenido en cuenta.
3.4.16
Evangelio según San Lucas, 24, 28-29
Cuando llegaron cerca
del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le
insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El
entró y se quedó con ellos.
25.3.16
Libro de Isaías 50,4-9a.
El mismo Señor me ha dado
una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una
palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como
un discípulo.
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás.
Ofrecí
mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la
barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.
Pero el Señor
viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro
como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.
Está cerca el que me
hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién
será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí!
Sí, el Señor viene
en mi ayuda: ¿quién me va a condenar?
22.3.16
Hablar con Dios, Tomo V, Nº 79, Autor: Francisco Fernández Carvajal
Frater qui adiuvatur a fratre quasi civitas
firma(Prov 18, 19). El hermano ayudado por su hermano es fuerte como una ciudad
amurallada, leemos en el Libro de los Proverbios. En aquellos primeros
tiempos, donde tantas dificultades externas encontraban quienes abrazaban la
fe, la
fraternidad era la mejor defensa contra todos los enemigos. Verdaderamente, la caridad bien vivida nos hace fuertes y
seguros como una ciudad amurallada, como una plaza fuerte inexpugnable a todos
los ataques. Las recomendaciones de vivir con delicadeza extrema el mandato del
Señor son muy abundantes: Llevad los unos las cargas de los otros, y
así cumpliréis la ley de Cristo( Gal 6,
2), exhorta San Pablo a los Gálatas. Nuestra disposición ante los
demás cuando los vemos agobiados, con una sobrecarga de trabajo, de
dificultades, ha de ser siempre la de ayudar a sobrellevar esos fardos, muchas
veces tan pesados. «Carga sobre ti –aconsejaba San Ignacio de Antioquía a su
discípulo San Policarpo–, como perfecto atleta de Cristo, las
enfermedades de todos» (San Ignacio de
Antioquía, Epístola a San Policarpo, 1, 3.)
13.9.15
Camino 692; Autor: San Josemaría
¿Estás sufriendo una gran tribulación? ¿Tienes
contradicciones? Di, muy despacio, como paladeándola, esta oración recia y
viril:
"Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada
la justísima y amabilísima Voluntad de Dios, sobre todas las cosas. -Amén.
-Amén."
Yo te aseguro que alcanzarás la paz.
29.6.15
Getsemaní, pág. 24; Autor: Mons. Javier Echevarría
A las criaturas -empezando por los propios apóstoles de Cristo-, si no vigilamos, si no nos esforzamos por descubrir la Providencia del Cielo, nos asalta el peligro del acostumbramietno malo -de la rutina- incluso cuando nos ocupamos de tareas importantes. No debería ser así, porque esa familiaridad mala lleva a la falta de amor, a no estar en los detalles con esmero, a permitir que se infiltre la indelicadeza con las personas que tratamos o con los objetos que usamos. Como enseña San Efrén, "la vigilancia que el Señor pide, se dirige a las dos partes del hombre: al cuerpo, para que esté prevenido contra la somnolencia; y al alma, para que rechace la pusilanimidad y la tibieza".
18.6.15
Hablar con Dios, Tomo 3, N° 93, Autor: Francisco Fernández Carvajal
Es de particular importancia ponernos en presencia de Aquel con quien deseamos hablar. Con frecuencia, el resto de la oración puede depender de estos primeros minutos en los que ponemos empeño en estar cerca de Quien sabemos nos ama y espera nuestra súplica, un acto de amor, que consideremos junto a Él un asunto que nos preocupa..., o sencillamente que permanezcamos en su presencia mirándole y sabiendo que nos mira. Si cuidamos con esmero, con amor, estos primeros momentos, si nos situamos de verdad delante de Cristo, una buena parte de la aridez y de las dificultades para hablar con Él desaparecen..., porque eran simplemente disipación, falta de recogimiento interior.
Para ponernos en presencia de Dios al comenzar la oración mental, debemos hacernos algunas consideraciones, que nos ayuden a alejar de nuestra mente otras preocupaciones. Le podemos decir a Jesús: «Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, para escucharme. Está en el Tabernáculo, realmente presente bajo las especies sacramentales, con su Cuerpo, su Sangre, Alma y Divinidad; y está presente en nuestra alma por la gracia, siendo el motor de nuestros pensamientos, afectos, deseos y obras sobrenaturales (...): ¡que me ves, que me oyes!
»Enseguida –nos sigue diciendo San Josemaría Escrivá–, el saludo, como se acostumbra a hacer cuando conversamos con una persona en la tierra. A Dios se le saluda adorándole: ¡te adoro con profunda reverencia! Y si a esa persona la hemos ofendido alguna vez, si la hemos tratado mal, le pedimos perdón. Pues, a Dios Nuestro Señor, lo mismo: te pido perdón de mis pecados, y gracia para hacer bien, con fruto, este rato de conversación contigo. Y ya estamos haciendo oración, ya nos encontramos en la intimidad de Dios.
»Pero, además, ¿qué haríamos si esa persona principal, con la que queremos charlar, tiene madre, y una madre que nos ama? ¡Iríamos a buscar su recomendación, una palabra suya en favor nuestro! Pues a la Madre de Dios, que es también Madre nuestra y nos quiere tanto, hemos de invocarla: ¡Madre mía Inmaculada! Y acudir a San José, el padre nutricio de Jesús, que también puede mucho en la presencia de Dios: ¡San José, mi Padre y Señor! Y al Ángel de la Guarda, ese príncipe del Cielo que nos ayuda y nos protege... ¡Interceded por mí!
»Una vez hecha la oración preparatoria, con esas presentaciones que son de rigor entre personas bien educadas en la tierra, ya podemos hablar con Dios. ¿De qué? De nuestras alegrías y nuestras penas, de nuestros trabajos, de nuestros deseos y nuestros entusiasmos... ¡De todo!
»También podemos decirle, sencillamente: Señor, aquí estoy hecho un bobo, sin saber qué contarte... Querría hablar contigo, hacer oración, meterme en la intimidad de tu Hijo Jesús. Sé que estoy junto a Ti, y no sé decirte dos palabras. Si estuviera con mi madre, con aquella persona querida, les hablaría de esto y de lo otro; contigo no se me ocurre nada.
»¡Esto es oración (...)! Permaneced delante del Sagrario, como un perrito a los pies de su amo, durante todo el tiempo fijado de antemano. ¡Señor, aquí estoy! ¡Me cuesta! Me marcharía por ahí, pero aquí sigo, por amor, porque sé que me estás viendo, que me estás escuchando, que me estás sonriendo» (San Josemaría Escrivá, Registro Histórico del Fundador, 20165, p. 1410).
Y junto a Él, incluso cuando no sabemos muy bien qué decirle, nos llenamos de paz, recuperamos las fuerzas para sacar adelante nuestros deberes, y la cruz se torna liviana porque ya no es solo nuestra: Cristo nos ayuda a llevarla.
19.4.15
Hablar con Dios, Tomo 3, Nº 1, Autor: Francisco Fernández Carvajal
Ningún cristiano puede pensar que, aunque su trabajo sea aparentemente de poca importancia -o así lo juzguen con ligereza algunos, con sus comentarios superficiales-, puede realizarlo de cualquier modo, con dejadez, sin cuidado y sin perfección. Ese trabajo lo ve Dios y tiene una importancia que nosotros no podemos sospechar.
14.4.15
EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO del Catecismo de la Iglesia Católica 1213-1216
1213 El santo Bautismo es el
fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu
("vitae spiritualis ianua") y la puerta que abre el acceso a los
otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados
como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la
Iglesia y hechos partícipes de su misión (cf Cc. de Florencia: DS 1314; CIC,
can 204,1; 849; CCEO 675,1): "Baptismus est sacramentum regenerationis per
aquam in verbo" ("El bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento
por el agua y la palabra", Cath. R. 2,2,5).
1214 Este sacramento recibe el nombre de Bautismo en
razón del carácter del rito central mediante el que se celebra: bautizar
(baptizein en griego) significa "sumergir", "introducir dentro
del agua"; la "inmersión" en el agua simboliza el acto de
sepultar al catecúmeno en la muerte de Cristo de donde sale por la resurrección
con El (cf Rm 6,3-4; Col 2,12) como "nueva criatura" (2 Co 5,17; Ga
6,15).
1215 Este sacramento es llamado también “baño de
regeneración y de renovación del Espíritu Santo” (Tt 3,5), porque significa y
realiza ese nacimiento del agua y del Espíritu sin el cual "nadie puede
entrar en el Reino de Dios" (Jn 3,5).
1216 "Este baño es llamado iluminación porque
quienes reciben esta enseñanza (catequética) su espíritu es iluminado..."
(S. Justino, Apol. 1,61,12). Habiendo recibido en el Bautismo al Verbo,
"la luz verdadera que ilumina a todo hombre" (Jn 1,9), el bautizado,
"tras haber sido iluminado" (Hb 10,32), se convierte en "hijo de
la luz" (1 Ts 5,5), y en "luz" él mismo (Ef 5,8):
El
Bautismo es el más bello y magnífico de los dones de Dios...lo llamamos don,
gracia, unción, iluminación, vestidura de incorruptibilidad, baño de
regeneración, sello y todo lo más precioso que hay. Don, porque es conferido a
los que no aportan nada; gracia, porque, es dado incluso a culpables; bautismo,
porque el pecado es sepultado en el agua; unción, porque es sagrado y real
(tales son los que son ungidos); iluminación, porque es luz resplandeciente;
vestidura, porque cubre nuestra vergüenza; baño, porque lava; sello, porque nos
guarda y es el signo de la soberanía de Dios (S. Gregorio Nacianceno, Or.
40,3-4).
12.4.15
Hablar con Dios, Tomo 2, Nº 53, Autor: Francisco Fernández Carvajal
El Señor nos espera en la familia, en la Universidad, en la fábrica, en las asociaciones más diversas, dispuestos a recristianizar de nuevo el mundo: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda la creación, nos sigue diciendo el Señor. Es la nuestra una época en la que Cristo necesita hombres y mujeres que sepan estar junto a la Cruz, fuertes, audaces, sencillos, trabajadores, sin respetos humanos a la hora de hacer el bien, alegres, que tengan como fundamento de sus vidas la oración, un trato lleno de amistad con Jesucristo.
10.4.15
Abandono en la Providencia Divina, Autor: Juan Pedro de Caussade
“¡Es el Señor!”
En las manos de
Dios todas las criaturas son vivas; es cierto que los sentidos no perciben más
que la acción de la criatura, pero la fe cree en la acción divina sobre todo.
Ve que Jesucristo vive en todo y opera a lo largo de todos los siglos, que el
más mínimo instante y el más pequeño de los átomos encierran una porción de
esta vida escondida y de esta acción misteriosa. La acción de las criaturas es
un velo que encubre los profundos misterios de la acción divina.
Después de su
Resurrección, Jesucristo, en sus apariciones, sorprendía a sus discípulos, se presentaba
a ellos bajo figuras que le disfrazaban, y tan pronto como se daba a conocer,
desaparecía. Este mismo Jesús que está siempre viviente y operante, todavía
sorprende a las almas que no tiene la fe suficientemente pura ni profunda. No
hay ningún momento en el que Dios no se presente debajo de alguna pena, de
alguna obligación o de algún deber. Todo lo que se realiza en nosotros,
alrededor de nosotros y a través de nosotros, encierra y esconde su acción
divina que, aunque invisible, hace que siempre nos veamos sorprendidos y que no
conozcamos su operación más que cuando ella ya no subsiste.
Si perforáramos
el velo y si estuviéramos vigilantes y atentos, Dios se nos revelaría sin cesar
y gozaríamos de su acción en todo lo que nos acontece. Frente a cada
acontecimiento diríamos: “¡Es el Señor!”. Y en todas las circunstancias
encontraríamos que recibimos un don de Dios, que las criaturas no son más que
débiles instrumentos, que nada nos faltaría, y que el constante cuidado de Dios
hacia nosotros le lleva a darnos lo que nos conviene.
19.3.15
Hablar con Dios, Tomo II, Nº 27; Autor: Francisco Fernández Carvajal
La oración
pública (o en común) en la que participan todos los fieles es santa y
necesaria, pues Dios
quiere ver a sus hijos también juntos orando (Cfr. Mt 18, 19-20.-); pero nunca puede sustituir al precepto del
Señor: tú, en tu aposento, cerrada la puerta, ora a tu Padre (Mt 6, 6.-). La liturgia es la oración
pública por excelencia, “es la cumbre hacia la cual tiende toda la actividad de
la Iglesia y al mismo tiempo fuente de donde mana toda su fuerza (...). Con
todo, la vida espiritual no se contiene en la sola participación de la sagrada Liturgia.
Pues el cristiano, llamado a orar en común, debe sin embargo entrar también en
su aposento y orar a su Padre en lo oculto, es más, según señala el Apóstol,
debe rezar sin interrupción (1 Tes, 5, 17)”
15.3.15
Libro de Jeremías 17, 5-10
Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía
en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del
Señor!
El es como un matorral en la estepa que no ve
llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e
inhóspita.
¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él
tiene puesta su confianza!
El es como un árbol plantado al borde de las aguas,
que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su
follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja
de dar fruto.
Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene
arreglo: ¿quién puede penetrarlo?
Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las
entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus
acciones.
4.3.15
Salmo 51. 3-21
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti solo pequé
e hice lo que es malo a tus ojos.
Por eso, será justa tu sentencia
y tu juicio será irreprochable;
yo soy culpable desde que nací;
pecador me concibió mi madre.
Tú amas la sinceridad del corazón
y me enseñas la sabiduría en mi interior.
Purifícame con el hisopo y quedaré limpio;
lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
Anúnciame el gozo y la alegría:
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta tu vista de mis pecados
y borra todas mis culpas.
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
yo enseñaré tu camino a los impíos
y los pecadores volverán a ti.
¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,
y mi lengua anunciará tu justicia!
Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
Trata bien a Sión por tu bondad;
reconstruye los muros de Jerusalén,
Entonces aceptarás los sacrificios rituales
–las oblaciones y los holocaustos–
y se ofrecerán novillos en tu altar.
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